31 julio, 2021

MICHELITO EN UN AMBITO DE MORBOSA MAGIA: ALEJANDRO LÓPEZ ENVUELTO EN EL REGOCIJO DE LA ALERGRÍA.

ARRASTRE LENTO… Al despertar el día de hoy, y dejar atrás la turbulencia del sueño amodorrado que noche a noche combate con el insomnio, estaremos en un horario harto chocante. Y obedientes a las determinaciones impuestas, adelantaremos el horario una hora. La verdad es que, así como no me gusta que adelanten a los novilleros en tiempos, tampoco me place el horario de marras.

ARRASTRE LENTO… Al despertar el día de hoy, y dejar atrás la turbulencia del sueño amodorrado que noche a noche combate con el insomnio, estaremos en un horario harto chocante. Y obedientes a las determinaciones impuestas, adelantaremos el horario una hora. La verdad es que, así como no me gusta que adelanten a los novilleros en tiempos, tampoco me place el horario de marras.
Hay noches que no me gustan, muy en especial aquellas en las que las imágenes caprichosas y disparatadas, las que no me cusan ninguna gracia, me hostigan hasta el fastidio cansando al cuerpo que abandonado en la terapia nocturnal, la que debiera ser de relajamiento y recuperación, termina repudiando al sueño.
Lo cierto es que me gusta, eso sí, el despertar que me hace dueño de una esperanza tan rotunda que por sí misma explica el entusiasmo y la animación de vivir. Y aunque no comparto la idea de apresurar al niño Michelito orillándolo a realizar un esfuerzo de grandes proporciones, respeto la esperanza que tienen quienes lo majean de concretar un sueño que nada tiene de parecido con mis noches de pesadilla.
Sin querer decirlo, siento la necesidad de hacerlo: tengo la impresión que es el morbo el que, como factor de influencia, llevará a muchos curiosos a los tendidos de la plaza. Un morbo que, en carroza de escándalo, le viene a arrebatar a la originalidad el sitio que le corresponde a la virtud que ennoblece la categoría del espectáculo.
Reflexionando es este curioso caso, que un niño corra la inútil aventura de adelantar tiempos, siento la misma sensación que experimento cuando me vence el desconcertado parpadeo del que queriendo dormir no puede hacerlo sino tan sólo en ligeros relámpagos de fuga.
Quien, estoy seguro, que no sufrirá ningún tipo de desconcierto es Alejandro López. Por el brío de su carácter y temperamento la naturaleza le impide que formen parte de su repertorio ni los desconciertos ni las dudas: el joven, animado como quien acaba de despertar del más reparador de los sueños, exhibe una determinación tan categórica que su aura simula irradiar las chispas incendiarias de los sueños altamente motivadores e inspiradores.
Mejor reconozcamos que la tarde de hoy tiene sustancial interés, y que, como sucede en este tipo de eventos, no estará exenta de la posibilidad de que participen en ella, y no precisamente como elementos decorativos, el sentimiento y la emoción del regocijo de la alegría o el claroscuro de la tragedia.
¿Será la tarde de hoy la que esperamos muchos aficionados? De eso tampoco hay duda: en el ambiente se deja sentir la necesidad de que surja –eso esperamos- con carácter de urgencia el chamaco que con sus propuestas estéticas, y sus emotivas premisas plásticas, brinde y labre el fondo nuevo que revitalice al espectáculo como argumento de magia y misterio.
¿Hablamos de renovación entonces? Pudiera ser. Lo cierto es que en la Fiesta se han perpetuado las formas, aunque se han volatilizado los fondos. Se ha prolongado el dibujo, pero se ha extraviado el sabor.
Así las cosas, hay que esperar que hoy aparezcan atisbos de renovación en el fondo y en el sabor.
Lo mejor de todo es que hoy, por ese chocante horario, adelantaremos nuestro descanso en la cama donde a veces sufrimos con los achaques de las distorsionadas figuras que parecen de pesadilla.

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