TRIUNFAN ÓSCAR AMADOR Y PIEDRAS NEGRAS: ¡ARRIBA TLAXCALA!

Domingo 10 de febrero del 2011.
Primera novillada de la feria de Texcoco, Estado de México… Novillos: Seis de Piedras Negras, de variada presentación e interesante juego. Destacó el corrido en segundo lugar, un animal bravo, noble, fuerte y de preciosa lámina. El resto de la novillada tuvo sus maravillosos bemoles por aquello de la casta. Inexplicablemente el juez Ruiz Torres le dio arrastre lento al que cerró plaza.

Domingo 10 de febrero del 2011.
Primera novillada de la feria de Texcoco, Estado de México… Novillos: Seis de Piedras Negras, de variada presentación e interesante juego. Destacó el corrido en segundo lugar, un animal bravo, noble, fuerte y de preciosa lámina. El resto de la novillada tuvo sus maravillosos bemoles por aquello de la casta. Inexplicablemente el juez Ruiz Torres le dio arrastre lento al que cerró plaza.
Novilleros: Alberto Valente, el toro dobló después de cinco pinchazos y un aviso: palmas. Salvador Barberán, estocada entera: al tercio tras aviso. Antonio Galindo, entera caída: al tercio. Mirafuentes de Anda, entera trasera: al tercio. Óscar Amador, entera delantera: oreja. Lorenzo Sánchez, dos pinchazos y entera contraria: palmas.
Contrariamente a las previsiones de los aficionados capitalinos que se trasladaron a la tierra del Faraón Silverio para presenciar el primer festejo de la Feria del Caballo, la plaza registró una entrada pobre. Estamos hablando de mucho menos de un cuarto de plaza en un coso al que le caben seis mil cristianos. ¡Lástima! pues fue un festejo que mantuvo el interés del espectador en todo momento, por la sencilla razón de que don Marco Antonio González, como sus antepasados, sigue criando toros de lidia, no borregos tontos.
Si no, pregúnteselo usted a Alberto Valente a quien el que abrió plaza le puso en serios problemas. Pese a ser el burel con menos trapío del encierro, el de Piedras Negras era listo y tenía su punto de bravura. Lo más encomiable de la labor de Valente fueron el quite por chicuelinas, un par de banderillas y algún muletazo suelto. Por perder pasos y dejar mucha luz resultó cogido hasta en dos ocasiones, recibiendo una buena paliza. Los parroquianos le aplaudieron generosamente.
Le tocó después el turno al espigadísimo muchacho de Algeciras, Salvador Barberán, quien sólo logró estar aseadillo ante un cornúpeta de fábula. El novillo tenía una estampa que hubiera hecho ponerse verdes de envidia al viejo Victorino y a su hijo, y por añadidura tenía fuelle, codicia, bravura y nobleza.
Pero Barberán jamás se confió ni logró pegarle un buen muletazo. Otro juez le hubiera concedido a los despojos del novillo la vuelta al ruedo. Barberán fue llamado a saludar en el tercio, debe haber sido por la estocada…
El tercer espada fue Antonio Galindo, quien demostrando de qué están hechos los toreros de verdad, pues volvió a enfundarse el traje de luces después de la grave cornada sufrida en Aguascalientes hace apenas 15 días. El fino y valiente torero de Apizaco se las vio con dos enemigos terribles: el viento y un ejemplar de Piedras Negras que sabía latín y otras lenguas muertas. Ahí hubo miedo en los tendidos, miedo en la cuadrilla. Toño se la jugó como los grandes intentando hacer el toreo bueno, pero fue imposible. Mató con eficacia y la gente le sacó merecidamente al tercio.
El viento fue aumentando y también molestó mucho a Mirafuentes de Anda. A este joven que posee un sello muy especial le correspondió un novillo duro de roer. Conectó con el graderío en la intermitente faena de muleta y también agradeció la ovación en el tercio.
El del lugar de honor, el quinto fue otro astado con peligro evidente, grandulón y taimado. Pero Óscar Amador es el paradigma de la entrega y el pundonor. Para efectos del novillero de Muñoz, Tlaxcala, el vendaval era una simple brisa y los arreones del de Piedras Negras sedeñas embestidas. El quite por saltilleras puso a la gente de pie, debido a lo ceñido de los estatuarios lances. Inició su faena de muleta con dos cambiados por la espalda que le pusieron los pelos de punta a más de un aficionado. Sin perder ni un paso, Óscar logró muletazos de gran mérito y en un pase con la derecha la fiera se lo echó a los lomos y le pegó un puntazo. Amador le replicó al de negro con espléndidas manoletinas y se tiró a matar como lo hace siempre: dando el pecho y con fe. La oreja fue jubilosamente pedida por el cónclave y Óscar la paseó feliz y torero.
A Lorenzo Sánchez, el otro novillero español del cartel, le tocó, para seguir en la tónica de la bravura y la casta, un novillo que pedía el carné. Lorenzo no se arredró y demostró aguante, temple y la capacidad de pensar en la cara del toro. Pese a su poco rodaje logró buenas verónicas entre el huracán y la polvareda, y emotivos pases de pecho para rematar las tandas con la muleta. De no haber pinchado en lo alto en un par de ocasiones, de seguro hubiera cortado también un apéndice como premio a un trasteo riñonudo no exento de calidad.
Hay una Fiesta de relumbrón, de toros bobos y toreros empalagosos. Y hay otra, la de toros bravos y toreros machos. Gracias a Dios, Piedras Negras, Amador, Galindo y Sánchez no forman parte de la primera lista.

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