1 agosto, 2021

LA PRIMERA TARDE SE LLAMA JOSELITO ADAME.

Desorejó limpiamente a su primero.
Un auricular cosechó Castella.
Teniendo una raya arriba de la media entrada en el coso Monumental se subió el telón a la feria más importante de México. Para esto Vicky de la Mora, de sus pastos mandó un encierro terciado de tipo y cuajo, de bovinos sin características que hicieran dudar de su cabalidad, sin embargo con dos engañosos, gordos, llenos de grasa y escasa cara. Pero, en bálsamo de los aficionados, que en un reunido ofreció un juego estupendo.

Desorejó limpiamente a su primero.
Un auricular cosechó Castella.
Teniendo una raya arriba de la media entrada en el coso Monumental se subió el telón a la feria más importante de México. Para esto Vicky de la Mora, de sus pastos mandó un encierro terciado de tipo y cuajo, de bovinos sin características que hicieran dudar de su cabalidad, sin embargo con dos engañosos, gordos, llenos de grasa y escasa cara. Pero, en bálsamo de los aficionados, que en un reunido ofreció un juego estupendo.
Ante los de garrocha y castoreño uno cumplió, el segundo, y el resto recargaron, incluso ganando palmas en el arrastre el segundo y el tercero.
Por desgracia para los “panistas” –entre los que se cuenta quien firma la reseña- Rodolfo Rodríguez pasó “sin Pana ni gloria; el brujo de Apizaco es un mito; tiene el carisma y la facilidad de aquellos que, con sus diligencias, hacen que los públicos confundan lo que ven con lo que quieren ver. Ayer tarde fue su presentación como matador en Aguascalientes, luego de 42 años de andar en el planeta de los toros, pero no fue soñada porque como también es de los coletudos que dan dos caras a partes iguales, la del ridículo y la de las genialidades, esta ocasión se presentó la primera y al salir del nimbo hacia el patio de caballos, fue bañado con ensordecedora pitiza.
Castella simplemente dio lo que tiene; es una figura internacional y su sitio, sin que le costara mucho rebajo, quedó incólume. El saldo para él fue de una oreja.
Quien se adueñó de la tarde con profesionalismo, rotundidad y realidades fue el local Joselito Adame. Toreó bien y variado, con son y entendimiento diáfano para cortar las orejas a su primero.
El Pana con la planchada capa intentó todo, pero solo la firma le salió personal y bien. Cuando asumió su personaje y con él la sarga se halló con un algodón de toro; por supuesto no lo entendió. Para los artistas quedó solamente un premeditado trincherazo. Luego se interpuso la realidad y en la parte suprema, según sus flacas facultades, pinchó varias ocasiones, ejecutó dos descabellos para reclamar un aviso y pitos del noble público.
Sacó el capote para no ser multado y recibir al cuarto. Como es un mimado de Dios, lo que mal plantea le sale excelentemente. No cualquiera encarna al espíritu mexicano, que a lo que aspira, rara vez lo alcanza. Medio orgasmo quedó como detalle, según el toreo. Fue una anécdota fue su paso por la Monumental. Buen toro aquel, claramente desperdiciado. Ni modo. Con el estoque hizo un caos y escuchó un aviso y la silbatina de la tarde.
¡Vaya ramo de verónicas con las que Castella burló de entrada a su primer adversario! Y a la altura de éstas, haciendo uso fino de la técnica torera, resultó la media. Por si quedara algún sentimiento de duda marcó chicuelinas en el eje del anillo y en actitud de lección y recursos remató juntando a la cintura las manos.
Después se conjugó el buen toro, noble y de buen estilo para en elegante caja entregar el trasteo derechista –básicamente-, de dominio, temple y riqueza artística. Coronó aquello matando bien levantando como premio una oreja.
Completa y entonada se vio la intervención capotera al plantarse al quinto. Aquello se convirtió posteriormente en una pieza torera mandona. Sí, ya la sarga en manos. El toro iba con raza, galopando la embestida y el galo, señor del círculo, fue lentamente dictando el son de la faena; templando y extendiendo el brazo, sobre el basamento de su encajada planta, imprimió el trasteo, decaído al final pero que valió salida al tercio. Ya abusivamente y echando mano de la ventaja del obsequio, como si no le fueran a bastar los otros cinco toros que despachará en esta feria, anunció un séptimo, el primer reserva y procedente del hierro titular. Fue este burel fijo pero tardo, noble pero acabó soldado en la carpeta arenosa. El peninsular estuvo obstinado, haciendo limpias las cosas toreras y se le reconoció con aplausos posterior a que matara de medio espadazo y un descabello.
Joselito Adame, entendiendo el son del tercer toro lanceó con decoro y mejor remató la serie, doblando la capa no sin torear auténticamente en un quite a modo de gaoneras. Después empuñó las banderillas ejecutando formidable segundo tercio.
Se presagiaba la gran faena. Llegó ella de manera variada en la que, entre pase y pase, interpuso su sitio, oficio y dominio de sí mismo. Por esto digirió a un astado pronto, fijo y encastado; con mayor clase por el lado derecho. Dos orejas sumó tras matar de estocada un punto delantera.
En el sexto iluminó el foro sin interrupciones, solo las debidas según códigos de lidia. Abrió a porta gayola, ligó verónicas y cerró con la flor extraña de las zapopinas. Banderilleó lucidamente y firmó a la altura de un toro bravo, de casta valiosa, dejando en la arena el quehacer de lo que es: un joven coleta preparado, sabedor del oficio que ejerce y del compromiso que tiene como profesional. Si acaso dejó caer el trasteo al final. Batalló al matar y solo cosechó mediocres palmas en el tercio.

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