20 septiembre, 2021

RESUMEN DE LA FERIA DE LAS FALLAS DE VALENCIA 2011, ESPAÑA.

Con la intención de que el lector tenga un concepto general de los resultados de algunas ferias de la temporada taurina europea del 2011, resumo lo más relevante sucedido en el abono de esas ferias.
Mi método es simple, primero hago algunos comentarios generales sobre el abono de la feria.

Con la intención de que el lector tenga un concepto general de los resultados de algunas ferias de la temporada taurina europea del 2011, resumo lo más relevante sucedido en el abono de esas ferias.
Mi método es simple, primero hago algunos comentarios generales sobre el abono de la feria. Luego, añado una lista con los carteles, mostrando los resultados de toros y toreros en forma de reseña, según los datos obtenidos de la prensa que aparecen en el Internet. A continuación menciono cualquier acontecimiento o dato importante relacionado con el abono ferial y el resultado económico, basado en la asistencia de público a la plaza. Finalmente, comento algo más detenidamente sobre los diestros que han conseguido sobresalir en sus actuaciones y, además, en un anexo informo sobre los premios que pudieran haber sido concedidos a los triunfadores de la feria por las instituciones locales.
Advierto que trato de moderar mis opiniones particulares, ya que estos resúmenes están basados en la información difundida por los medios de comunicación. Sin embargo, las muchas imágenes, videos, e incluso de retrasmisiones televisivas de corridas, que ahora pueden verse en la pantalla chica del Internet, me ayudan tremendamente para escribir con más apreciación los resúmenes de las ferias.
Introducción.
La Feria de las Fallas de Valencia es la primera feria de la temporada española que toma lugar en una plaza de primera categoría. El abono de la feria del 2011 se compuso de dos novillada con caballos, un festejo de rejones y ocho corridas de toros, los que suman un total de once festejos. Además, se dio una novillada sin caballos, la que no se incluye en este resumen.
El abono se inició el sábado 12 de marzo con una corrida de toros, que inauguraba la plaza remozada, y concluyó el domingo 20 del mismo mes con dos festejos, una novillada por la mañana y una corrida de toros por la tarde.
En los festejos mayores entraron 23 matadores, con todas las figuras presentes, quienes actuaron en solo un festejo, excepto por el maestro valenciano Enrique Ponce que hizo doblete.
Continuaré este resumen primero anotando los carteles de los once festejos con los resultados en forma de breves reseñas, según se informó en la prensa. Luego, haré algunos comentarios, primero sobre los resultados económicos y sobre el ganado lidiado, y concluiré diciendo algo más específico sobre los toreros triunfadores. Además añadiré un apéndice anotando los ganadores de los diferentes premios a la excelencia otorgados por algunas instituciones.
Carteles con reseñas.
Las siguientes son las reseñas de los once festejos del abono de la feria valenciana que fueron compuestas con datos aparecidos en la prensa: Valencia, sábado12 de marzo. 1ª de Fallas, reinauguración de la plaza. Dos astados de Toros de Cortés,1º y 2º, y cuatro de Victoriano del Río (bonitos de presentación, pero descastados, faltos de fuerza, y de movilidad, en conjunto, el quinto tuvo que ser apuntillado en el ruedo por caerse y no poder levantarse) para Enrique Ponce (saludos; silencio), Vicente Barrera (silencio tras aviso; silencio; oreja en el sobrero de regalo) y El Juli (oreja más petición; ovación). Entrada: lleno de “no hay billetes”.
Valencia, domingo 13 de marzo. 2ª de Fallas. Toros de Jandilla -el sexto con el hierro de Vegahermosa, (bien presentados, descastados y escasos de fuerza, excepto el 4º que fue repetidor y muy noble) para Rivera Ordóñez (silencio; oreja), El Fandi (silencio; oreja) y Alejandro Talavante (silencio; silencio tras dos avisos). Entrada: 3/4.
Valencia, lunes 14 de marzo. 3ª de Fallas. Novillos de Javier Molina (descastados y deslucidos, el más manejable el 4º y complicado el 5º) para Thomas Dufau (ovación; oreja), Juan del Alamo (oreja; ovación tras aviso) y Jesús Duque (aplausos tras aviso; oreja tras aviso). Entrada: ¼.
Valencia, martes 15 de marzo. 4ª de Fallas Toros de Alcurrucén (serios y bien presentados, y de juego variado; cuatro con dificultades, acentuadas por el viento reinante; destacaron los nobles y encastados 5º y 6º) para Miguel Abellán (silencio tras aviso en ambos), Juan Bautista (silencio; oreja) y Leandro (silencio tras aviso; oreja tras aviso). Entrada: ½.
Valencia, miércoles 16 de marzo. 5ª de Fallas. Toros de Fuente Ymbro (bien presentados y de buen juego en líneas generales, sobresaliendo el repetidor 2º , el noble 5º y el encastado 6º; el 4º fue el más complicado) para Curro Díaz (saludos; saludos), Matías Tejela (silencio tras aviso; oreja tras aviso) y Rubén Pinar (saludos tras petición; ovación tras aviso). Entrada: ½.
Valencia, jueves 17 de marzo. 6ª de Fallas Toros de Núñez del Cuvillo (justos de trapío, nobles y manejables en general, pero escasos de fuerza y justos de casta, el 4º y el 6º complicados) para Morante de la Puebla (ovación; pitos), José María Manzanares (oreja; ovación tras aviso) y Daniel Luque (silencio; ovación). Entrada: lleno.
Valencia, viernes 18 de marzo. 7ª de Fallas. Tres toros de San Mateo, 1º, 2º y 4º, dos de San Pelayo, 3º y 5º, y un sobrero de Zalduendo, el 6º bis, (de justa presentación y casta, nobles y manejables, en conjunto; el 4º fue encastado y el sexto fue rechazado por falta de fuerza, mientras que el sobrero de Zalduendo presentó dificultades; el 3º deslucido al partirse el pitón) para El Cid (oreja; oreja; salida a hombros), Miguel Ángel Perera (oreja; oreja; salida a hombros) y Cayetano (silencio; silencio). Entrada: lleno.
Valencia, sábado 19 de marzo, matinal. 8ª de Fallas. Toros de Fermín Bohórquez (de juego variado; sobresalieron el 3º y el 5º) para los rejoneadores Rui Fernández (oreja), Andy Cartagena (saludos), Alvaro Montes (saludos), Sergio Galán (oreja), Leonardo Hernández (dos orejas; salida a hombros) y Manuel Lupi (silencio tras aviso). Entrada: 3/4.
Valencia, sábado 19 de marzo, tarde. 9ª de Fallas. Toros de Las Ramblas, el 3º como sobrero (irregularmente presentados, descastados y escasos de fuerza, excepto el sexto, que fue noble y manejable, aunque también flojo) para Juan Mora (silencio; silencio), Enrique Ponce (ovación tras aviso; silencio) y Sebastián Castella (silencio y oreja). Entrada: lleno.
Valencia, domingo 20 de marzo, matinal. 10ª de Fallas. Novillos de Guadaira (deslucidos por su falta de clase y con genio en el último tercio; el 2º el más manejable) para Miguel Jiménez (silencio; saludos), Diego Silveti (saludos; saludos tras aviso) y López Simon (vuelta tras petición; saludos tras aviso). Entrada: ¼.
Valencia, domingo 20 de marzo, tarde. Ultima de Fallas. Toros de Adolfo Martín (bien presentados y bien armados, pero faltos de fuerza y raza en conjunto; algo mejores el 5º y el 6º ) para Rafaelillo (silencio en ambos), Tomás Sánchez (oreja tras aviso; ovación tras dos avisos) y Alberto Aguilar (ovación; oreja y herido).Entrada: ½.
Comentarios.
Las entradas.
Por los datos que aparecen en estas reseñas podemos apreciar que los espectadores llenaron la plaza en los festejos de los días 12, 17,18 y 19; que cubrieron tres cuartas partes del aforo en las corrida del día 13 y en la de rejones; que hubo media plaza cubierta en las corridas de los días 15, 16 y 20; y que apenas se cubrió un cuarto del aforo en las dos novilladas picadas. La asistencia a la plaza, considerando la crisis económica existente, ha sido aceptable, pero algo inferior a la de la Feria de Fallas anterior.
El ganado bravo.
Aunque no se lidió ningún excepcional encierro en las ocho corridas de toros, fueron notables los buenos encierros de Fuente Ymbro y de San Mateo y San Pelayo, que estuvieron bien presentados para satisfacer al aficionado, y en los que más de la mitad de sus toros tuvieron bravura y nobleza para facilitar el triunfo de los toreros.
Por otro lado, desilusionaron los prestigiosos encierros de Victoriano del Río y Jandilla, Núñez del Cuvillo y de Las Ramblas que, salvo que uno o dos toros de cada encierro que tenían una nobleza pastueña, en general sus pupilos fueron descastados, sosos y faltos de fuerza y presencia, careciendo del poderío y la casta que da emoción al hacer de los toreros. En esta categoría también entran las novilladas de Javier Molina y de Guadaira.
Un caso aparte fue corrida de Adolfo Martín, el único encierro torista que se lidió en la feria. A pesar de que los toros blandearon, que estuvieron escasos de casta, que uno saltó la barrera y que otros lo intentaron, y que tenían un peso moderado; la presencia, la seriedad que da el ser cinqueño, las enormes cornamentas y el peligro sordo que no permitía un descuido, hicieron que la lidia de estos toros, sino brillante, al menos fuera ininteresante. Solo uno, el sexto, fue algo manejable.
Los trofeos.
A los 49 toros lidiados por los matadores de toros en las ocho corridas se les cortaron un total de 15 orejas, y a los seis toros de rejones los caballeros les cortaron cuatro más, mientras solamente dos de los doce novillos se fueron al desolladero faltándoles un apéndice. En total en los once festejos se concedieron 21 orejas. La considerable cantidad de trofeos concedidos no significa que la feria haya tenido un resultado artístico excelente, el calificativo es apenas de bueno, pues varios de los trofeos no eran dignos de una plaza de primera. No obstante, no se puede acusar a la presidencia de ser generosa, ya que los presidentes otorgaron las orejas de acuerdo con el reglamento, al ser mayoritarias todas las peticiones.
Los triunfadores.
Matadores de toros.
Los 15 apéndices concedidos a los matadores de toros en las Fallas se distribuyeron así: El Cid y Perera, dos orejas y salida por la Puerta Grande; y el Juli, Barrera, Paquirri, El Fandi, Juan Bautista, Leandro, Tejela, Manzanares, Castella, Tomás Sánchez y Alberto Aguilar, una oreja.
El Cid y Perera.
Manuel Jesús “El Cid” y Miguel Ángel Perera han sido los dos únicos matadores que en esta Feria de Fallas han abierto la Puerta Grande del coso valenciano, y ambos hicieron méritos para ello, cortándole una oreja a cada toro de su lote del buen encierro de San Mateo y San Pelayo, propiedad del matador retirado El Niño de la Capea. A Cayetano, el tercer hombre en el cartel del festejo del viernes 18, le persiguió la mala suerte esa tarde, pues tuvo que abreviar con su primer toro por romperse un pitón, y luego se enfrentó con un complicado sobrero de Zalduendo, que sustituía al noble titular por haberse lastimado una pata. Fue silenciado en sus dos intervenciones.
El Cid, quien terminó la pasada temporada ya fuera del bache en que se hallaba al empezarla, y que ha completado una fenomenal campaña invernal sudamericana, en esta primera feria de primera ha reafirmado que sigue siendo una gran clásica y poderosa figura del torero. Se enfrentó con dos toros nobles, el primero pastueño y con las fuerzas justas, y el cuarto encastado y repetidor. Sus dos faenas tuvieron similares planteamientos, pues ambas se basaban en el toreo fundamental, en el que temple, la prestancia y la ligazón le permitieron al sevillano construir unas series de largos derechazos y naturales, rematadas con ajustados pases de pecho, y con algunas que otras trincherillas recortes y otros adornos. La diferencia entre sus faenas fue que la segunda resultó más vibrante que la primera, pues el toro era más picante. Mató a su primero de una buena estocada y paseó una oreja, mientras que pinchó a su segundo, antes de cobrar la estocada, lo que redujo el premio a un trofeo en una faena digna de dos.
Perera, después de sus firmes, arriesgados y emocionantes principios de faena con bien medidos precisos cambios en los medios, que calentaron de inmediato al público, continuó, como El Cid, haciendo un toreo serio y fundamental. Ejecutó varias series de pases con ambas manos muy templados y largos, pero como sus toros tenían menos fondo que los del sevillano, tuvo que dar más descansos entre serie y serie de muletazos. Ahora bien, cuando sus astados se vinieron algo abajo, el extremeño recurrió al ensimismo, y sin esfuerzo aparente, con una firmeza, maestría y dominio ejecutó perfectos circulares, adornos y desplantes, con tal frío valor, que asustaban, pues en varios instantes las puntas de los pitones parecían rozar los bordados del vestido de luces. Dos arrimotes, sí, pero fueron efectuados con tal prestancia que estaban coloreados con clase y elegancia, con pocos trazos de tremendismo. En cambio, en la suerte suprema hubo defectos, pues mató de una estocada caída al segundo y de una atravesada al quinto, lo que no quitó que justamente se le premiara con una oreja de cada toro. Sin duda Miguel Ángel ha encontrado de nuevo el sitio que tenía en sus mejores momentos.
El Juli y Vicente Barrera.
En corrida de toros que abrió el ciclo ferial, celebrada el sábado 12, el diestro madrileño El Juli se llevó la primera oreja otorgada en la feria, en un festejo en que cinco de los pupilos de Victorino de Río frustraron los deseos de triunfo de los maestros valencianos Enrique Ponce y Vicente Barrera, este cortaría una trofeo al sobrero de Zalduendo que regaló. El Juli se llevó un toro encastado y repetidor que necesitaba un torero que le pudiera, y se encontró con un gran maestro que se impuso a base de componer muy ligadas series de derechazos y naturales, en las que la muleta barría la arena en cada pase, haciendo que el repetidor animal siguiera el engaño en una larga trayectoria sin poderlo tocar. A las series de los pases fundamentales le siguieron unos pases de adornos que cerraron una faena de dos orejas, que solo fue premiada con una por pinchar antes de cobrar una certera estocada. Intentó el lucimiento con el manso y soso sexto, que cabeceaba y se quedaba corto y exponiendo mucho, logró tener buenos momentos. Falló con los aceros y fue ovacionado. Así juzgó Andrés Amorós en ABC la gran faena del maestro:
El Juli mandó en el toreo en el 2010 por técnica, ambición y afición. ¿Será capaz de mantener ese nivel esta temporada? Es capaz. El momento culminante de la tarde es el tercero, el mejor toro de la muy floja corrida, pero El Juli sabe aprovecharlo de principio a fin, sin un resquicio. Lo recibe ya con buenas verónicas, cargando la suerte. Lo cuida en varas. La faena de muleta demuestra su dominio absoluto: pases naturales y cambiados, por uno y otro lado, de frente y por detrás. Le deja la muleta en la cara, lo lleva prendido. Le funciona la cabeza: cuando se apaga, le busca las vueltas con circulares. Es faena clara de dos orejas, que se queda en una por pinchar una vez.
En el mismo festejo, el veterano diestro valenciano Barrera, quien actuaba por última vez en Las Fallas en esta su campaña de despedida del toreo activo, se encontró con dos de los cinco deslucidos y endebles toros de Victorino de Río, a tal punto, que el quinto, a mediados de la faena, se echó para no levantarse más, teniendo que ser apuntillado en el ruedo. Entonces, algo imprevisto sucedió, pues Barrera les pidió permiso a sus compañeros para lidiar un sobrero de Zalduendo y al presidente, y después de algunos titubeos, pues el reglamento no es claro en este particular, su petición fue aceptada. En esos momentos comenzó a diluviar, y lo mismo que el agua se escurría por los desagües de la plaza, el público, huyendo del chaparrón, abandonaba los tendidos. El poco público que quedaba pidió la oreja para el diestro, después de este completar bajo la lluvia una faena voluntariosa y deshacerse del descastado y soso animal con un estoconazo. Sin pensarlo mucho, el presidente concedió un trofeo de paisano, no propio de una plaza de primera.
Rivera Ordóñez y El Fandi.
En la segunda corrida también se lidió otro encierro de Jandilla, del que cuatro toros eran descastados, sosos y faltos de fuerza, mientras que uno, el cuarto fue muy noble y bravo, y el quinto, sin ser bueno, tuvo más movilidad que los cuatro primeros. A Rivera Ordóñez “Paquirri” le tocó el bueno, y a Fandi el regular, y ambos les cortaron una oreja. Alejandro Talavante, que completaba el cartel, a pesar de estar queriendo en ambos toros y de tener algunos momentos notables, se fue de vacío, oyendo silencios al completar sus intervenciones, al igual que los oyeron sus compañeros al matar a sus primeros toros.
Paquirri, a su primero, un toro manejable pero soso y sin transmisión, lo banderilleó con facilidad oyendo los primeros aplausos de la tarde. Luego con la muleta trató por ambos lados, consiguiendo solo pases bien logrados, pero sin cuajar faena. Mató de pinchazo y media estocada, siendo silenciado. Por el contrario en el cuarto, el bueno del encierro, con el capote le hizo un buen quite por chicuelinas, lo banderilleó con facilidad, y con la muleta le cuajó una limpia y templada faena, toreando con maestría. Las series de derechazos fueron mejores conseguidas que las de naturales, en los que faltaron algo de ajuste. De nuevo su hacer subió de tono con unos circulares finales. Mató de una estocada baja y trasera, lo que no evitó que paseara una oreja, pues hubo una petición mayoritaria.
La otra oreja la cortó El Fandi al toro quinto, el que prometía ser más que lo fue, pues después de tener movilidad en los dos primeros tercios, dio poco de sí en el último. Con el capote le dio unas templadas verónicas, aliviándose con unas chicuelinas, una combinación que se está poniendo de moda. Como es su norma, el granadino entusiasmó con las banderillas, oyendo los más fuertes aplauso en ese tercio. La faena de muleta fue irregular, pues el toro se vino abajo pronto. Comenzó su labor con una serie de derechazos de rodillas en tierra y la siguió de pie por el mismo lado. Las series fueron irregulares, pues el toro se apagaba por momento. Intentó usar la izquierda, pero el astado lo buscaba por ese lado. Mató de un estoconazo desprendido que causó que hubiera una petición mayoritaria, y que el presidente bondadosamente la concediera. Con el manso y débil segundo toro, que estaba más muerto que vivo, estuvo voluntarioso y excepto, por su actuación con los palos, su hacer no tuvo eco en los tendidos. Hubo silencio.
Juan Bautista y Leandro.
Otros dos trofeos se cortaron el martes 15 en la tercera corrida de toros. Juan Bautista y Leandro fueron los agraciados esa tarde, al lidiar los dos únicos encastados y nobles toros de Alcurrucén, el quinto y el sexto, pues tanto Miguel Abellán, el primer espada, como los dos triunfadores poco notable pudieron hacer, a pesar de intentarlo, con los cuatro descastados y complicados toros restantes, en los que fueron silenciados. Bautista fue el primero en puntuar, al componerle una faena clásica al serio al noble toro que salió en quinto lugar. Con el capote, lo saludó con unas verónicas seguidas por movidas chicuelinas y una buena media. Brindó al público, para luego, con la muleta, continuar su hacer con dos templadas series de derechazos, seguidas por una de naturales. Las series fueron cortas, y algo faltas de hondura, por no obligar demasiado al toro. El astado se vino a menos al finalizar la faena, por lo que hubo entonces menos ligue y más pausas. Culminó su labor con unas ajustadas y elegantes bernardinas. Faena de maestro que, sin ser redonda, al terminarla con una estocada corta, mereció la oreja.
Esa misma tarde también Leandro toreó con inteligencia y maestría al buen sexto de Alcurrucén, el más serio del encierro. Pero el diestro castellano además de torear con esas cualidades, lo hizo con una firmeza, clase y empaque fuera de serie. Además, no estropeó su labor como en otras ocasiones con el mal uso de los aceros. Patricia Navarro, con las palabras precisas, aludió así a esa faena de Leandro en el diario madrileño LA RAZON:
Con mucha más emoción rematamos el festejo. Era Leandro. No, era el toro [el sexto]. ¿Eran los dos?… Leandro quiso lucirle y le dio espacio, distancia y tiempo. Lo dejó ver y poco a poco fue encontrando con él el empaque, el gusto, el tempo. Hizo bien en dejarle la muleta en la cara, semi muerta, y entregado el animal, tirar de ella para recrear así la ligazón del toreo. Sin tiempos en blanco…. Bonito Leandro, qué buen Alcurrucén. Manoletinas y esta vez sí, entró la espada tantas veces envenenada.
Matías Téjela.
En el festejo del miércoles 16 Curro Díaz, Matías Tejela y Rubén Pinar lidiaron un serio y encastado encierro de Fuente Ymbro, del que la critica, en general, concurre que al menos cuatro de los astados del encierro tenían condiciones para que se les cortaran alguna oreja. Sin embargo, solamente uno de esos toros fue arrastrado faltándole un apéndice. Curro, con el peor lote, estuvo voluntarioso y tuvo momentos en los cuales saltaron chispas de su artístico toreo, aunque no redondeó ninguna de sus faenas. Fue cogido y volteado peligrosamente al cobrar una estocada entera al cuarto. Pasó a la enfermería para luego volver al ruedo, declarando que solo estaba dolorido. Sin embargo, al día siguiente se informó que el diestro de Linares, al caer, se había fracturado dos costillas. Pinar estuvo muy decido y valeroso en sus dos intervenciones, completando su mejor faena al encastado tercero, al que mató de un pinchazo y una estocada corta. Hubo petición mayoritaria, la que el presidente decidió ignorar, tal vez con buen criterio, pues al afanoso hacer del albaceteño le faltó hondura y ligazón. No obstante, en días anteriores se han concedido trofeos por actuaciones con los mismos o menores méritos que la del albaceteño. Sin embargo, a Tejela el presidente sí otorgó una oreja del repetidor y bravo quinto toro, después de completarle una faena, que fue de menos a más, pues el madrileño tardó en acoplarse a las buenas condiciones del animal. Concluyó su tarea ejecutando una estocada, que cayó baja. De la actuación de Téjela en ese toro y de la oreja concedida, Andrés Amorós escribió lo siguiente en ABC: Téjela está ligerito, desigual; después de bastantes muletazos, consigue algunos buenos derechazos. La estocada queda desprendida pero le otorgan la oreja, una más de las demasiado fáciles de esta Feria.
José María Manzanares.
En la corrida del jueves 17 marzo, en la que Morante de la puebla dejó pinceladas de su inimitable arte, especialmente toreando con el capote y en partes de la faena a su primero, que duró hasta que el noble, débil y pastueño astado se rajó completamente, y en la que su paisano Luque solo pudo mostrar su voluntad por destacar, Manzanares fue el triunfador. El alicantino ilustró con su muleta como es posible ralentizar el toreo con un temple que hacia imposible distinguir entre el principio y el final de cada pase, pues duraban una eternidad. En su primer toro, un endeble y soso animal de Núñez del Cuvillo, tan falto de casta como otros cuatro de sus hermanos, el alicantino, haciendo gala de su inteligencia lidiadora, lo cuidó sin molestarlo y dándole sitio, lo metió en la muleta para completarle una elegante, medida y bien construida faena, en la que el temple era el eje para el éxito. Mató de una excelente estocada, marcando los tiempos, para que le otorgaran una más que merecida oreja. Este as de espada se olvidó matar al volapié al quinto toro, fallando al querer hacer la suerte recibiendo. Los resultados fueron varios pinchazos y un descabello que le hicieron perder dos orejas y el abrir la Puerta Grande. Sin embargo, este fallo no causará que la grandeza de la faena se olvide fácilmente, como apunta Jorge Casals en Aplausos.es:
Paró los relojes con un toreo a cámara lenta, lleno de pausa y despaciosidad ante un toro que fue a más en la muleta. Los adjetivos se quedan cortos a la hora de explicar la armonía de unos muletazos embraguetados a la bella figura del torero, que se enroscó siempre al toro llevándolo muy atrás. Los pases de pecho duraron una eternidad, dejándose al toro en el mismo sitió donde lo embarcó. El toreo al natural tuvo hondura y rotundidad. Se volcó el público con el torero. Quiso culminar tan bella obra en la suerte de recibir, pero pinchó en dos ocasiones y otras tantas más al encuentro. Se le esfumaron las orejas con la espada, con la que el alicantino siempre suele estar acertado.
Sebastián Castella.
Cinco de los toros del encierro que el ganadero de Las Ramblas envió para la corrida del Día de San José no poseían las mínimas cualidades bravas necesarias para que Juan Mora, Enrique Ponce y Sebastián Castella fueran capaces de lucir su torería. Menos mal que el noble sexto toro hizo posible que Castella devolviera la sonrisa a los frustrados espectadores que llenaban la plaza. El que no recuperó la sonrisa fue Ponce, pues con su lote no pudo obtener un trofeo, para así no irse de vacío de su feria. La suerte no estuvo de su parte en las Fallas, pues ninguno de los cuatro astados que lidió en sus dos festejos fue apto para el triunfo. No obstante fue ovacionado al completar sus intervenciones y al abandonar la plaza. Por otro lado, dos de esos descastados animales hicieron que Mora en su retorno a las Fallas, después de ocho años de ausencia, pasara sin pena ni gloria por el ruedo valenciano. Parecía que ese iba a ser también el sino del diestro francés, quien reaparecía, ya recuperado de la seria lesión que sufrió el 12 de febrero en Medellín, pues en su primer toro, como el extremeño en su lote, había sido silenciado. Entonces salió el toro Defensivo que, no haciendo honor a su nombre, cooperó con Castella para que el festejo terminara en una nota alta. Carlos Bueno en Burladero.com dice esto del toro y del torero:
Cumplió en el caballo, como el resto de sus hermanos. Pero a diferencia de ellos acudió presto al quite por chicuelinas, y el público despertó del letargo…Castella lo citó de lejos. Y el toro acudió. Y lo volvió a citar. Y volvió a arrancarse..Tuvo vibración ese inicio de faena. Después la labor decayó un tanto, cuando el toro bajó la intensidad de sus embestidas. Entonces, el francés, hizo alarde de su toreo de cercanías, de sus típicos circulares por la espalda, en un intento de que el favor de aquel público entregado no decayese. Luego mató de media estocada y descabello, y algunos, hartos de tanto aburrimiento anterior, llegaron incluso a pedir la segunda oreja.
Tomás Sánchez y Alberto Aguilar.
El domingo 20 de marzo por la tarde se cerró la feria con Rafaelillo, Tomás Sánchez y Alberto Aguilar enfrentándose a un serio encierro Adolfo Martín, compuesto por bien armados cinqueños que aunque descastados y sin sobrarle casta y fuerza, tenían un peligro latente que hacia que la emoción se sintiera en la plaza. Con ellos los héroes fueron Tomás Sánchez y Alberto Aguilar por jugarse el pellejo, mientras que el maestro Rafaelillo, un especialista con encierros de este tipo, estuvo por debajo de lo que de él se espera.
Tomás Sánchez actuó con firmeza y determinación para resolver los problemas que su toros le presentaban, lo que es de admirar si se considera que en la temporada pasada el espada solamente actuó en dos festejos. Su primer toro saltó al callejón nada mas salir al ruedo, y manseó en los dos primeros tercios, para luego en la muleta desarrollar sentido. La faena no fue ligada, pues el astado se descolocaba entre pase y pase miraba al torero más que al engaño, y este tenía que colocarse de nuevo. No obstante, insistiendo logró sacar algunas series cortas con lucidos pases. Cobró una buena estocada que necesitó de un golpe de descabello. Por su determinación se ganó una oreja. Con el quinto que tenía aun más dificultades, estuvo voluntarioso, aunque en algunos instantes se le notó la falta de sitio. Sufrió una fuerte voltereta al dar un pase de pecho, de la que salió ileso, y sin mirarse volvió a la cara del toro para seguir buscando el éxito. Tardó en matar y oyó dos avisos.
Aguilar tuvo que esperar hasta el sexto toro para dar su nota alta, pues en su descastado y difícil primer saltillo tuvo pocas opciones para lograr sobresalir, aunque si mostrar su determinación. Mató pronto de una media estocada trasera y fue ovacionado. El último toro era el más serio del encierro, con cerca de los seis años de vida, y al mismo tiempo el más manejable del encierro, pues humillaba y seguía los engaños. Sin más, el madrileño comenzó la faena en los medios citando de lejos con la muleta, para completar tres series de templados y largos derechazos, ejecutadas con clase, firmeza, mando y empaque. Al dar unos naturales se confió y fue cogido. Copiosamente sangrando por la pantorrilla izquierda continuó tranquilamente en la brecha, hasta, con sus facultades desminuidas, deshacerse del animal de un pinchazo y una estocada trasera. Pasó a la enfermería con una merecidísima oreja en la mano. El madrileño en Valencia ha dado un toque de atención de que es un torero de clase que las empresas deberían tener en cuenta.
Este es el parte facultativo de Alberto Aguilar, expedido por el cirujano de plaza Dr. Cristóbal Zaragoza:
Después de la lidia del sexto toro, pasa a la enfermería Alberto Aguilar, que presenta una herida por asta de toro inciso-contusa de unos 10 centímetros de extensión, situada en la cara anterior de la pierna izquierda, que secciona piel, tejido celular subcutáneo y aponeurosis. Sección del músculo tibial anterior, contusión de la arteria tibial anterior y sección parcial del músculo flexor. Ha sido intervenido bajo anestesia local y sedación en la enfermería de la plaza. Pronóstico reservado. Se traslada al paciente a la Casa de la Salud.
Novilleros y rejoneadores.
En las dos novilladas se concedieron dos trofeos, y cuatro en la corrida de rejones. Thomas Dufau, Juan del Alamo son los novillero que obtuvieron un trofeo cada uno, mientras que el rejoneador Leonardo Hernández cortó dos orejas y Rui Fernandes y Sergio Galán, una.
El lunes 14, en la primera novillada del ciclo ferial, el francés Thomas Dufau, el salmantino Juan del Alamo, ambos novilleros ya listos para la alternativa, y el novel valenciano Jesús Duque, quien actuaba en su segunda novillada picada, cortaron un trofeo cada uno a novillos de Javier Molina, que eran deslucidos y escasos de fuerzas y raza, aunque manejables. El fuerte viento existente que, a menudo hacia ondear los engaños como si fueran banderas, hizo más meritoria la labor del trío.
Juan del Alamo fue el primero en pasear un trofeo. Lo hizo completando una labor sólida al segundo novillo, animal con genio que no regalaba nada. Allí no había lugar para consolidar una faena, pero si para que el joven torero mostrara su capacidad torera para lucirse sobreponiéndose a las dificultades del novillo. Los puntos álgidos de su labor fueron unas buenas verónicas, un par de series de templados naturales y la media estocada con que terminó con el utrero. El premio fue merecido, como también lo fue la oreja que le otorgaron a Dufau al matar al cuarto, un novillo sin transmisión pero manejable. La faena del francés fue de más a menos, ya que el animal duró poco. No obstante, en todo momento el galo toreó con firmeza y temple, pero a la faena le faltó rotundez. No por su culpa, sino por la poca emotividad que transmitía el apagado animal. Mató de una buena estocada. Thomas se alternativara en una corrida de la próxima feria de Mont de Marsán en julio. Probablemente, con el toro su toreo pudiera lucir más que con el novillo, dado su gran altura. Por otro lado, el trofeo del valenciano Jesús Duque fue concedido más para premiar su decisión y valor y la buena estocada con que mató al sexto que por la solidez de su labor, durante la cual mostró lógicamente su falta de recursos. Esta bisoñez era más obvia al lidiar el primer utrero de su lote. No obstante, fue aplaudido al rematar a ese, como también fueron ovacionados sus dos compañeros al completar sus otras faenas que no fueron de oreja.
En la segunda y última novillada ninguno de los tres novilleros obtuvo trofeos. Sin embargo, el joven madrileño Alberto López Simón estuvo a punto de cortarle una oreja al tercer novillo. Anduvo muy por encima del reservón utrero que, como sus hermanos, llevaba el hierro de Guadaira. Su faena fue de menos a más, pues el torero tuvo que encelar y enseñar a embestir al remolón y manso cornúpeta. Mató de pinchazo y estocada y hubo una petición mayoritaria, similar a peticiones que han habido en otros festejos que causaron la concesión de trofeos, sin embargo, esta vez el presidente optó por ignorar el deseo popular. El resto del deslucido encierro no ayudó ni al mexicano Diego Silveti que, sin triunfar, dio muestras de sus finas maneras, ni al valenciano Miguel Jiménez, quien estuvo voluntarioso, aunque mostrando falt

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