5 agosto, 2021

POR LA CALLE DE COLON NACIÓ UN TORERO…

NO SERÍA la primera ocasión, puede que ni la ultima, simple y sencillamente hoy escribiré como vayan llegando las cosas a mi destartalada y blanquecina “maceta”, creo que es sano de vez en cuando dejar en libertad a los dedos, que fluya lo que tenga que salir, nada planeado, nada previsto. Que vuele la imaginación, que nos descongestionemos un poco.

NO SERÍA la primera ocasión, puede que ni la ultima, simple y sencillamente hoy escribiré como vayan llegando las cosas a mi destartalada y blanquecina “maceta”, creo que es sano de vez en cuando dejar en libertad a los dedos, que fluya lo que tenga que salir, nada planeado, nada previsto. Que vuele la imaginación, que nos descongestionemos un poco.
LA SEMANA pasada decía que “vi” caminar a don Ramón López Velarde por las calles de su natal Jerez, hoy al pasar por la calle Colon de mí Aguascalientes, recordé que ahí nació don Alfonso Ramírez Alonso, “El Calesero”, y de nueva cuenta la imaginación sobrepaso a las nubes. Don Alfonso, lo digo orgullosamente, fue mi amigo, “mi alternante” al cual muchas de las veces supere con creces, y con algún dinerito, este hombre al que sí sé le tomara una radiografía hubiera mostrado en la placa mas arte que huesos y órganos, “lo encontré” cargando su acostumbrado lio donde llevaba un capote y una muleta, un palillo y una espada con todo y funda, se encaminaba a la plaza San Marcos a hacer ejercicio, a entrenar de salón, tal y como lo acostumbraba mientras su edad se lo permitió, siempre derrochó una juvenil afición y respeto por su profesión. Le seguí muy de cerca, sin hablarle, sin molestarle y desde luego que llamaba la atención de las personas que pasaban a su lado o se cruzaban con él, yo notaba que ellos aspiraban más fuerte de lo normal, saboreaban el aroma que dejaba a su paso, olía a torero, a torero fino. Antes de proseguir con mi imaginativo relato les cuento algo real.
MIS ABUELOS paternos vivían en Guadalajara y seguido les visitaba en vacaciones, tendría yo no más de catorce años y acudí a la plaza El Progreso, el cartel anunciaba a un tercer espada desconocido que solo pegó tres excelsos muletazos en cada toro, suficientes para que saliéramos hablando de él y acabara con uno de sus alternantes que había cortado dos orejas, al día siguiente por mera casualidad coincidimos en el restaurante a donde mi abuelo acostumbraba desayunar, fue ahí donde le reconocí, su mesa era muy cercana a la nuestra y le escuche decir… “Si yo fuera millonario contrataría a “El Calesero” para que toreara solo para mí”. Y lo fue, pero no cumplió su sueño, suele suceder. Quien decía esto vive actualmente y se llama “Curro” Romero, esto es lo que causaba don Alfonso, “El Poeta del Toreo”… Ese hombre al que sí sé le tomara una radiografía hubiera mostrado en la placa mas arte que huesos y órganos.
PERO CONTINÚO con mi alucinación… Aseguro que don Justo, su señor padre, hubiera deseado que su hijo le ayudara en la botica de su propiedad en lugar de aventurarse en la idea de hacerse torero. Decía que le seguí de cerca, le veía pegarle pases al aire y caminar con la figura erguida, en este fantasioso relato le veo de escasa edad, un muchachito que desde entonces dejaba ver el enorme torero que sería al paso de los años, de pasar a la historia con el único caso conocido en ruedo alguno, el que el 19 de enero de 1947, en Orizaba, Veracruz, obtiene un triunfo tan clamoroso, y emocionante, que el director de la banda que amenizaba el festejo le tocó el Himno Nacional, alternaba ese día con Fermín Rivera y Manuel Rodríguez, “Manolete”, y toros de La Punta.
AL PASAR por Catedral le veo santiguarse, se va pensativo y creo jamás imaginó que otro hecho por el que sería recordado fue por las siete cornadas que le infirió “Trianero”, de Mimiahuapan, en la navidad de 1950, siete cornadas en sus muslos en ese año y pasarían todavía 16 años para que dejara la ropa de torear. Solo la de luces, la campera la siguió usando con bastante frecuencia puesto que de continuo era requerido para actuar en festivales. Creo es el momento de reconocer el valor de este hombre que se decía era un espada medroso y paseo su arte durante largos 30 años por los ruedos de todo el orbe taurino.
COMO SIEMPRE fue su costumbre, llegaba a la San Marcos y hacia ejercicio por bastante tiempo, siempre con el torso desnudo, por lo general en traje de baño, corría, banderilleaba en el aparato, hacia quites, largas faenas y posteriormente subir a las gradas y enfrascarse con varios amigos, y su servidor, en esos momentos relatados de nuestra alternancia y que comentaba le superaba, y “Calesero”, el maestro, “cooperaba” con algún dinerito, conquianes hasta la media tarde y con placida charla.
QUIEN IMAGINARIA en esta fantasiosa visión mía, que al paso de los años casaría con una vecina de mis recién casados padres, con la señorita Alicia, hija de don Antonio Ibarra, y más todavía, la amistad que siempre he llevado con esa familia, con mi querido Alfonso, “Caleserito”, con José Antonio, “El Capitán”, y con Francisco, “El Curro”. Aseguro por lo mismo fue el primer espada al de alguna forma traté.
DON ALFONSO, “El Poeta del Toreo” es un icono de la torería mexicana, es el torero al que “Curro” Romero no pudo contratar, fue un hombre al que si se le tomaba una radiografía…
EL 24 de diciembre de 1939 tomó la alternativa en “El Toreo de Cuatro Caminos” de manos del maestro Lorenzo Garza y testigo David Liceaga. Lo confirmó en Madrid, España el 30 de mayo de 1946 de manos de Pepe Luis Vázquez y testigo Pepín Martín Vázquez. Murió el 9 de noviembre de 2002, a la edad de 86 años y había nacido el 11 de agosto de 1916 en la casa por la que supuestamente acabo de pasar y me ha sugestionado a escribir, y recordar, a este hombre leyenda. El arte de su capote no tuvo limites, limites los tengo yo por motivos de espacio pero ya tendremos otra oportunidad de continuar recordando a un torero de los pies a la cabeza, el mismo que dejaba aroma a eso, a torero, por donde pasaba… Nos Vemos.

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