5 agosto, 2021

OREJITAS PARA PERERA Y MACÍAS DE TORITOS DE TEÓFILO GÓMEZ.

Decente alternativa de Gerardo Adame: al tercio y vuelta al ruedo.
Teófilo Gómez –”Teofilito”, a decir de muchos- es una dehesa que no tiene honor ni vergüenza, por esto fue que mandó para la séptima corrida un encierro de seis reses sin trapío, indignas y mansas; de mala sangre. Esto enojó a los aficionados y al segundo le pitaron de verdad en demanda de que lo retornaran a las corraletas, diligencia anulada. No hay dignidad en muchos de los que organizan la fiesta.

Decente alternativa de Gerardo Adame: al tercio y vuelta al ruedo.
Teófilo Gómez –”Teofilito”, a decir de muchos- es una dehesa que no tiene honor ni vergüenza, por esto fue que mandó para la séptima corrida un encierro de seis reses sin trapío, indignas y mansas; de mala sangre. Esto enojó a los aficionados y al segundo le pitaron de verdad en demanda de que lo retornaran a las corraletas, diligencia anulada. No hay dignidad en muchos de los que organizan la fiesta.
La Monumental, que registró más de media entrada, fue vejada nuevamente; víctima pues de un remolino lleno de intereses y distintos entendimientos a cerca de la fiesta brava.
Sobreponiéndose al viento, Gerardo Adame lució con la capa, engaño que usó variadamente. Correspondiendo a la ceremonia de que fue objeto central, se plantó en la arena y extendió los brazos en derechazos y naturales decentes y en mucho apreciables. El toro tuvo clase y cierta raza, virtudes que, entendiblemente, no descifró del todo el Benjamín de los lidiadores. Mejor premio que la salida al tercio hubiera gozado si no es que se desatina con el acero, a grado de recibir un aviso. Con el sexto, un manso más, se manifestó bizarro logrando muletazos mencionables. Mató defectuosamente pero el noble público le hizo dar la vuelta al ruedo.
Miguel Ángel Perera navegó en la mar de contradicciones y la indolencia de la “autoridad” que no quiso, soberbia e impune, hacer valer el deseo legítimo de quienes pagaron un boleto regresando al becerro gordo que hizo segundo. Cada pase le fue acompañado al diestro con un ¡Bu! O un agudo silbido y absurdamente alargó un trasteo que a todos enojó. Como quien tienta, el extremeño, profesor joven, dictó el trayecto al reservón y quedado animal segundo de su lote, primero interpretando la verónica y en el tercio de muerte el natural y el derechazo sobre la extensión de sus brazos, en tanto el tronco de su cuerpo lo encajaba en la arena y en su mente oscilaba la vehemencia, robándole estupendo partido. Lo despachó de medio espadazo atravesado y fue apreciado con una oreja. No conforme obsequió al segundo reserva procedente del Junco, un bovino manso, rajado al que extrajo también un juego que no tenía. Sus muletazos incólumes, llenos de temple y mando se recordarán por mucho tiempo. Lamentablemente no estuvo acertado con el acero y perdió las orejas.
Arturo Macías desplegó la capa ganoso, y en ese color lanceó y quitó valerosamente. Al mal son de un absurdo pasodoble se exhibió involutivo, de ideas opacas pegando pases a un manso desgraciado. Su mejor parte fue en el quinto al que trasteó con muletazos valiosos y otros realmente a manera de sabanazos. Incapaces nuestros diestros de convencer por savia torera absoluta, se hacen, o los hacen, acompañar de la “Pelea de Gallos”, como fue el caso. Le dieron una oreja que el público repelió dado el espadazo abominable, tendido y atravesado. En cambio dio vuelta al círculo.

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