24 julio, 2021

SEIS ESTOCADAS Y NI UNA VUELTA AL RUEDO.

Ayer se celebró el décimo quinto festejo del abono. De nuevo se dieron las circunstancias, para que ¡Oh! Casualidad, se rechazase la corrida anunciada, en esta ocasión de Román Sorando, en un cartel de primeros espadas del escalafón. Es algo que está pasando con demasiada asiduidad en los carteles rematados por figuras. La empresa se vio obligada a pedir a Cesar Rincón, embarcar deprisa y corriendo, una corrida para Madrid, que sustituyera a la titular. Los toros de El Torreón lucieron una impecable presentación, pero una alarmante falta de raza y de fondo, que no permitió el triunfo de los toreros.

Ayer se celebró el décimo quinto festejo del abono. De nuevo se dieron las circunstancias, para que ¡Oh! Casualidad, se rechazase la corrida anunciada, en esta ocasión de Román Sorando, en un cartel de primeros espadas del escalafón. Es algo que está pasando con demasiada asiduidad en los carteles rematados por figuras. La empresa se vio obligada a pedir a Cesar Rincón, embarcar deprisa y corriendo, una corrida para Madrid, que sustituyera a la titular. Los toros de El Torreón lucieron una impecable presentación, pero una alarmante falta de raza y de fondo, que no permitió el triunfo de los toreros.
Juan Mora, que volvía a Las Ventas después de su triunfo en la pasada Feria de Otoño, salió a recoger la gran ovación que le dedico el público, cuando se rompió el paseíllo. El primero, muy bien presentado, lo recibe el extremeño, intentando estirarse con el capote, sin que las condiciones del astado se lo permitan. Derriba en el primer arreón al picador de turno y no se emplea en el segundo. El toro llega al último tercio incierto y aunque Mora, trata de meterlo en la canasta, con muletazos suaves, el astado no ayuda para nada.
El cuarto sale sin demasiada raza, Juan Mora le receta media docena de delantales, muy templados, rematados con una larga muy torera. Empuja al caballo con clase en la primera vara, aunque al final sale huyendo, y la segunda la toma del picador de puerta. El toro es cortito de fuerzas, pero con una embestida de calidad. Juan no puede estar más torero en los primeros compases de la faena. Los trincherazos rezumaron clase y los pocos muletazos que le aguantó el astado, nos trajeron recuerdos de otros tiempos, y como Juan Mora no es torero que canse a nadie, a la salida de una tanda, en los medios, montó la espada y dejo una estocada arriba. El público se lo reconoció, sacándolo a saludar una fuerte ovación.
El segundo es devuelto por manifiesta debilidad y es sustituido por el primer sobrero, de Carmen Segovia, que sale manseando y sin ganas de embestir. Toma la muleta de Manzanares, sin codicia y con una embestida carente de clase. El alicantino lo intenta, pero, como decía Rafael Guerra Bejarano “Guerrita”, lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Lo pasaporta de una estocada algo delantera, y “a otra cosa, mariposa”.
Manzanares sale decidido a saludar al quinto, pero el astado se mete por dentro y no hace posible el lucimiento. El tercio de banderillas es accidentado, pues el toro aprieta para los adentros y pone en apuros a Curro Javier en la primera entrada, en la segunda se desquita, dejando un par de premio. Tampoco este toro va a levantar la tarde, José María lo intenta, le roba algún muletazo que otro, pero la embestida es incierta, de mentira, topando y con la cara muy alta. Los “entendidos” de siempre se permiten pitar la colocación del torero, en algún momento de la faena, Manzanares los ignora y monta el cañón que tiene como espada. Otra vez será.
Cayetano recibe a su primero sin lucimiento. Dobla las manos en varas y suena la música de viento para el del Torreón. Después de un tercio de varas en el que se le midió el castigo, llega a la muleta del madrileño con nobleza, sosote y con la fuerza justa, pero dejando estar delante. El torero lo pasa una y otra vez, sin que aquello tome vuelos, ni llegue a los tendidos por la falta de emoción que irradian toro y torero. Una estocada es suficiente para terminar con el morlaco.
El que cierra la corrida, tampoco se emplea en el capote de Cayetano, y muestra ciertos signos de complicación. En la muleta el toro confirma este pronóstico, frenándose a la mitad del muletazo buscando el cuerpo y los tobillos del torero. Es imposible el toreo de naturales y derechazos, Cayetano lo intenta, pero como no puede ser, se lo quita de en medio muy dignamente, de una estocada, sin recordar que estos toros tienen otra lidia sobre las piernas, con muletazos de macheteo, de pitón a pitón. Pero, claro, esto es muy “antiguo”. Ya lo hacía su padre, Paquirri, su abuelo Antonio Ordóñez y su tío abuelo Luís Miguel Dominguín.
En fin, amigos, no ha podido ser. Los toros de El Torreón, no dieron opciones a los toreros. Ayer que se mató bien y rápido, las seis estocadas no sirvieron nada mas (y nada menos) que para acabar pronto con la torada. Una vez más se cumple el refrán de “Corrida de expectación, corrida de decepción”.

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