24 julio, 2021

LAS ACTUACIONES EN MADRID DE ARTURO SALDÍVAR, JOSÉ GUADALUPE ADAME Y SERGIO FLORES CON SABOR A SOLEMNIDAD Y TUFO A PALACIO.

ARRASTRE LENTO… Ignoro cómo se pueden sentir en estos momentos Arturo Saldívar, Sergio Flores –novillero- y José Guadalupe Adame, el Joselito de Aguascalientes, luego que en Madrid, gracias a su actitud y disposición, hicieron huir del coso venteño, no sólo las exigencias del público más analítico y racional de cuantos gozan con el espectáculo, sino hasta su agresiva hostilidad que tanto cansa y desconcierta a los toreros. Inclusive a los encumbrados.

ARRASTRE LENTO… Ignoro cómo se pueden sentir en estos momentos Arturo Saldívar, Sergio Flores –novillero- y José Guadalupe Adame, el Joselito de Aguascalientes, luego que en Madrid, gracias a su actitud y disposición, hicieron huir del coso venteño, no sólo las exigencias del público más analítico y racional de cuantos gozan con el espectáculo, sino hasta su agresiva hostilidad que tanto cansa y desconcierta a los toreros. Inclusive a los encumbrados.
Supongo, al nivel de la intuición, que están dando los primeros sorbos al vino que llena de alegría el corazón; y que se deleitan con la más sabrosa salsa de la comida gozosa del respeto; y que con la natural nobleza del corazón mexicano ven crecer la adoración y el aplauso; y que en su capilla personal están inhalando el incienso enloquecedor de la popularidad y el reconocimiento.
Me imagino que, dueños de un hondo suspiro, mirando al cielo beben su luz y se bañan en los torrentes de optimismo. ¡No puede ser de otra manera! En el bosque de las ilusiones deben ser los canarios y los periquitos cantarines los que, sin sospechar de la existencia de las jaulas que los pudieran aprisionar, los han empapado de alegría. Su mundo debe estar –así lo imagino- colmado de risas, esperanzas, y muchas, pero muchas más, ilusiones en su futuro. Si tienen a Madrid de su parte.
¡Felices los toreros que tienen ilusiones! A dejar que éstas cumplan con su bondadoso pacto de oficio con la esperanza. Y aunque Saldívar, Adame y Flores deben estar gozando de las dulzuras tan gratas, como las primeras alegrías de los triunfos significativos, de la vocación y el deber satisfechos, no creo que se vaya a tirar a la milonga pues nadie pude decir que sus anhelos están rematados.
Lo cierto es que la peregrinación es larga, y la vela corta. Aún hay mucho, muchísimo diría el que sabe de esto, que les falta por realizar y consumar a los tres toreros que en esta semana dieron sanas alegrías a los aficionados mexicanos. Y los tres van de gane, así lo dijera mi compadre, toda vez que los aficionados -cosa curiosa y motivante- llenaron, pese al horario tan difícil pues era de labores, bares y merenderos para presenciar por la televisión lo que tan bien hicieron en Madrid.
Pero de momento hay motivos para celebrar. Y haciéndolo me viene a la mente el estribillo que Rocío, el amor de Currito, célebre héroe y personaje de la popular novela de Alejandro Pérez Lugín, le canta movida por la exuberancia de la alegría luego de los triunfos:
Alegría, mi calle; mi casa, risa; ¡Angelitos del cielo, tenedme envidia!
arrastrelento@gmail.com

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