23 julio, 2021

RECORDANDO A MI OTRO PRIMO TORERO: MANOLO CARMONA BAZAN.

Parece que fue ayer cuando supe la triste noticia de la muerte del último torero de la dinastía Martín Vázquez, mi mentor y primo Pepín. Esto sucedía el domingo 27 de febrero del corriente año y hace cuatro días volví a entristecerme al leer en el portal SEVILLATORO.COM que el jueves 30 de junio Manolo Carmona, después de una larga enfermedad, había fallecido en Sevilla. Manolo había nacido en esa misma ciudad en el barrio de la Macarena el día 22 de febrero de 1928, y al fallecer contaba con 83 años.

Parece que fue ayer cuando supe la triste noticia de la muerte del último torero de la dinastía Martín Vázquez, mi mentor y primo Pepín. Esto sucedía el domingo 27 de febrero del corriente año y hace cuatro días volví a entristecerme al leer en el portal SEVILLATORO.COM que el jueves 30 de junio Manolo Carmona, después de una larga enfermedad, había fallecido en Sevilla. Manolo había nacido en esa misma ciudad en el barrio de la Macarena el día 22 de febrero de 1928, y al fallecer contaba con 83 años. Curiosamente, la misma edad que tenía Pepín al abandonar este mundo. El torero fue velado en el tanatorio de San Jerónimo y el día 1 de julio sus restos mortales fueron incinerados en el Cementerio de San Fernando de Sevilla.
Esta mala noticia me ha hecho recapacitar sobre el torero y el hombre que acaba de dejarnos. Manolo Carmona Bazán era otro diestro que, como yo, por la línea materna estaba relacionado con los Martín Vázquez y que, debido a ese parentesco, y a vivir en la Macarena cerca de ellos, se motivó para ser torero. La madre de Manolo era prima hermana de mi madre y de la de Pepín, quienes eran hermanas. Por lo tanto Carmona era primo segundo de Pepín y mío, y los tres compartimos el nombre Bazán, como segundo apellido.
A diferencia de los Martín Vásquez y mía, que después de nuestros años en los ruedos tomamos otros derroteros profesionales, Manolo dedicó su vida profesional al toreo. Por unos años fue un novillero y un matador de toros notable, luego un excepcional banderillero, y desde su retiro del toreo activo hasta que su salud le permitió, ejerció como veedor, y estuvo envuelto en otras actividades taurinas, como por ejemplo, asesor artístico de la presidencia de la Plaza de Toros la Maestranza.
He aquí una breve semblanza de su carrera taurina. Los datos han sido extraídos del libro LOS TOROS de Cossío y de otras fuentes en el Internet. Carmona comenzó sus actividades en los ruedos en el año 1946 en Tudela y debutó como novillero con caballos en el año 1947. Hizo su presentación de novillero en la Maestranza sevillana el 20 de junio del 1948, actuando con Trujillano y Torrecilla y lidiando utreros de Francisco Chica, y en esta plaza tuvo sonados triunfos. Al año siguiente, el 19 de septiembre se presentó en Madrid, lidiando novillos de Escudero Calvo—hoy Victorino Martín—, compartiendo el cartel con Honrubia y Diamante Negro. En la temporada 1949 toreó 29 novilladas obteniendo considerables éxitos, lo que le hizo decidir pasar al escalafón superior. El torero macareno tomó la alternativa en Sevilla, de mano de Paco Muñoz y con Rafael Ortega de testigo, el 9 de abril del 1950 en la clásica Corrida del Domingo de Resurrección. Los toros lidiados eran de Guardiola Soto. En la Feria de Abril de ese año actúo dos tardes, resultando ser el triunfador del ciclo. Terminó la temporada habiendo toreado 22 corridas.
Confirmó su alternativa en Madrid el 25 de marzo del 1951, con el mexicano Cañitas de padrino y el madrileño Manolo Escudero de testigo, lidiando astados de Enriqueta de la Cova. Esa tarde Carmona fue herido de gravedad por el segundo toro de su lote. También fue herido de nuevo en la misma plaza el 30 de septiembre. Actuó en 16 corridas esa temporada, y toreó un similar número de festejos en la temporada del 1952, siendo el triunfo más resonante el que obtuvo en Madrid en la histórica Corrida del Montepío de Toreros, celebrada del 12 de octubre del 1952, en la que, lidiando toros de El Conde de la Corte, Antonio Bienvenida, Juan Silveti y él salieron en hombros por la Puerta Grande. A pesar de ese triunfo los números de corridas toreadas por Carmona descendieron notablemente en las temporadas del 1953 y 1954, en parte debido a las varias cogidas graves que sufrió, entre ellas, dos más en Madrid y una en Sevilla. Sus contratos escasearon aun más en el 1955 y 1956, por lo que Manolo decidió irse a México para probar fortuna. Pero allí tampoco la suerte le ayudó, ya que un toro le fracturó una rodilla en Tijuana, de cuya lesión tardó mucho tiempo en recuperarse. Así, que en el año 1959, ya en España, desanimado por no avanzar en su carrera, optó por vestir el traje de plata en vez del de oro.
En la capacidad de banderillero, mi primo Manolo fue un subalterno excepcional que militó, entre otras, en las cuadrillas de Antonio Ordóñez, Manolo Vázquez, Chamaco, Rafael de Paula y Diego Puerta. Acompañó a este último espada durante nueve temporadas. Con las banderillas simplemente cumplía, pero sobresalía sobremanera en la brega con el capote, con el que toreaba con temple y eficacia, mostrando su gran conocimiento del toro al darle siempre la lidia apropiada.
Manolo desde su debut en Sevilla, siempre que toreaba en el ruedo maestrante me regalaba una entrada, así que fui testigo de sus triunfos en esa plaza como novillero y como matador. Entonces yo era un muchachote que aspiraba a ser torero, y recuerdo como viéndolo actuar soñaba con triunfar ante mis paisanos como él lo estaba haciendo. Puedo atestiguar que en esas actuaciones el diestro macareno mostraba tener un estilo sobrio, basando sus faenas en el toreo básico, la verónica, el natural, el derechazo y el pase de pecho. Toreaba con temple, firmeza, entrega y dominio, teniendo un buen concepto de la lidia. Su estilo era el típico de un torero clásico castellano, pues no era dado al adorno, y además carecía del pellizco que adereza a lo que denominamos toreo sevillano. El que de matador lo castigaran tanto los toros, lo que tanto le perjudicó en su carrera, era más cuestión de mala suerte, que de tener falta de técnica y dominio, ya que era un buen y seguro lidiador.
Aparte de cómo me inspiró al verlo torear en Sevilla, Manolo no influyó en mi estilo de torear, pues nunca entrené con él ni tampoco me llevó a tentaderos, pues yo estaba muy metido con mi mentor Pepín, con quien Manolo, aunque eran amigos, entonces no se relacionaba taurinamente. Ahora bien, con Carmona compartí una experiencia que se quedó grabada en mi mente para siempre, pues junto a él actué por primera vez en público. Esto sucedió en el cuartel de infantería, situado en la Plaza del Duque en Sevilla, en donde se acondicionó el picadero para el 7 de diciembre del 1949 dar un festival en honor de la Virgen de la Inmaculada, Patrona del arma de infantería. El cartel lo componían Jaime Malaver, Manolo Vázquez y mi primo, que eran entonces novilleros punteros y estaban haciendo el servicio militar en Sevilla. Los tres mataron un novillo cada uno y yo, que complementaba el cartel, por mi padre ser un teniente coronel del regimiento que allí se acuartelaba, lidié y maté una seria vaca. Después, no volví a actuar con mi primo como me hubiera gustado, pues hasta que Manolo tomó la alternativa en el 1950, yo solo era un aspirante a torero y, cuando yo la tomé en el 1955, mi primo ya apenas toreaba.
En cambio, nuestras familias tenían una cordial relación y como vivíamos muy cerca nos visitábamos a menudo. Manolo era un hombre modesto, no dado a presumir de sus logros y, aunque tenía un carácter serio y reservado, al mismo tiempo era afectuoso, y a mí me agradaba hablar con él. La última vez que lo hice fue telefónicamente en abril del 2010, cuando visitaba Sevilla. Lo llamé para que nos viéramos para charlar y tomar café. Me dijo que desde hacía algún tiempo se sentía regular, y que no iba a ser posible que nos reuniéramos, al menos que él se sintiera mejor. Esto no sucedió, pues después de yo estar de vuelta en América, supe por mi familia que la salud de Manolo, fue de mal a peor, a tal punto que tuvo que ser internado en una residencia para recibir la apropiada atención.
A Manolo los toros le dieron muchas cornadas las que pocas secuelas le dejaron, y si las hubo, las superó para seguir enfrentándose al peligro en los ruedos. Ahora bien, la vida lo hirió como ningún toro logró hacerlo, pues no hay peor caso para un padre que el perder a un hijo cuando apenas empieza a ser hombre. Pues bien, desgraciadamente mi primo perdió dos al mismo tiempo, ya que sus dos hijos varones se ahogaron cuando practicaban la pesca submarina.
Tal vez, ahora en el más allá, Manolo Carmona se haya reencontrado con los hijos que tanto habrá añorado en esta tierra…le deseo con toda mi alma que descanse en paz junto a ellos.

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