LO DICE EDUARDO CASTILLO… VOLVER A ESCRIBIR.

Después de un largo tiempo de reflexión, entendimiento y añejamiento de mi afición; dejando que sean los granillos de mi reloj de arena los que dejen uno a uno la pátina que da solera, la que da la profundidad, la que permite hacer esos viajes desde la pasión desbocada, irreverente y por definición equivocada con destino a los terrenos de la amargura, hacia los obscuros rincones del hastío y el aburrimiento, hacia mi falsa e hipócrita postura de quien pretende acomodarse en la suave actitud de “conocedor”; de la que solamente me ha podido rescatar la luz primera de la inocente e incipiente virginidad de un apasionado amor por el toro que sufre el encontronazo contra la madurez verdaderamente conocedora y sensible que ha sufrido ya este tortuoso camino de todo aquel que se pone delante de la pluma y se dispone a “correr la mano” sin importar la reacción o la concordancia de quien lo lea, pues no permite que los negros bragados enemigos de la vanidad o la soberbia le puedan, (y sin embargo se convierten en inseparables compañeros) pues en el alma se lleva la espada de la sacerdotal honestidad con uno mismo, y la poderosa muleta de una pluma confeccionada por el sereno sastre del padre tiempo, el valor nacido del corazón torero que posee el temple de la humildad.
Es por esto que en este primaveral amanecer de un taurino martes abrileño, iluminado con los primeros destellos de la aurora, mi pluma me ha tomado “enredándome en ella” par volver a realizar las faenas que mi alma me grita, surge liberándose de mis amarguras la ilusión de expresarme bordando puntada a puntada la imagen de mi capote de seda y oro que liaré en mi alma para cuando haya que hacer el último paseíllo… por eso HOY VUELVO A ESCRIBIR DE TOROS.
CORAZON TORERO:
La palabra… Es por esencia derecho autonómico del hombre, está viva, puede acariciar como el temple de las telas a las suaves embestidas de la furia contenida, ó puede herir de la misma manera que el asta certera rompe las carnes de quien se pone delante; puede igual que el arte poético tocar lo más recóndito del alma y ser a la vez tan vulgar que espanta; puede tener la fina elegancia de la academia ó la prosaica expresión de lo más popular; la palabra en fin lo mismo que el toreo será siempre sol y sombra, pero por clara y cristalina que fuere, nunca podrá verdaderamente expresar un sentimiento, puesto que a cada latido del corazón, a cada hervor de la sangre apasionada, a cada lance, a cada muletazo efímero que se desvanece ante nuestros ojos, ese instante quedará por siempre, perene, imborrable de nuestra retina para ser eternamente un latido más del corazón torero!.
¿Porqué entonces escribir de toros? ¿Para que se escribe de toros?. Si las palabras no podrán nunca conseguir la altura del momento torero, no podrán superar jamás el ¡Olé! Surgido del alma ante el milagro del toreo. Somos tan necios que pretendemos superar ese primitivo impulso de levantarnos del asiento que nos hace gritar la emoción profunda, por eso el egoísmo, la vanidad y la soberbia se convierten en nuestros indeseables compañeros eternos del escritor taurino, que siempre pensamos que nuestra palabra posee verdad absoluta, reflexión erudita y sentimiento único, cuando la realidad es que nuestra muy limitada humanidad sólo muestra una pequeña ventana de lo que nuestros poco confiables sentidos nos enseñan. Se vuelve imperativo estar ciego para ver, sordo para escuchar y mudo para hablar con corazón torero; pues de lo contrario veremos con los ojos, escucharemos con los oídos y hablaremos con la boca hundiendo en la oscuridad la virtud del entendimiento del toreo en la endeble fragilidad surgida de nuestra pluma que da rienda suelta a nuestra imperfección, por ello para escribir de toros debemos hacerlo con corazón torero, como lo hicieron los grandes, como lo hacen los toreros…
Escribir de toros es entonces un ejercicio del alma salido del sentimiento, que al fluir de nuestra pluma expresa mas allá de las formas, el verdadero ser de quien plasma en letras en prosa ó verso sus mas escondidos pensamientos. Acudiendo a la máxima Belmontina “Se escribe como se es”, es decir, que aún cuando podamos sucumbir al “toro traicionero” de la vanidad pretendiendo un lenguaje erudito y rebuscando palabras y/o expresiones para mostrar una fatua elegancia, el estilo personal y los fantasmas de nuestra realidad taurina salen a la luz haciendo por demás evidente la falta de fondo por la falsa búsqueda de la forma. Es éste quizá el más frecuente riesgo en el que cae el escritor taurino; pero el más peligroso es cuando el egoísmo y la soberbia hacen su aparición, cuando con presuntuosa sabiduría se cambian los hechos por las opiniones, cuando lo que sucede lo vemos con los ojos que utilizan las gafas de “lo que queremos ver”, nublan el entendimiento matando el sentimiento, es entonces cuando “se nos cae la faena”, buscamos prosperar con la crítica destructiva y negativa, la cual se disfruta mucho al escribir pero aún más al leerla, mas sin embargo deja un profundo vacío, pues a la hora de retirarse a la barrera y no se nos otorgan los premios porque este juez supremo llamado conciencia con justicia nos envía de vuelta a nuestra realidad, una realidad que grita desde nuestro fuero interno, que al no poder ser los protagonistas de aquello que juzgamos, al no poder pisar esos terrenos vedados descargamos nuestra ira y represión interior en el afán de que los reflectores nos miren y el público nos saque a dar la vuelta al ruedo… pero nos quedamos profundamente solos, fuimos víctimas de nuestra vanidad, egoísmo y soberbia por desdeñar el sentimiento del corazón torero.
La tecnología y al modernidad que están a nuestro servicio, lejos de utilizarla para nuestro beneficio, la hemos convertido en la columna vertebral responsable de nuestra locomoción intelectual, hemos cambiado el dulce temple de nuestra mano, el mando de nuestra muñeca conectada al corazón y al entendimiento, por los violentos golpes de nuestros dedos con las teclas, entumeciéndolos en artritis incurable, “le perdimos el ritmo a nuestras faenas” por la prisa de salir primero extraviando inevitablemente el fondo para tomar nuevamente de la mano a nuestros inseparables compañeros… vanidad, egoísmo y soberbia. Al perder nuestro tiempo y espacio atentamos a los valores más sagrados de el arte del toreo, pues el cúmulo desenfrenado de informaciones provoca que hagamos de nuestras reseñas verdaderos “clichés” sin vida, los cuales además de repetitivos y aburridos, no tienen esencia, porque al mirar atrás sólo cambiando algunos datos, con verdadera frustración vemos que son los mismos escritos, estas idénticas faenas nos envían directo al montón de escritores “pega pases” y “pone letras”. Peor aún, la consecuencia más grave es que las obras realizadas ante los pitones de los toros, las convertimos en formatos llenados para el archivo muerto y para este dramático fin “no vale la pena escribir de toros” al no ser capaces de inspirar nada ni a nadie. Esta actualidad desinformativa y saturante lleva de la mano al peor enemigo de quien escribe de toros… el desconocimiento, la confusión, el auténtico caos, puesto que separadamente de nuestra apreciación imperfecta y subjetiva que siempre nos lleva de la mano a la polémica, está el saber de lo que se habla, el no perder la constante capacidad de aprender algo nuevo, pues cuando pensamos que el toreo ya no tiene secretos para nosotros, abrimos la puerta trasera que nos obliga al inevitable retiro y más vale dejar la pluma en el tintero y “cortarse el añadido” antes de ir en caída libre al abismo del que no hay regreso, porque el manto de la amargura nos deja completamente ciegos para poder darnos cuenta de la verdadera virtud que esta ahí, justo frente a nuestros ojos pero ya no podemos verla, ya no podemos sentir… hemos infartado al corazón torero.
Por ello al igual que el ave fénix debemos resurgir de nuestras cenizas, debemos volver al principio, recuperar la pureza que escondimos en el fondo del alma. Reencontrarse con el origen, es absolutamente necesario empuñar la espada de la humildad y hundirla hasta la empuñadura a la vanidad, al egoísmo y a la soberbia, pues sólo así podremos encontrar la grandeza de los maestros, le verdadero mérito es levantarse de las cornadas del orgullo y volver a ponerse en el sitio, como nos lo puso de ejemplo César Rincón que siendo maestro consumado y con las huellas de las heridas por todo el cuerpo, sostiene el alma intacta para irse a ver a los chavales y “aprenderles algo”.
Es justo aquí, en este momento cuando el encontronazo se da frente a mis ojos… Por ello ¡Gracias! José Antonio del Moral que con la incandescente luz y claridad de tu entendimiento, con tu polémico e incomparable estilo, pero sobre todo con tu profunda sensibilidad llegas al fondo del alma en tus magistrales faenas dejando para la eternidad el milagro de tu arte, pues no toreas por torear en tus letras, sino que obsesionado por la perfección supiste aprender de tus amigos los maestros del toreo los más profundos secretos del artista y del hombre, para transmitirlos como fuentes inagotables de la virtud, en la cristalina grandeza que has conquistado, llevando la verdad como blasón y el portentoso sentimiento de tu corazón torero.
De manera muy personal y especial ¡Gracias! Don Héctor por que siempre leal a tu amor por el toreo, por tu manera de llevarlo tan dentro y litúrgico que siendo Juncal nos emborrachas de arte a todos los que estamos a tu vera, por ese afilado estoque de la verdad con el que de certeros espadazos en la yema, rompes las mentiras y visiones que nos creamos ante la imperfección de nuestros sentidos, dejando ver con diáfana claridad el fondo y no la forma, envuelto en esa bohemia tan tuya quintaesenciada en la vivencia con el recuerdo salido de la experiencia y no de una novela. Esa magia y misterio de tu arte nos revelan tu corazón torero más vivo y apasionado que el de un chaval con sueños de gloria.
¡Gracias! Marco por tu invaluable amistad que sostengo como uno de mis mayores tesoros, porque antes que nada eres una gran persona, que das ejemplo vivo de amor y respeto por nuestros antepasados y lo que nos hace ser lo que somos, con la humildad de los grandes y la sencillez de un monarca que me abren los ojos ante las polvorientas nubes de lo falso y la vanidad. Le das mayor profundidad al arte de la vida lo mismo que en un ceremonial cruzado, que en la Xoma, con esta irrefutable verdad de la esencia de la bravura que celosamente guardas bajo los sabinos llorones de tu orgullosa estirpe piedrenegrina, fuente inagotable de la inspiración torera de cualquier artista o de cualquier mortal dotado con un poco de sensibilidad.
Jimena y Eduardo en su juventud taurina me han dado una muestra viva de lo que ya había olvidado, es forma tan intensa de vivir su afición en la que todos los días está a flor de piel, del alma y de la mente. Una forma que lejos de palabrerías muestra la pureza de su sentimiento, la entrega incondicional tomando por asalto y convirtiendo la fiesta de los toros en el pilar que les da la solidez para continuar el día a día, siempre pensando en el domingo que viene porque habrá toros, y llegado el momento en que suena el clarín la emoción los lleva al límite devolviendo al corazón su esencia de vida torera sólo por el hecho de vivir su pasión… ¡Gracias!
Querida Adriana en mucho has sido la culpable de este estremecedor y profundo encontronazo, pues Yo estaba plácido en mi universo creado, confortable y tranquilo, estaba en esa postura cómoda en la que veía pasar al mundo taurino frente a mis ojos y en le que cada vez eran menos las razones que me provocaran algo que perturbara mi adormecida pasión torera. Ver los ataques externos, los abusos, la traición a los conceptos y valores más sagrados de la tauromaquia, pasaba frente a mis ojos como una película en una pantalla que no me alcanzaba a conmover, parecían salidos del noticiario amarillista y alarmista que busca sus cinco minutos de fama, me encontraba impávido gozando de las mieles de la vida obtenidas por gracia divina que el destino me ha puesto frente a mí, todo estaba en calma… De repente por una feliz coincidencia, justo en la que considero mi hogar taurino, mi amada Plaza México, a la que le dedicaba en su cumpleaños un poco del cariño que por tantos años me ha dado a manos llenas, de la nada apareces con todo tu grupo vestidos de blanco símbolo de su pureza taurina, con una fe inquebrantable reflejada en lo profundo del brillo de tus ojos toreros, con una determinación irredenta por defender a capa y espada lo que llevas en tu alma transparente y taurina, me has dado una gran lección del amor profundo y verdadero por el toro bravo, incondicional por antonomasia a la Fiesta Brava, con sueños, ilusiones, éxitos y críticas, pero siempre puro y sólido en mágico capote de seda que con templado vuelo lleva toreramente las embestidas de la vida y guarda en lo más profundo los sueños de maletilla que tal como lo estás haciendo tu “recorre la legua” para estar un día en el pórtico del patio de cuadrillas de la mejor plaza del mundo y conquistar la inmortalidad del milagro del arte. ¡gracias! te doy Adrianita por quitarme la venda de los ojos, por sacarme de ese letargo, por ser inspiradora de mi abandonada pluma que estaba ya tan olvidada que parecía haber perdido la batalla con el egoísmo, la vanidad y la soberbia, pero que hoy tomando en mis manos la espada y la muleta que me has entregado con tu contagiosa pasión torera, me dispongo a dejar atrás lo pasado y empezando de nuevo me echo el lío al hombro para recorrer el camino de la conquista de la mejor de mis faenas.
Por todo esto y con el corazón resucitado y mi eterno agradecimiento ¡va por todos ustedes! Este brindis salido de mi alma y mi pluma que ya no puede contener más las ansias de novillero ni los acelerados latidos, ni la sangre caliente y apasionada de mi profundo amor por los toros. Abril 2011.

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