28 julio, 2021

OREJAS PARA VALENTE Y ROSALES.

En Juan Pedro Moreno puede haber un torero muy importante.
Para bajar el telón a la campaña chica en el coso San Marcos, y teniendo una clientela que ocupó medio aforo, se desahogó la octava novillada en la que se tasaron a siete aspirantes a matadores de toros, unos jóvenes y otros no tanto como para estar apenas en rango novilleril.

En Juan Pedro Moreno puede haber un torero muy importante.
Para bajar el telón a la campaña chica en el coso San Marcos, y teniendo una clientela que ocupó medio aforo, se desahogó la octava novillada en la que se tasaron a siete aspirantes a matadores de toros, unos jóvenes y otros no tanto como para estar apenas en rango novilleril.
La parte ganadera le correspondió a la dehesa de Darío González quien de sus zacates embarcó un encierro dispar en tipo en el que se subrayaron por estupendo juego los salidos al ruedo en cuarto, quinto y sexto lugares.
Concluido el paseíllo las cosas se dieron así:
No toreó mal con el engaño mayor Jaime Ruiz, que va, lo que es más, se le pudieron apreciar detalles estupendos; con la muleta sostuvo lo apuntado. Ante un bovino que dejó estar manejó la sarga bien y variadamente. Le faltan dos cosas solamente: personalidad y planta, cosas que nadie regala. Se atracó para ejecutar una estocada delantera pero efectiva premiándosele con salida al tercio. Obsequió un octavo del hierro de Sierra Ortega ante el que puso deseos por quedar bien, sin embargo nadie da lo que no tiene de torero y menos con un animal débil. Mató de un golletazo.
Teniendo delante a un débil y descastado novillo realizó César Ibelles el toreo correcto, con aseo y aceptable técnica pero sin el adorno de distinción, es decir, hace las suertes igual que muchos. El ya no tan joven –para ser novillero- carece de clase y de la efigie que arrebata y diferencia. Acabó el bloque de un espadazo delantero luego de varios pinchazos. Palmitas escuchó.
De Claudio Alberto ni hablar; una ofensa fue para la temporada. Firmó el petardo de antología. Mató, por sonrisa de Dios, de un bajonazo que levantó la puerta a los decibeles de formidable pitiza.
Alberto Valente ocupó el aforo con animosidad marcando una larga cambiada a porta gayola, quitando atrabancadamente y banderilleando con variedad. El astado fue a más, claro y con recorrido exigió mayor poder y mejor proyecto de faena. El joven pegó alta cantidad de pases, unos buenos, otros a la trágala pero el total englobado en aquella alegría. Mató defectuosamente y le otorgaron un auricular.
Muy buen ejemplar resultó el quinto; ante él Juan Camilo Alzate demostró que de la tarde era el más experimentado y no obstante toreó abusando de la punta del engaño, sin hallar la distancia correcta y menos el son, eso sí, con la acidez conocida de su perfil. Pinchó varias ocasiones y se le silenció.
Al enfrentar al sexto, revoltoso y difícil él, a Juan Pedro Moreno se le pudo aquilatar divinamente el hondo sentido que tiene del ritmo del toreo, así con el capote como con la muleta ¡Que expresión y que sabor tan mexicano hay en sus modos de interpretar los pases¡ con denuedo, además, se la jugó con verdad pero perdió una oreja ya que pinchó antes de la estocada en buen sitio. Merecidamente dio vuelta en paralelo a la barrera. Merece la pena que le sigan dando oportunidades.
Efrén Rosales emocionó por su conocida planta y empaque, virtudes que aderezó manifestando ansias de triunfo. De frescura llenó el nimbo desde que desdobló el capote. De cualquier modo, dada su inexperiencia, estuvo por debajo del sensacional ungulado. Después de tratar de cuajar muletazos por ambos flancos se entregó al matar dejando media espada suficiente para derrumbar al ejemplar y posteriormente se le premió con una oreja.

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