24 julio, 2021

LO DICE LA REVISTA “LA PUNTILLA” DESDE CASTELLÓN… JULIO EN VALENCIA.

La feria de julio ha representado, para la afición castellonense, la mejor oportunidad de asistir a los toros, una vez finalizada nuestra escueta temporada de Magdalena y Beneficencia. Es una feria, además, mucho más atractiva para los castellonenses que la de Fallas, pese a que sus carteles suelen tener menor nivel, ya que al contrario de ésta ningún festejo coincide con los de aquí, algo que suele suceder en marzo.

La feria de julio ha representado, para la afición castellonense, la mejor oportunidad de asistir a los toros, una vez finalizada nuestra escueta temporada de Magdalena y Beneficencia. Es una feria, además, mucho más atractiva para los castellonenses que la de Fallas, pese a que sus carteles suelen tener menor nivel, ya que al contrario de ésta ningún festejo coincide con los de aquí, algo que suele suceder en marzo.
La proximidad geográfica, la facilidad de comunicaciones, con un servicio ferroviario casi “de puerta a puerta” y el hecho de comenzar a las siete de la tarde, lo que permite conciliar en buena medida el horario laboral, hacen de este ciclo una ocasión inmejorable para que los más aficionados de estas tierras puedan gozar de una “segunda feria” que, si bien no es la gran feria de hace unas décadas, si que parece haber encontrado un punto de inflexión que le permita recuperar parte del lustre de antaño.
La pobre gestión de los últimos años, con carteles de escaso o nulo atractivo, habían llevado a esta feria a mínimos preocupantes y si resulta poca más que una quimera pretender levantarla a corto plazo, si que parece probable que con un número de festejos acorde a la demanda real y unos carteles como los de este año, se puede invertir la tendencia y volver a darle a esta histórica feria la importancia que nunca debió perder.
La presencia de José Tomás, al margen de gustos, cábalas económicas y demás parafernalia que rodea a las actuaciones de este torero, ha conseguido darle a la Feria de Julio el tirón mediático suficiente para que las miradas vuelvan a posarse en sus carteles y para que, al menos esa tarde, la plaza vuelva a colgar el “no hay billetes”.
Probablemente también lo cuelgue el día anterior, con un cartel impresionante en el que se anuncian “El Juli” y Manzanares, los dos toreros que ahora mismo llevan el peso del escalafón, junto a Enrique Ponce, que todavía sigue siendo el “gallo” de ese “gallinero”. Sin duda una apuesta fuerte a la que acompañan tres festejos, que sin llegar ni mucho menos a la altura de estos, si que tienen los suficientes alicientes para que la feria mantenga un nivel más que digno. La despedida de Vicente Barrera de sus paisanos, la presencia de jóvenes emergentes cono Sergio Aguilar, Leandro o Iván Fandiño o el encierro siempre interesante de los “santacoloma” de “La Quinta” junto a prestigiosos hierros salmantino forman un cóctel que, en las hábiles manos de Simón Casas, puede y debe dar un excelente resultado. Tampoco desmerece la presencia del veterano Ángel de la Rosa, un torero como la copa de un pino, siempre interesante y cuyo paso por este coso se mide en triunfos de incuestionable mérito. El único punto en el que una vez más no estamos de acuerdo es en la total ausencia de toreros o novilleros castellonenses.
Es una plaza demasiado cercana y la reiterada ausencia de nuestros paisanos, feria tras feria, resulta dolorosa. No hubiera estado de más que, al menos uno de ellos, gozara de la oportunidad de mostrarse al mundo en este importantísimo coso. El de la capital del Turia se nutre de un buen número de aficionados castellonenses y no sería descabellado que, de cuando en cuando, tuviera con ellos ese detalle.

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