24 julio, 2021

MAMI: ¡ME LA VOY A JUGAR LA VIDA!…

Serio como es, Joselito Adame llegó después de recorrer por la derecha casi todo el ruedo hasta el tendido del cuatro. Buscaba a una pareja, sus padres. El, de camisa blanca; ella de vestido rojo, como el color que portó con bordados en oro su hijo en la tarde de su confirmación de alternativa atestiguada por el propio Rey Juan Carlos a quien había brindado, por razón de protocolo, el primer toro que lidió como matador en Las Ventas del Espíritu Santo.

Serio como es, Joselito Adame llegó después de recorrer por la derecha casi todo el ruedo hasta el tendido del cuatro. Buscaba a una pareja, sus padres. El, de camisa blanca; ella de vestido rojo, como el color que portó con bordados en oro su hijo en la tarde de su confirmación de alternativa atestiguada por el propio Rey Juan Carlos a quien había brindado, por razón de protocolo, el primer toro que lidió como matador en Las Ventas del Espíritu Santo. Fue lacónico con quienes le procrearon: “Mami, ¡me voy a jugar la vida!”, dicen que dijo… debe ser cierto, porque lo cumplió cabalmente y, de tan cabal, fue el más aplaudido a la salida de la plaza, más aún que Castella, quien cortó la única oreja y se llevó el trofeo de oro que otorga la Prensa madrileña y entrega, tradicionalmente, el Monarca ibérico.
Aguascalientes ha cumplido con creces en San Isidro y La Prensa. Arturo Saldívar y Joselito Adame, estuvieron a un pelo de cortar oreja la tarde de su confirmación, efeméride que sigue en poder de Rafael Rodríguez, quien alcanzara tal honor el día en que por sustitución de Manolo Dos Santos entró al cartel de San Isidro, y por cierto, fue el primer mexicano en hacerlo en los festejos feriales entonces recién inaugurados.
La corrida de La Prensa la han matado, entre otros, los mexicanos don Fermín Espinosa Saucedo, que en 1932 cortó oreja; su hijo Miguel, sin pena ni gloria y más recientemente Eloy Cavazos, con lo que marcó su adiós de los ruedos españoles. Hoy debemos agregar otro nombre: Joselito Adame, que lo ha hecho de manera más que decorosa, en el festejo más importante del mundo taurino.
Y es que la corrida de la prensa, es el más tradicional a la par que antiguo y vigente de nuestra fiesta de toros. No hay en el mundo ninguno que pueda parecérsele. Lo idearon críticos y periodistas taurinos madrileños al final de siglo XIX, y la hicieron por vez primera el 12 de junio del 1900 con un cartel, entonces, de tronío: Mazzantini, Fuentes, Bombita y El Algabeño con toros de la Viuda de Saltillo, encaste que diera vida años más tarde a la ganadería mexicana.
El primero en triunfar en las corridas de La Prensa, fue el propio Bombita, el 24 de abril de 1910, en la plaza de Vista Alegre, cortando una oreja. No siempre ha sido en Madrid; en 1938 se mudó a Burgos y a Zaragoza en tanto que la de 1963 fue en San Sebastián de los Reyes.
En una corrida de La Prensa se indultó al único toro que ha merecido tal honor en Madrid: “Belador” de Victorino Martín, que el 19 de julio de 1982 fue lidiado por Ortega Cano. De entre sus asiduos matadores, Miguel Mateo, “Miguelín”, tiene el récor de orejas cortadas en un mismo festejo con seis, la tarde del 3 de julio de 1963, en que desorejó a sus dos toros y al que tocó matar en lugar del herido Miguel Márquez. Antonio Bienvenida tiene la marca de más orejas cortadas, con un total de ocho, que le dieron dos salidas en hombros desde Las Ventas, y hasta su casa en la desaparecida calle de General Mola.
Este fue el compromiso que asumió nuestro paisano: confirmar en una corrida que pesa, y mucho, en el ánimo de los españoles; que tradicionalmente se observa a televisión abierta y del que estaban al pendiente todos los aficionados por lo que significaba un triunfo en ella.
Hemos dado puntual cuenta de lo sucedido en la tarde. Basta entonces resumir, conceptualmente, lo que pasó en el ruedo de Las Ventas, hoy a su máxima capacidad, y con el aficionado que siempre esperan saludar en esta corrida, el propio Rey, que no ha ocupado su palco sino que bajó a una barrera de primera fila desde donde aplaudió, como el resto de los asistentes, al otrora niño torero de Aguascalientes, aquel que se hiciera en la San Marcos a la vera de todos los que de buena fe algo le enseñaron, y que hoy deben sentir como suyo una parte de esos aplausos que rubricaron su salida de la principal plaza de toros del mundo.
El de la confirmación fue un toro que se dejaba meter la mano. A mi juicio, Joselito no estuvo del todo centrado en la faena y si bien alcanzó muy buenos momentos logrando transmitir al tendido su tauromaquia, el quehacer pudo tener mayor relevancia. No es fácil pedirlo cuando se confirma alternativa en un evento de las dimensiones que hemos descrito. La gente le premió cuando, con su gesto serio que no dejó en toda la tarde, saludó en el tercio.
Con su segundo cambió el panorama. Un toro manso, rajado, que se iba de la suerte y no dejaba al torero cuajar absolutamente nada. Le persiguió con el capote, sin éxito alguno. La historia cambio con la muleta, después del brindis que origina el título de este escrito. Ahí se fajó como torero, dejando la muleta en la cara del astado, pisando los terrenos en los cuales el toro embiste aún a riesgo de la cornada. Abusó, a mi parecer, de los muletazos en redondo, que si bien son en México vistosos y sinónimo del dominio total del torero, en España los asimilan como recurso vistoso que incumple la ortodoxia del toreo.
Lo mató de media, pero una media en todo lo alto. El astado salió a morir entre los medios y el tercio, arrancando Joselito un caudal de aplausos que se mantuvieron cuando recogió de la barrera su montera y volvieron a inundar el aire madrileño al acompañarle a la salida de la plaza.
Joselito, al igual que Arturo Saldívar, merecen repetir. Lo malo es que vienen las corridas toristas, esas que son para exponer y no parecen una buena apuesta. Habrán de regresar a Madrid el próximo año, si en justifica se premia su esfuerzo, esperamos con dos corridas para tener la oportunidad de abrir una puerta grande… algo que ningún nativo de Aguascalientes ha logrado.
Sebastián Castella tuvo en sus manos al mejor toro, dicen, de toda esta temporada. Se llamó “Arrestado” y fue de menos a más. Aflojó con el capote, como toda la corrida, e incluso en varas no fue lo que se esperaba de su casta. Pero con la muleta poco a poco se fue para arriba, vaya: rompió a bueno. Tenía una gran cualidad: metía abajo la cabeza, humillaba al entregarse. Las mejores series fueron las últimas… si hubiera cuajado desde antes la faena, con la estocada que cobró, hubiera podido cortar más que una oreja pero, al final, todo quedó en eso: un gran toro que pudo ser de puerta grande. El segundo, reparado de la vista, no tuvo opciones y, la verdad, el torero tampoco buscó tenerlas. Acabó la feria con dos orejas… buen balance para el francés que sigue, en España, como base de cartel.
Miguel Ángel Perera trae el santo de espaldas. Tres corridas mató y en ninguna logró cuajar como no fuera una serie revolcada en la primer tarde y el inminente riesgo de una cornada en la de hoy. Tuvo, además, al público en contra, que torista como es, agarró partido por los astados y criticó al torero que a mi entender, se la ha jugado para ponerse por encima de las condiciones de sus enemigos. Se acabó Madrid y habrá de esperar otro año para buscar rubricar un triunfo.
El Rey Juan Carlos habría entregado la Oreja de Oro a Castella por cortar una oreja… pero el triunfador de la tarde, a mi entender, ha sido Adame que bien merecida tendría una exitosa campaña española a la luz del resultado de esta tarde. Claro: precisa apoderado para caminar; para él, aunque se justifique, la mesa no está puesta.

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