24 julio, 2021

QUINTA CORRIDA DE ABONO, SEVILLA, PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA. SALVADOR CORTÉS SALVA A VICTORINO DEL PETARDO.

Jueves 28 de abril del 2011… Toros: Seis de Victorino Martín, desiguales de presentación, débiles en conjunto, pitados la mayoría, carentes de bravura. El segundo fue bueno y el sexto se dejó.

Jueves 28 de abril del 2011… Toros: Seis de Victorino Martín, desiguales de presentación, débiles en conjunto, pitados la mayoría, carentes de bravura. El segundo fue bueno y el sexto se dejó.
Toreros: Juan José Padilla, al primero de la tarde lo mató de entera traserita: palmas. A su segundo le pegó una estocada de libro: al tercio. Manuel Jesús “El Cid”, un pinchazo y entera a medio lomo en el segundo: al tercio inmerecidamente. En el quinto logró matar de buena entera: silencio.
Salvador Cortés, en el primero de su lote mató de tres cuartos de estoque en los alrededores del rincón: palmas. Al sexto le pinchó en lo alto para luego atizarle una entera de verdad: vuelta con fuerte petición de oreja.
El encierro de Victorino vino a Sevilla con el listón muy bajo y por eso la gente fue más generosa con el ganadero. Para este encaste, varios toros pesaban casi cien kilos más de lo adecuado y tradicional. La debilidad y la sosería fueron –desgraciadamente- el leitmotif del festejo.
El Ciclón de Jerez, el siempre auténtico y valiente Juan José Padilla, tuvo dos momentos cumbres en la tarde de hoy. Estos ocurrieron durante la lidia del cuarto victorino. Primero pegó una serie de verónicas templadísimas, rematadas con dos medias verónicas elegantes a más no poder, y una media larga cordobesa de cartel. No cabe duda que el arte está presente en todos los toreros y que Juan José está siempre en plan de agradar y lucirse cuando esto sea posible. Luego coronó su faena con una estocada que debe ser un modelo para los aprendices de aficionados que tanto alaban el julipié: hay que entregarse, dar el pecho, pasar, y pasarse el pitón por el muslo derecho. El toro rodó como la proverbial pelota y en otros ayeres de más sapiencia popular, le hubiera sido concedida por lo menos una vuelta al ruedo.
Del diestro de Salteras, Manuel Jesús Cid, poco bueno hay que anotar. Se le fue enterito su primer enemigo. Después de sufrir una cogida por detener el engaño a medio pase, las zapatillas del torero parecieron tener voluntad propia y gran energía, es decir, la quietud brilló por su ausencia. En el quinto, un animal que por momentos parecía estar disecado, El Cid se dedicó a sumarse al nutrido sindicato de los toreros aburridores, no sé si me explique.
Salvador Cortés, el gran e incomprendido torero del Aljarafe, se enfrentó en primer lugar a un toro que parecía bueno, pero que aguantó menos que un plato de jamón en una convención de obesos. Salvador pegó buenas tandas de derechazos pero sin llegar a transmitir de verdad porque el toro se apagó con rapidez.
Otra cosa pasaría con el que cerró plaza, mismo que le brindó a su hermano, el colosal e infortunado banderillero Luis Mariscal. Ahí Cortés estuvo cumbre, y a base de citar con verdad y de consentir al bicho, logró tandas de naturales espléndidos. Eso se llama templar, torear con ritmo, geometría y dimensión. Se tiró sobre el morrillo al primer envite pero pinchó en lo alto, antes de cobrar una estocada entera de muy buena factura. Insisto, en otros tiempos, mejores y ya olvidados, eso valía una oreja.
Apuntemos como colofón que Victorino debe tener buena relación con el Todopoderoso, pues sus evidentes plegarias para que el sexto animalito durara y le entendieran, fueron escuchadas; evitándole así el ser puesto en el mismo costal que Dolores Aguirre y otros ganaderos que han petardeado de lo lindo en lo que va del serial sevillano.

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