23 julio, 2021

RODRÍGUEZ, BUENA FAENA ESTROPEADA CON LA TOLEDANA.

Ahora si bajó la entrada en el coso San Marcos, escasos aficionados se vieron en el graderío iluminado y tres cuartos en el de sombra. Fue la séptima novillada de la campaña y para darle entidad la dehesa zacatecana de Boquilla del Carmen escogió un encierro correctamente presentado en el que agregó su titular varios bovinos muy finos de estampa, ejemplares de hechuras en verdad, como el primero y el quinto. En general cumplieron en la faena de varas y destacaron con mucho los soltados en cuarto y quinto lugares, ambos fuertemente ovacionados al ser arrastrados sus restos.

Ahora si bajó la entrada en el coso San Marcos, escasos aficionados se vieron en el graderío iluminado y tres cuartos en el de sombra. Fue la séptima novillada de la campaña y para darle entidad la dehesa zacatecana de Boquilla del Carmen escogió un encierro correctamente presentado en el que agregó su titular varios bovinos muy finos de estampa, ejemplares de hechuras en verdad, como el primero y el quinto. En general cumplieron en la faena de varas y destacaron con mucho los soltados en cuarto y quinto lugares, ambos fuertemente ovacionados al ser arrastrados sus restos.
Se presentaron tres jóvenes: el potosino Carlos Rodríguez que dejó ver clase, empaque, buen gusto pero que perdió las orejas de su segundo al estar incorrecto con el acero; el colombiano Camilo Pinilla a quien solo se le anotó valor y deseos pero poco chiste y Rodrigo Ochoa, chaval que hizo sus faenas dejando escapar su buen sentido de la lidia y el temple, la conciencia de las distancias y los terrenos pero, igual, que le falta expresar más la parte sentimental y artística del toreo.
Por el fino quite al modo de Chicuelo, mereció la pena la credencial capotera de Carlos Rodríguez. Cuando el momento del último tercio, el novillo acusó nobleza y clase sin embargo y en mayor medida, humilde energía; aquello no obstó para que constara el decoroso papel del potosino quien lentamente logró acoplarse mejor por naturales. Bajó el telón de su primera salida sufriendo en verdad con el arma y no matando si no de un horrendo golletazo y recibiendo una sentencia de la autoridad. Decorosas fueron las verónicas en su segundo, pero el quite por fregolinas en el centro del anillo iluminó la atmósfera. Con la muleta hizo cosas formidables: pases largos, templados adornando con variedad el trasteo y por momentos viéndose debajo del estupendo bovino que manifestó buen estilo, clase, fijeza, recorrido y nobleza. Dos orejas eran de él, empero las perdió con el acero. Salió al tercio y al ser invitado a dar la vuelta, con honra torera prefirió taparse.
Si no quedó frustrada la primera labor con el capote de Camilo Pinilla, fue por un valeroso quite a forma de chicuelinas. El novillo se le fue por delante al joven; tuvo recorrido y al bien llevársele embestía con clase pero el extranjero no se clavó en el sitio correcto y pegó pases. Agradecérsele solo el valor y voluntad, y repelerle el abominable bajonazo con que mató. Aún así salió al tercio.
El sudamericano tiene denuedo y deseos por hacer el toreo trascendental; nuevamente esas virtudes se le agradecieron pero igual, en silencio, se le reprochó la turbia idea de un proyecto de faena. Pegó muchos pases y de esos muy pocos buenos a pesar de que tuvo a un estupendo novillo, noble, fijo y con buen estilo. Cuajo mala labor al usar la toledana para escuchar un aviso a apenas leves palmas.
Un formulario trigonométrico resultó el tercero ¡qué difícil! Se terciaba, reculaba, veía al de brocados, se revolvía en las delanteras e igual ofrecía una embestida con la testa abajo. Rodrigo Ochoa le hizo un trabajo muletero de sumo interés. Correctamente técnico, paulatinamente le fue ganando la batalla al adversario. Hasta bonitos le salieron aquellos detalles de rúbrica al cerrar los tramos. Mal con la espada estuvo pero certero descabellando.
Muy buen estilo tenía el sexto y el joven capitalino se dio correcto nuevamente al torearle. Templó y traslució el agudo sentido que tiene de la colocación y los terrenos. Únicamente le falta proyectarse para impactar en los tendidos y se podrá tener a un novillero de mucho interés. Falló ahora con al espada y al descabellar y se ganó un aviso.

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