24 julio, 2021

NO ES NI UN MELODRAMA, NI UNA NOVELA BARATA: ES UNA DOLOROSA HISTORIA REAL QUE BUSCA ENDERZAR EL RUMBO.

ARRASTRE LENTO… Les debe resultar, a quienes lo vivieron con asombro e interés, imposible olvidar aquellos momentos de euforia. Locos de alegría unos, perplejos otros, pero los aficionados todos, los que estaban a favor, tanto como los que estaban en contra de los pronósticos, hacían guardia permanente ante la televisión para ver las proezas que haría, vistas como maravillas, Arturo Macías en el ruedo de la plaza México.

ARRASTRE LENTO… Les debe resultar, a quienes lo vivieron con asombro e interés, imposible olvidar aquellos momentos de euforia. Locos de alegría unos, perplejos otros, pero los aficionados todos, los que estaban a favor, tanto como los que estaban en contra de los pronósticos, hacían guardia permanente ante la televisión para ver las proezas que haría, vistas como maravillas, Arturo Macías en el ruedo de la plaza México.
El rosario de triunfos que obtuvo en dicho coso lo coló en la estadística como auténtico paladín: salidas a hombros -volandas de gloria-, rabos al por mayor, y orejas a destajo, fueron el saldo de las batallas homéricas que obligaron a sus paisanos a recibirlo, entre loas de conquistador, de regreso a su tierra, investido con las galas, metáfora de “El Cid”.
Se llegó a creer que por los siglos de los siglos se hablaría de de Arturo como el revolucionario que tanta falta le hacía a la Fiesta mexicana. Pero pronto, demasiado pronto, vinieron aires enrarecidos y lo claro se tornó turbio. Contratiempos, mal sabores, cornadas inoportunas, erradas decisiones y la suerte de espaldas a él crearon un ambiente sofocante. Y el héroe se volvió de carne y hueso. No miento si afirmo haberlo visto rumiando, inconsolable, el rabioso capítulo que le arrebató títulos y privilegios.
Luego, un sentimiento de piedad se apoderó de la afición que apenas ayer lo vitoreaba entre clamorosos himnos de gloria. Después de su tormentosa experiencia en España la comunidad taurina de México se quedó presa de asombro. El argumento narrado era para no creerse. Y hasta se dijo que había regresado a México con el dolor y la tristeza a flor de piel. Bastaba con verle la cara para comprender la gravedad de su situación.
Se llegó a decir que tanto él –Arturo- como sus cantores, por tener el corazón oprimido, habían enmudecido por el desconsuelo.
¡Nada!
Que el hombre está vivo, y empeñado a pronto volver a cantar tan fuerte como lo hizo en su impresionante conquista: sabe Arturo que vivir es vencer. Y aunque sabe que es carísimo el precio de la victoria, el muy orondo se acostumbró a ella. Y en ella quiere morir. También sabe que negarse a luchar, es negarse a vivir.
Que Arturo está vivo, y su corazón le late con la emoción de quien regresa por sus lauros. Por lo pronto cambia de apoderado y, ahora con la dirección de un hombre enterado de las mil y un trampas que hay en camino a la cima del toreo –Fermín Espinosa- apuesta su capital a la victoria.
Qué bueno que así sea toda vez que, si bien como triunfador Macías se volvió ejemplo y modelo para la juventud torera, también lo será si logra reimponerse al mal trance en el que la vida lo ha depositado contra su voluntad. También será ejemplo y modelo para los que, en la desesperación, renuncian sin luchar dejándose vencer… ¡y morir! Lo cierto es que la dupla -apoderado y poderdante- bien conocidos por su ingenio y astucia como ingenieros del toreo, no podrán prescindir del principio de la gravedad: toda tiende a caer, pero sólo los titanes se levantan de entre los escombros y las cenizas.
¡Nada!, que Arturo está tan vivo que a su obra aún no le mira el final. Y se prepara para escribirlo con letras de oro. ¡Que así sea!
arrastrelento@gmail.com

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