27 julio, 2021

LA NATURALEZA GENÉTICA DEL TORO BRAVO HABLA PERO EL HOMBRE NO ESCUCHA.

ARRASTRE LENTO… Lo platicaba con mi compadre. Platicábamos al respecto de la indigna presentación de ciertos toros que se han lidiado en el presente ciclo ferial. Lo admirable, penosamente admirable, es que el aficionado entre bostezos se haya mostrado indiferente ante tan preocupante circunstancia.

ARRASTRE LENTO… Lo platicaba con mi compadre. Platicábamos al respecto de la indigna presentación de ciertos toros que se han lidiado en el presente ciclo ferial. Lo admirable, penosamente admirable, es que el aficionado entre bostezos se haya mostrado indiferente ante tan preocupante circunstancia.
Mi compadre, que quiere que la afición mexicana vuelva la vista al toro por ser el eje inmodificable de la Fiesta, con el optimismo y la seguridad de quien descubre la ruta exacta para hacerse uno con la hondura del firmamento, me comentaba que cuando de los ríos sonoros de los himnos se desprenden alegres los cascabeles de la charlas y las tertulias, y en ellas se escucha la palabra toro, a pocos se les ocurriría pensar en otro animal que no fuera el toro bravo.
–”Cuánto me deleitan las charlas entre taurinos, así lo manifestó mi compadre, sobre todo las que tienen a la conversación como la encargada de mantener vivas las leyendas y personajes para fijarlos en el ánimo de una colectividad evidenciando sus contenidos ocultos”.
-“Y es que, continuó argumentando mi compita- cuando los aficionados hablan de él –del toro bravo- al conjuro de la palabra se deja sentir el aire de misterio que lo envuelve en interminables leyendas, narraciones perfumadas que le dan al toro bravo un deleitoso aroma de religioso misticismo profano”.
Personalmente lo he comprobado: los cuadros en los que se dibuja, ya en un lienzo, ya en un mural, ya en un cartel, la majestuosa figura del toro bravo, producen como reacción inmediata que se intente adivinar la hondura y la profundidad de esta imponente creación de la naturaleza animal. Cierto es que históricamente, plasmado en la falda de la mitología, el toro bravo ha ejercido un poderoso atractivo en las sociedades que le han conocido, temido, respetado, y hasta adorado.
Doy por cierto que quienes le han seguido los pasos a la imprecisa historia del toro bravo lo veneran con tan admirable devoción que, rendidos ante su imponente belleza, le han elevado a los altares donde se implora a ciertas deidades mundanas. Y no es menos cierto que el toro de lidia, que así se le nombra en el especializado argot de los taurinos, es un ser mitológico nacido para luchar instintivamente con un salvaje primitivismo que, al desplazarse con su fina arrogancia e imponente indocilidad, vigor y fuerza, alcanza la esplendorosa armonía de la hermosura indómita y fiera.
En el inter de los tragos, y fresca la garganta, apunté que penosamente vemos, como lección de vida, que la naturaleza del toro bravo habla pero que el hombre no escucha. ¿Por qué modificar al toro hasta el grado de tenerle ya como un ente degradado pues su don genético -la bravura y la casta- le da una investidura tan temible que el hombre prefiere considerarlo antihumano?
Y luego habló mi compadre de poesía, de la poesía como método de seguir conversando una vez que el protagonista se ha ido. ¿Se fue el toro bravo, con su fina estampa y trapío, de la plaza Monumental?
Así las cosas, me quedó claro que el toro bravo, el toro de lidia, es un animal que, con un cierto tipo de poesía sorprendente, ha echado raíces en las canciones y epopeyas de los pueblos que han asumido la bendición de soportar la grave quemadura del amor desgarrado por el ser que ha hecho perdurable el fervor de admirarle en la pasividad del campo, y temerle en el fragor ardiente del ruedo.
arrastrelento@gmail.com

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