29 julio, 2021

LA INTERRELACIÓN DE LO TAURINO CON EL ALMA DE AGUASCALIENTES HASTA EN LOS RECUERDOS HABLA.

ARRASTRE LENTO… El taurino de Aguascalientes que nació a mediados del siglo pasado comprende que su tierra es íntimamente romántica, pues sabe del largo noviazgo que ha existido entre sus habitantes y los elementos simbólicos que le han rodeado. Ejemplo de tales romances son el barrio y sus personajes populares: los templos y sus festividades y celebraciones: el mercado y los marchantes; el ferrocarril y los chorreados: los palacios de la vida disoluta y los músicos, el rastro y los matanceros. Realidades que se metieron en el pueblo a través del folklore hasta darnos identidad.

ARRASTRE LENTO… El taurino de Aguascalientes que nació a mediados del siglo pasado comprende que su tierra es íntimamente romántica, pues sabe del largo noviazgo que ha existido entre sus habitantes y los elementos simbólicos que le han rodeado. Ejemplo de tales romances son el barrio y sus personajes populares: los templos y sus festividades y celebraciones: el mercado y los marchantes; el ferrocarril y los chorreados: los palacios de la vida disoluta y los músicos, el rastro y los matanceros. Realidades que se metieron en el pueblo a través del folklore hasta darnos identidad.
Y cuando uno tiene en sus manos el ama viva del recuerdo se dilatan los cuadros que contienen la esencia de tiempos concretos, cuando no de épocas enteras. Y esos recuerdos, en ocasiones lentos, quedos, casi imperceptibles, se dejan ver en espejos de fantasiosa fugacidad; aunque en otras asaltan como tigre al acecho, o como relámpago que le arrebata al dulce aliento de la palabra la serena explicación de sus sentimientos.
Es cuando el alma, ante los recuerdos que se dilatan en los infinitos planos de la realidad oculta, se acurruca en sí misma para deleitarse en su propio estremecimiento.
Créame el “caro” lector que, cuando evoco el romance y noviazgo que sostuvo el taurino de Aguascalientes con el añorado rastro viejo, que estuvo entre las calles de Guerrero y Matamoros, emprendo un largo viaje sobre el empedrado todavía inexplorado. ¡Cuánto hay por descubrir en el fondo de los recuerdos!
Y es que el romance que se estableció entre el taurino de aquellas épocas y el primitivo y hasta salvaje matadero local es en verdad un himno al florecimiento de la cultura taurina local. ¡Cuántas historias están escritas en sus anales! ¡Cuánto personaje revive en sus reseñas! ¡Cuánto drama y tragedia queda en sus registros! Valga apuntar tan sólo la tragedia de Alejandro Fullón Cáceres.
En síntesis, para el alma del taurino fue escuela, práctica, inspiración, y despensa furtiva para el hambre; y para el pueblo, fue un salvaje matadero que, al incorporar a tanto personaje en la lista de celebridades emanadas de su ámbito, es un recuerdo que trasciende al tiempo y remueve el alma popular.
De ahí que me resulte imposible no darle la razón a todo aquel que sabe del diálogo que la ciudad tiene con el toreo; de ahí que me resulte imposible no darle la razón a toda aquel que confirma la existencia de un noviazgo del taurino local con los elementos simbólicos que le rodean; de ahí que me resulte imposible no darle la razón a todo aquel que, a través de los recuerdos, descubre el romance torero de Aguascalientes con sus personajes y construcciones populares.
Como ese que, en el espejo de los recuerdos, sobrevive para congraciarnos con sus alientos: tales como los del rastro viejo que ya es una leyenda e historia preciada para Aguascalientes y el taurino. arrastrelento@gmail.com

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