29 julio, 2021

QUINTA NOVILLADA DE LA TEMPORADA DE LA PLAZA DE TOROS MÉXICO, EL SELLO Y LA ENTREGA DE ANTONIO GALINDO.

Domingo 21 de agosto del 2011. Novillos: Seis de San Antonio de Padua, bien presentados y de juego variado. El segundo y el cuarto fueron aplaudidos en el arrastre.
Novilleros: Manolo Olivares, mató de dos pinchazos y un bajonazo al que abrió plaza: silencio. Al cuarto lo despachó de casi media desprendida, dos pinchazos y tres descabellos: aviso y división de opiniones.
Juan Vicente, al segundo de la tarde se lo quitó de enfrente con una entera caída, un descabello y un bajonazo que caló: aviso y silencio. Al quinto lo pasaportó de un pinchazo y un golletazo: aviso y pitos.
Antonio Galindo, al tercero lo mató de entera: silencio. Al que cerró plaza le recetó un estoconazo: oreja.

Domingo 21 de agosto del 2011. Novillos: Seis de San Antonio de Padua, bien presentados y de juego variado. El segundo y el cuarto fueron aplaudidos en el arrastre.
Novilleros: Manolo Olivares, mató de dos pinchazos y un bajonazo al que abrió plaza: silencio. Al cuarto lo despachó de casi media desprendida, dos pinchazos y tres descabellos: aviso y división de opiniones.
Juan Vicente, al segundo de la tarde se lo quitó de enfrente con una entera caída, un descabello y un bajonazo que caló: aviso y silencio. Al quinto lo pasaportó de un pinchazo y un golletazo: aviso y pitos.
Antonio Galindo, al tercero lo mató de entera: silencio. Al que cerró plaza le recetó un estoconazo: oreja.
Antonio Galindo, el novillero de Apizaco, Tlaxcala, salvó la tarde. En el primero de su lote, un bicho manso, tardo y totalmente distraído, Toño intentó todo con capote y muleta, pero era como tratar de alegrar a un sofá. Le buscó las cosquillas en todos los terrenos y sólo pudo arrancarle tres o cuatro muletazos artísticos entre el vendaval.
Para cuando salió el sexto, la tarde se había vuelto larga como un día sin pan. Galindo salió con el corazón por delante y recibió al bicho con tres faroles de rodillas ajustadísimos. Luego lanceó a la verónica y remató con un media y la brionesa para ser ovacionado. Llevó el toro al caballo con chicuelinas andantes y quitó por suaves mandiles. En el tercio de banderillas Diego Martínez se desmonteró por dos excelentes pares, especialmente por uno al sesgo por fuera.
El novillo tuvo poco gas, pero Toño le entendió a la perfección y se gustó en elegantísimos y largos derechazos y naturales, acompañando con la cintura e imprimiendo a cada muletazo un temple prodigioso. Antes de que el toro claudicara en definitiva, el muchacho tlaxcalteca abrochó el trasteo con manoletinas y a continuación se volcó sobre el morrillo como el proverbial león, cobrando una estocada fulminante. La oreja fue pedida por la mayoría de los parroquianos y concedida finalmente por el remolón juez de plaza.
Galindo es un torero que va a poner la plaza de cabeza el día que le salga un novillo bravo y repetidor. Ojalá le vuelvan a anunciar pronto. Manolo Olivares estuvo valiente en su primero, siendo cogido hasta en tres ocasiones por un bicho complicadísimo, avisado y bronco. Afortunadamente, no hubo un percance serio que lamentar. Mucha mejor suerte tuvo en el cuarto, un zapatito que embestía con nobleza inaudita. Ahí Olivares se cansó de pegar mantazos a diestra y siniestra, sin componer la figura y dando una cátedra de lo que es torear fuera de cacho. Un novillero debe cuidarse mucho de aburrir tanto al respetable, y para que le vuelva a tocar un burel así de fácil…
¿Qué podemos decir de Juan Vicente, un español bastante mayorcito (32 años) que no demostró mayores aptitudes para esta difícil profesión? Pues que en el segundo de la tarde, un astado colaborador como el que más, logró emocionar un poco al respetable con medios muletazos, sueltos y embarullados. Nos quedamos con su quite por tafalleras y chicuelinas antiguas y algún natural de buen trazo y geometría.
Al quinto novillo ni lo vimos, pues Vicente anduvo perdido en un mar de dudas. Poco rodaje quizá, pero poca entrega también. Bueno, el émulo de “Corralito” puede decir que ya toreó en la plaza más grande del mundo y pare usted de contar.
En suma, si a Toño Galindo le hubieran tocado los cornúpetos lidiados en segundo y cuarto lugar, estaríamos todavía toreando de salón afuera de la plaza. Y sin ánimo de ofender, creo que Oivares y Juan Vicente deben ir pensando seriamente en otro modus vivendi.

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