16 septiembre, 2021

LA HORA DE LA VERDAD.

Recortes y Fregolinas…
Hoy iniciamos un apéndice de nuestra añeja columna de La Hora de la Verdad, con un apéndice al que hemos bautizado como Recortes y Fregolinas. Recortes, porque en su contenido haremos breves comentarios sobre las noticias de actualidad de forma resumida

Recortes y Fregolinas…
Hoy iniciamos un apéndice de nuestra añeja columna de La Hora de la Verdad, con un apéndice al que hemos bautizado como Recortes y Fregolinas. Recortes, porque en su contenido haremos breves comentarios sobre las noticias de actualidad de forma resumida, y Fregolinas, por ser nuestro deseo rendirle un respetuoso y memorable recuerdo a Rafael Rodríguez, El Volcán de Aguascalientes, fiel y singular interprete de ese lance, con la belleza, gallardía, que ni su propio creador, Ricardo Romero Freg, obtuvo imprimirle la emoción y espectacularidad que Rafael, vaya pues.
Sobresaliente.
El domingo anterior, durante la lidia del primer toro de lo ordinario de la lidia de nombre Catavino procedente de la ganadería de Malpaso, dado su temperamental bravura, al perder el capote en uno de los burladeros de aviso, se estrello con impresionante y seco estrepito, partiéndose el pitón desde la cepa. Ante tal circunstancia, la autoridad ordeno de inmediato su devolución, pero la ineficiencia de los cabestros de dos y cuatro patas, metieron en un brete al juez y asesor, al permitir que el sobresaliente en acción, estoqueara a la res, armándose un verdadero desmargayate tan indigno como la terrible confusión de los narradores. Se supone que el rejoneador debe ser acompañado por un sobresaliente, porque existen algunos caballeros que no estoquean sus reses, despuntadas por reglamento.
Bien, pero existe la costumbre en otros caballistas en ser ellos mismos que armados con estoque y muleta, finiquitan la vida de sus enemigos, cuando fallan en la suerte de matar desde el caballo, siendo entonces, que previo permiso de la autoridad, echan pie a tierra para dar por terminada la vida de su enemigo.
Hasta ahí todo iba bien, por lo menos, era comprensible.
Pero, cuando se da el caso de que se inutiliza un toro antes de concluir el primer tercio, aun siendo el cartel mano a mano, y obviamente durante lo ordinario de la lidia, en los pueblos se acostumbra o apuntillar desde un burladero al toro lesionado, o se laza devolviéndole a los corrales, en acciones fuera totalmente de un rito tan serio como es el toreo.
Entonces, si el rejoneador resulta lesionado al estar anunciado para matar dos toros, y la lesión le impide continuar con su actuación, y esto ocurre durante la lidia de su primer enemigo, la autoridad permite que el sobresaliente (torero de a pie), “del Rejoneador” de muerte al toro, y se impide que su segundo se lidia, por no estar apto para ser toreado en lo ordinario de la lidia, por la simple razón de estar despuntado, que si en México, la fiesta tuviese seriedad, salvo el caso del coso de Guadalajara, miles de toros no se hubiesen lidiado. Mas volviendo el tema, en ningún caso o reglamento se contempla un sobresaliente rejoneador.
Por ello, el sobresaliente del domingo en la México, matador de toros, por ser propiamente un mano a mano entre El vapuleado y cansino Pana y Pepe López, iba bajo las ordenes de estos toreros de a pie, y vería acción, primero, si alguno de los dos toreros le dieran permiso para hacer un quite o clavar banderillas, pero su presencia reglamentada, va encaminada a salir a estoquear alguno o varios de los toros de la corrida, siempre y cuando los dos matadores del cartel cayeran heridos, exclusivamente de presentarse esta eventualidad.
Como no se presento esta circunstancia, y ante la impotencia de los encargados de regresar al toro a los corrales y la falta de paciencia de la gente, el juez, presionado, permitió que se estoqueara al toro en el ruedo, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, pero, si, pero por el matador en turno, no por el sobresaliente actuante, el que además, pensando en la posibilidad de mostrar algunas cualidades ante ese público, intento, equivocado o no, dar algunos pases al toro, y todo ello provocado por el pánico tremendo de El Pana, que con ojos desorbitados y el rostro desencajado, no dejaba de mirar las impetuosas embestidas de la res, finalizando por agradece a Dios, su devolución. Qué forma de petardear, igual a aquel del mano a mano con Morante en Vista Alegre.

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