1 agosto, 2021

OREJAS PARA ENRÍQUEZ Y LÓPEZ.

En la gente permanece el deseo de disfrutar de la fiesta brava; este domingo así se palpó cuando más de la mitad de los escaños de la plaza San Marcos fueron ocupados por un público alegre y presto a aplaudir lo que en el círculo arenoso se viera.
Fue la cuarta novillada de la campaña y para esto, de los potreros de Celia Barbabosa se seleccionaron siete novillos finos de morfología, uniformes en tipo, nobles en general y excelentes en particular los salidos en segundo, tercero, quinto, sexto y séptimo sitios, éste en rango de obsequio.

En la gente permanece el deseo de disfrutar de la fiesta brava; este domingo así se palpó cuando más de la mitad de los escaños de la plaza San Marcos fueron ocupados por un público alegre y presto a aplaudir lo que en el círculo arenoso se viera.
Fue la cuarta novillada de la campaña y para esto, de los potreros de Celia Barbabosa se seleccionaron siete novillos finos de morfología, uniformes en tipo, nobles en general y excelentes en particular los salidos en segundo, tercero, quinto, sexto y séptimo sitios, éste en rango de obsequio.
Todos atacaron en varas y por su juego, al ser arrastrado, se aplaudió al quinto.
Tres novilleros los enfrentaron y los tres, así, realizaron la presentación ante el juicio de los aguascalentenses.
Alejandro Enríquez, granadino, se mostró con buen gusto y sólida técnica; fue calificado de bueno en los de su lote pero algo desnivelado quedó del que regaló al que, no obstante, le cortó un auricular.
Alejandro López empuñó también una peluda gracias más a su tozudez y entusiasmo. Ha mejorado en una parte el joven de la tierra. En tanto Oscar Amador, tlaxcalteca, se regresó a su tierra con la espuerta vacía pero dejando constancia de sus deseos.
El ibérico Enríquez saludó a la afición con el buen gusto que posee para expresar el toreo. Lentos y bellos resultaron sus lances, luciendo además la buena técnica que ha desarrollado. El trasteo que vino fue decoroso y estético, con el porcentaje de la variedad. Más hubiese sido haya tenido un grado de raza el utrero; un punto de sal para haber equilibrado la empalagosa nobleza. Lo despachó con estocada buena en ejecución, delantera sin embargo pero de prontas consecuencias y salió al tercio a agradecer las sinceras pruebas de aprobación.
Un venenoso animal fue su segundo; con sentido y tosco, sin entregarse jamás lo tomó de motivo para crear un trasteo de gran interés en el que vimos a un joven de sólida técnica y buena escuela. Desde el inicio comenzó a blandir la muleta y le ganó la batalla al adversario e interpretó sueltos pero buenos pases. Antes de estoquear bien pinchó y se cubrió en silencio.
Ya oscuro salió el regalo de la misma ganadería; un bóvido formidable, fijo, de dimensión en las embestidas, con clase y nobleza. Alejandro le ejecutó muletazos formidables con la mancha de que no se puso a su nivel. Le faltó sabor y un mejor calibre en la distancia, misma que por instantes extravió dolientemente. Mató lo según tres cuatros de acero y se le otorgó una oreja.
Deseoso enfrentó Alejandro López a su primero. De inicio dejó salir un par de largas de hinojos y aunque de pie no ludo entonarse a la lentitud de las embestidas del enemigo, cerró la capa no sin mantener su entusiasmo en vistoso quite por tapatías.
Ha cambiado el chaval; se observó con actitud y algo de entendimiento de lo que es el toreo. La primera parte de la faena fue buena y posteriormente extravió la distancia correcta, se dio a pegar pases y no explotó del todo a un novillo fijo, noble y apreciable buen estilo. Mató de un golletazo para ser sacado al tercio.
¡Como entretuvo a la gente con el buen quinto! Una res brava, con recorrido y clase a la que le hizo vistoso quiete primero y una labor de mil pases después. Hubo de todo: detalles, desatinos, y hasta cierto muletazo bien hecho. Antes de matar de plausible espadazo pinchó y posteriormente se le entregó el mencionado auricular.
Del quehacer capotero de Oscar Amador, solo un ajustado quite a modo de saltilleras mereció el espacio. Entusiasta se dejó revelar al sacar la espuerta la sarga y reforzó con variedad el trasteo. Aquel fue un novillo fijo y en algo noble que exigía, sin embargo, otra distancia, más muletazos toreados y menos pases. Lo despachó con un golletazo para por eso perder quizás una oreja, en cambio saludó en el tercio y bajo su responsabilidad dio vuelta al anillo.
Bravo bovino el sexto; casta y fijeza ahí las hubo, pero nuestros novilleros, en su mayoría, no se preparan para lidiar si no para pegar muchos y “bonitos” pases. Amador, aunque nunca plantado en el correcto terreno, se manifestó muy voluntarioso y hasta una sarta breve de buenos derechazos le salió. Dos estocadas delanteras no tuvieron más que efectos mortales tardíos y el joven fue silenciado.

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