5 agosto, 2021

LOS MIURAS INCOMPRENDIDOS Y EL FENOMENAL PETARDO DE TÉLLEZ.

Decimosexta corrida de abono, Sevilla, plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería.
Domingo 8 de mayo del 2011. Toros: Siete de Miura (hubo un tercero bis), de presencia y juego variados. El tercero y el que le sustituyó fueron aplaudidos de salida por su enorme trapío y su bella estampa. El primero y el cuarto merecieron palmas en el arrastre. El que cerró plaza, que se le fue vivo a su matador, también fue ovacionado. El quinto fue pitado cuando se lo llevaba el tiro de mulillas.

Decimosexta corrida de abono, Sevilla, plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería.
Domingo 8 de mayo del 2011. Toros: Siete de Miura (hubo un tercero bis), de presencia y juego variados. El tercero y el que le sustituyó fueron aplaudidos de salida por su enorme trapío y su bella estampa. El primero y el cuarto merecieron palmas en el arrastre. El que cerró plaza, que se le fue vivo a su matador, también fue ovacionado. El quinto fue pitado cuando se lo llevaba el tiro de mulillas.
Toreros: José Luis Moreno, en su primero mató de entera huyendo y gran cantidad de descabellos: generoso silencio tras aviso. En el cuarto, un pinchazo soltando la espada y entera bajita soltando el engaño: silencio.
Rafaelillo, mató al segundo de pinchazo y gran estocada: aviso, petición y vuelta al ruedo. Al quinto lo despachó de tres cuartos de estocada y mil golpes de verduguillo: aviso y silencio.
Israel Téllez, al tercero lo liquidó con apuros. Un pinchazo perdiendo tizona y muleta, un pinchazo hondo y bajo, media trasera y caída, y tres golpes de verduguillo: aviso y pitos. El sexto se le fue vivo, después de que el mexicano protagonizó un sainete con la larga y la corta, persiguiendo al de Miura por todo el redondel y de vez en cuando picándole la barriga con los aceros: tres avisos y pitos.
Entre los aficionados actuales hay división de opiniones acerca de los toros de Miura. A algunos, como al que esto escribe, le encantan, y a otros les disgustan. Lo bueno es que los que religiosamente acuden a ver la última corrida de la feria de Sevilla son -evidentemente- del grupo de los primeros, ya que los segundos no ven la miurada ni por televisión. Y vaya que los aficionados postmodernos se pierden de un espectáculo grandioso, pues los toros de Zahariche podrán ser lo que usted quiera (bravos, espeluznantemente listos, mansos, monumentales, etc.), pero nunca aburren.
Hoy José Luis Moreno se enfrentó en primer lugar a un animalito de 600 kilillos ¡una bagatela! No se confió nunca pese a que el astado no era el diablo. El espada cordobés lidió en cuarto lugar al más chico del encierro, un toro de 571 kilos de peso, que se arrancaba de largo y con buen estilo, y era para cortarle por lo menos una oreja. Pero no, Moreno sólo logró dos pases de importancia, uno de la firma con la zurda y un gran natural. Cuando frente a un miura se maneja la muleta como un trapo de cocina el toro no lo agradece, antes al contrario.
Rafaelillo estuvo a punto de no salir de la plaza por su propio pie. Hay que anotar que si alguno de la terna estuvo a la altura del compromiso en alguna de sus intervenciones, fue este menudo diestro de Murcia. Al primero de su lote lo recibió con una media larga afarolada de rodillas y excelentes verónicas rematadas con una media genial. Brindó al cónclave y se dobló con el toro de manera elegante y valiente. El toro tiraba tarascadas por el pitón izquierdo y Rafaelillo descubrió demasiado tarde que la faena buena la tenía por el otro perfil. Terminó su trasteo lidiando por la cara con eficacia y oficio y se tiró a matar. El toro lo prendió por la hombrera derecha y le hizo jirones ese lado de la chaquetilla. Ahí el ángel de la guarda de Rafaelillo pasó fatigas para evitar una cornada de proporciones dantescas. En el segundo envite cobró la estocada de la tarde y bien hubiera podido el biombo concederle un apéndice, aunque la vuelta al ruedo fue triunfal.
El quinto no avisó y le cogió al intentar una verónica por el pitón derecho. Esta vez le destrozó la mitad de la taleguilla. Todavía no me explico como el toro no acertó a calarlo. Este miura antes de venir a la plaza de Sevilla ocupaba la cátedra de lenguas muertas en una prestigiosa universidad, por lo tanto sabía latín y hasta sánscrito. Fue duramente picado y bien banderilleado. El torero no se metió en honduras y se lo quitó de enfrente como pudo. Está bien que el burel tenía gatos en la barriga, pero hay maneras de estar más torero con la espada corta.
Israel Téllez se presentó en la plaza más importante del mundo con este emblemático hierro, y es probable que el que no haya estado hoy en el coso del Baratillo no vuelva a verlo jamás por estos lares, pues ha estado infame.
Al tercero le pegó una media larga cambiada de hinojos pegado a tablas antes de que lo regresaran a chiqueros. Al tercero bis, un imponente bicho de 670 kilos, le banderilleó con aseo, marrando en el segundo y asomándose al balcón en el tercer par. Si me permite usted la contradicción en términos, el miura era suavón, pero el mexicano no le completó un solo pase. Con la toledana dejó entrever su ineptitud para estar frente a los toros de don Antonio y don Eduardo.
En el sexto las cosas se fueron a pique para el joven de Uriangato. Lanceó vulgarmente. Puso banderillas de manera muy regular, clavando hasta el par del violín, del violón y del que tocó el trombón, como dice don Andrés Luque Gago.
El miureño tuvo pases por los dos pitones y hasta podríamos decir que demasiados. Así Israel (otro nombre muy torero) le pegó unos veinticinco mantazos y dos docenas de trapazos. Cuando a un miura no se le hacen las cosas bien y se pasa uno de faena, resulta muy complicado darle muerte. El toro comenzó a dar vueltas al redondel a mayor velocidad cada vez, aburrido y tratando de huir del torero, quizá avergonzado de haber tratado de colaborar en el trasteo. Téllez no tiene idea de lo que es una estocada de recurso y perdió los papeles de manera estrepitosa. Los instantes más vergonzosos: en un momento dado y a la pasadita le picó las costillas al toro; luego de un desarme abandonó en el albero la muleta y el ayudado, y con la corta también le atizó un piquete en los blandos al cornúpeta. Sonó lúgubre el tercer bocinazo y Téllez se despidió de la afición sevillana tirando dos infructuosos y extemporáneos golpes de descabello.
¿Sabe usted cuándo será figura este chaval? Como decía mi abuela: ¡El día del Juicio después de la boruca! En conclusión, una miurada que le hubiera convenido perfectamente al Divino Calvo, al maestro Pepe Luis, a Juan José Padilla y hasta al Zotoluco.

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