5 agosto, 2021

SE PROPALAN RUMORES QUE ADVIERTEN SOBRE LA POSIBLE EXISTENCIA DE UN GENIO EN ARTURO SALDIVAR.

ARRASTRE LENTO… Al despertar en la mañana de ayer me punzó el amistoso reclamo que un compañero de mi compadre me hizo en la tertulia nocturnal de todos los días. –”¿Por qué señor Caro su absoluta admiración a José Tomás?, me preguntó el susodicho.

ARRASTRE LENTO… Al despertar en la mañana de ayer me punzó el amistoso reclamo que un compañero de mi compadre me hizo en la tertulia nocturnal de todos los días. –”¿Por qué señor Caro su absoluta admiración a José Tomás?, me preguntó el susodicho.
“Por la sencilla razón de que me parece un genio”, fue mi respuesta. Luego de que los contertulios celebraron con aire triunfalista la actuación de Arturo Saldívar el domingo pasado en Madrid el tópico volvió a la mesa de las discusiones. Y la misma voz preguntó -¿Hay en la actualidad toreros geniales? ¿Arturo Saldívar será uno de ellos?
Habituado a los soliloquios, mentalmente di respuesta. “Existe uno, me dije, que a mi gusto es altamente motivador, y diría que es de los últimos inspiradores en el perfil místico del toreo. Y me gusta, añadí en mis adentros, porque me da la impresión de lucir su aura matizada de un rojo incendiario que con tan sólo mirarla cautiva prendiendo la admiración”. El eco interpersonal repitió lo que ya he manifestado en otras ocasiones.
“Los toreros tienen grandes similitudes con las nubes, y entre ellas, como entre los toreros, sobresalen las que al contemplarlas resultan a la vista excepcionales. Yo creo, me insistí, que sí hay en la actualidad diestros geniales. Por lo menos dos de los que conozco, curiosamente madrileños: José Tomás y Julián López “El Juli”.
Estos dos genios se parecen, muy en especial el de Galapagar, a las nubes extravagantes, retorcidas, capaces de desatar tormentas en el granizo de la polémica. Tan genial es José Tomás que resulta notorio e inocultable, en ocasiones hasta el escándalo, el alejamiento que tiene con el mundo, distanciamiento que, lo supongo, se impone a su íntima necesidad de creación.
Lo cierto es que José Tomás, como todo creador genial, es nómada por naturaleza pues siente la necesidad implícita de partir a su soledad. Y aunque la sociedad taurina le reclama en cierta manera su independencia comunitaria, finalmente acaba por entender que para los genios viajar es un método de descubrimiento interior. Siempre ha existido un vínculo entre la creación –sobre todo la genial- y el viaje interior del creador.
Por lo menos al intentar explicarme la personalidad de José Tomás caigo en la cuenta, o al menos lo sospecho, de que el creador está directamente conectado con su obra, y que siendo un ser en perpetua mutación, su alejamiento se impone como una necesidad vital. Al reflexionar en ello me viene a la mente la interrogante: ¿Será Arturo Saldívar un esbozo prematuro de una genialidad en potencia tomando en cuenta los rasgos de su personalidad?
Pues sí, finalmente reconozco que hay un estrecho parecido entre los toreros y las nubes. Hay nubes que inspiran su contemplación, como a los jóvenes mexicanos que van tomando rumbo a la cúspide, aunque hay otras que vislumbran tintes chocantes, como aquellas incapaces de abandonar el tinte de exultante mediocridad.
Lástima que la gran mayoría de las nubes, como la gran mayoría de toreros, aún aquellas que acabadas en su forma se dan por satisfechas, se fugan y diluyen sin haber desatado ni un chispazo de tormenta. arrastrelento@gmail

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