29 julio, 2021

LA GRANDEZA DE LA PLAZA SAN MARCOS, Y LA MEGA DIMENSIÓN DEL FENOMENO JOSÉ TOMÁS.

ARRASTRE LENTO… Jalado al jardín de los recuerdos por el tirón del fenómeno del toreo José Tomás, el que hoy reaparece ante el asombro expectante de la afición de aquí y allá, recordé aquellas sus primeras actuaciones como novillero en la plaza San Marcos. Nadie, aún siendo adivino, podría haber anticipado lo que hoy tenemos a la vista. Un portento del toreo que bien pudiera dividir parcialmente la historia de la tauromaquia universal.

ARRASTRE LENTO… Jalado al jardín de los recuerdos por el tirón del fenómeno del toreo José Tomás, el que hoy reaparece ante el asombro expectante de la afición de aquí y allá, recordé aquellas sus primeras actuaciones como novillero en la plaza San Marcos. Nadie, aún siendo adivino, podría haber anticipado lo que hoy tenemos a la vista. Un portento del toreo que bien pudiera dividir parcialmente la historia de la tauromaquia universal.
Y me da gusto que haya sido el recoleto coso del barrio del San Marcos el escenario del nacimiento de este figurón. Fue así que, conmovido por la humildad de la plaza local, sentí la necesidad de fondear en el pasado del vetusto circo.
Lo cierto es que…la plaza me conmueve.
Me conmueve la simpleza de la corporeidad del coso, cuerpo físico que no delata la grandeza de su propia sencillez, y en secreto se ufana de su condición. Luce primorosa en su bella inadvertencia, y a la dignidad de la plaza le va bien la humildad.
Habiéndose estremecido con el jaleo de José Tomás cuando se presentó aquí, hoy la miro tan serena que pocos se dan cuenta de lo alegre y modesta que la plaza es por naturaleza: Intima, secreta, callada, sumisa al respeto cariñoso de la antigüedad. Siempre dispuesta a tolerar el maltrato de la indiferencia, siempre atenta al caprichoso llamado de la historia. Sus columna desnudas de adornos han dialogado con el tiempo, y sus gradas, sin aspiraciones principescas, convertidas en trono, siendo elocuente testimonio de su regia espiritualidad, fortalecen a la desdentada vejez romántica de los sentimientos, y seduce a la envilecida frivolidad de la juventud.
Pues sí, recordando los primeros pasos de José Tomás me asaltó el recuerdo fervoroso de la plaza San Marcos, centenario circo que coquetea con los años a pesar de lo cual conserva la altivez del enamorado sorprendiendo al mundo pues por sus vetustos adobes chorrean torrentes de recuerdos, y por sus viejo aldabones de los corrales y toriles rechina el brioso timbre de la ilusión en fuga. Bella y erguida la plaza transpira fragancias de beldad en primavera recordando lo despampanante que lucía en sus primeros años.

Deja un comentario