24 julio, 2021

NO PUEDE SER QUE LA PELEA DE GALLOS ASUMA UN PAPEL PROTAGÓNICO EN LAS CORRIDAS DE TOROS DE FERIA.

ARRASTRE LENTO… Vaya con el mundo de los toros. La tarde del domingo los taurinos amantes del ritual y la liturgia, esos que desprecian los grotescos dioses pachangueros de la Fiesta, callaron.
Verlo fue para mí un doloroso contraste. La multitud extasiada, reaccionando con delirante entusiasmo ante los acordes de un sonsonete pachanguero, hizo a un lado los alardes de torería y temeridad de Juan Pablo Sánchez para dedicarse a la embriaguez que le producía el desposorio de lo trivial con la vulgaridad.

ARRASTRE LENTO… Vaya con el mundo de los toros. La tarde del domingo los taurinos amantes del ritual y la liturgia, esos que desprecian los grotescos dioses pachangueros de la Fiesta, callaron.
Verlo fue para mí un doloroso contraste. La multitud extasiada, reaccionando con delirante entusiasmo ante los acordes de un sonsonete pachanguero, hizo a un lado los alardes de torería y temeridad de Juan Pablo Sánchez para dedicarse a la embriaguez que le producía el desposorio de lo trivial con la vulgaridad.
Fue por ello que, contrariado y como señal de protesta mística, esa que nadie escucha cuando se habla de pureza, me quise imaginar la Fiesta en Aguascalientes cuando, de la mano del sector eminentemente popular, poco tenía de grave y sublime.
Hagamos un breve paréntesis:
Tengo por cierto que el toreo y el deshilado, finos productos del paraíso de Aguascalientes una vez que los hizo suyos dándoles paternidad simbólica, al quedar plasmados en dibujos teñidos con los matices del alma provinciana en faldones y manteles, recogieron la alegría de la ciudad que, pródiga en auroras y atardeceres cromáticos, algo tiene de mágica y risueña.
Aguascalientes siempre ha reído. Reía ya, efecto de la alegría, desde aquellos años (entre l825 y 1870) en los que las corridas de toros se convirtieron en uno de los mayores atractivos de la verbena. Y en las corridas vaya que había pachanga declarada. Cuando escucho la Pelea de Gallos en la plaza Monumental en una corrida de toros de feria se me despierta la curiosidad y me da por imaginarme aquella época cada vez más lejana y difusa.
Resulta que en la lidia –aún tosca y con reminiscencias primitivas- de los toros de casta participaban, contratados por el empresario, unos personajes que vestidos de payasos, y tenidos por locos, divertían a la concurrencia con sus gracejaos y audacias.
Los datos que comento los he tomado de unas narraciones hechas por Antonio García Cubas, y en ellas cuenta que… “vestidos a la usanza de los payasos, los locos ejecutaban en las plazas una nutrida y gustada serie de gracejadas: bailaban, gesticulaban, lanzaban al aire naranjas que recibían con la frente, se acostaban al lado del toro –muerto éste- o sobre su vientre, para ser juntamente con él arrastrados por las mulas. El público, más bien “heterodoxo” en materia de gustos, aplaudía y festejaba ruidosamente estas sandeces”. .
Empero me regreso a los hechos contemporáneos.
No podré negar que la mentada interpretación musical (La Pelea de Gallos), ideal para un lienzo charro, un palenque, o para una audiencia de kiosco, tiene los efectos de una irrupción emocional contagiante. La explosión estruendosa del ¡Viva Aguascalientes!, anti solemne por naturaleza, ciertamente es espectacular. Aun así me pregunto: ¿por qué escandalizarnos los taurinos “ortodoxos” ahora con la intrusa cantaleta si los mismos toreros, para incrementar el entusiasmo, la piden con denodada súplica?
Siento que en el toreo una cosa es la alegría y otra la pachanga: sea bien recibida la primera en el gran coso local, pero la segunda no puede ser sino una equivocación de contextos y ambientes.
Lo cierto es que el religioso estupor del misterio taurino no merece ser profanado, pese a los mil justificantes que amparan su violación alentando la sobreproducción, con tan mitotera ejecución musical. Insisto; en el toreo un cosa es la alegría, y otra la pachanga.
Así las cosas: ¿Por qué permitir que tan profana pachanga musical haya asumido un papel protagónico desvirtuando el depurado sentido de la alegría torera?
No sé por qué, y lo digo a manera de PROTESTA, cuando escucho la Pelea de Gallos en la plaza de toros, dentro de las funciones taurinas, me remito, como fenómeno de regresión, a aquellos tiempos de los payazos y locos que amenizaban la Fiesta de toros en Aguascalientes.

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