29 julio, 2021

UN HOMENAJE A JUAN PEDRO…

Recién el pasado 18 de abril murió en un lamentable accidente automovilístico, a la altura de la localidad de Higuera de la Sierra, el ganadero Juan Pedro Domecq, cuando regresaba a su finca de Sevilla.
La realización de tres ceremonias fúnebres, todas ellas a “plaza llena”, dan puntual muestra del afecto y cariño que logró sembrar a lo largo de su vida. Antes de partir, Domecq pensaba ya dejar en manos de su hijo los asuntos de la dehesa. El relevo se dio de manera intempestiva. Ayer, el heredero honró la memoria de su padre al ocupar la zona de ganaderos en Las Ventas y, como último homenaje, ver salir por toriles seis astados que lucieron, en señal de duelo, la moña en color negro.

Recién el pasado 18 de abril murió en un lamentable accidente automovilístico, a la altura de la localidad de Higuera de la Sierra, el ganadero Juan Pedro Domecq, cuando regresaba a su finca de Sevilla.
La realización de tres ceremonias fúnebres, todas ellas a “plaza llena”, dan puntual muestra del afecto y cariño que logró sembrar a lo largo de su vida. Antes de partir, Domecq pensaba ya dejar en manos de su hijo los asuntos de la dehesa. El relevo se dio de manera intempestiva. Ayer, el heredero honró la memoria de su padre al ocupar la zona de ganaderos en Las Ventas y, como último homenaje, ver salir por toriles seis astados que lucieron, en señal de duelo, la moña en color negro.
Pero al creador del concepto de “el toro artista” le faltaba recibir otro reconocimiento: el de sus toros de lidia. Cinco de ellos cumplieron con su anhelo: “un toro hecho para crear arte”, decía antes de rematar lo bien dicho: “y arte hay también en su crianza”.
El cuarto de la tarde se llamó Festivo, negro listón de pelaje, marcado en el lado de la vara con el número 106 y delantero de encornadura, que no descubrió su clase en el capote y hasta podría decirse que hizo cosas de manso en el caballo. ¿De manso?… bueno, en Madrid eso es de manso, en México decimos que aflojó en el caballo, porque toros como los de hoy, manejables y con clase en la muleta –que afortunadamente salen al ruedo mucho más seguido que en España-, no merecen descalificarse con el adjetivo de “mansos”.
Uceda Leal se jugaba el todo por el todo. Era su segunda, y última, tarde en Madrid después de que el miércoles once, vestido de pizarra y plata, lidió la corrida de Vellosino siendo silenciado en ambos de su lote que no dieron, por sosos y descastados, ninguna oportunidad para el triunfo del madrileño.
Hoy, la historia parecía repetirse con el primero de la tarde, “Bribón”, un toro castaño, que acá le definieron “melocotón”, corto pero muy bien armado. Fue el único que denotó mansedumbre. A la faena de muleta, respondió defendiéndose, cazando al torero que, por las condiciones del toro y visto que el público está a favor del astado –como sucedió en la corrida del jueves-, se limitó a llevarlo en la muleta tanto como le fue posible antes de mandarlo al destazadero.
Con su segundo, cobró la otra cara de la moneda. Festivo fue un toro pastueño, que tomaba el vuelo del capote al inicio de la faena y repetía con clase, sin esa bravura sorda del derrote que incomoda la estética del torero. Fue al caballo y dejó lucirse a los banderilleros, Pablo Ciprés y Antoñares. Uceda comenzó su faena de manera suave, sin ahogar al toro o pretender obtener, por la fuerza, las embestidas a la muleta. Entendió que el toro era suave, justo aquel “toro artista” que siempre publicitó su desaparecido criador querer lograr como identidad de su histórica dehesa.
Festivo honró los deseos de su creador y embistió, sobre todo por el lado derecho, con suavidad, dejando al torero recrearse en muletazos sentidos y limpios. Pocos, sí, porque el toro español no tiene similar número de embestidas que el mexicano, y si las tuviera, la obligación de recibir dos puyazos en igual número de veces al caballo –precepto reglamentado- le disminuyen el total de sus embestidas. Con la izquierda era otro; así lo entendió su matador, vestido de azul y oro, que aunque le ofreció los vuelos del engaño no logró conjuntarse como sucedió con la derecha.
Sometiéndose al ritmo del toro, dejándolo que embistiera sin incomodarse por la brusquedad con la que muchos por acá torean, reuniéndose en los propios medios del inmenso ruedo, Uceda Leal se metió en el ánimo de un público que después de las primeras corridas de San Isidro sólo quería un pequeño pretexto para romper en aplausos a un torero… y como éste lograra eficaz estocada en lo alto, le arrancó la oreja que paseó por el largo ruedo de Las Ventas, primera en cortarse en esta feria.
Junto a su triunfo, trascendió que Leandro Marcos, que abría cartel mañana, resultó herido en Valladolid al torear con el capote al primero del lote, lo que imposibilita cumplir su compromiso en San Isidro. La sustitución, lógica en pleno, rememora lo sucedido once años atrás, cuando un poco conocido César Rincón triunfó con el corte de dos orejas el 21 de mayo de 1991 –su primer salida en hombros-, y la empresa le ofreció sustituir a Fernando Lozano, con lo cual ratificó su éxito del día anterior y volvió a abrir le emblemática puerta de la Calle de Alcalá.
Once años después se repite el triunfo de un torero y la sustitución de otro. Uceda Leal no tiene nada que perder en San Isidro, cortó la primer oreja del serial, pero tiene mucho que ganar si mañana los de El Montecillo embisten en un remendado cartel donde otra sustitución, la de Curro Díaz a que suple Iván Fandiño, completan con Miguel Tendero la siguiente del ferial.
Juan Bautista acabó su feria sin pena ni gloria. No andaba de ánimo, quizá por la recién muerte de su abuelo que es el directamente culpable de que sea torero. Recibió a Viñeta, un negro de 516 protestados kilos, con el que si medio se entendió con el capote, devolvió lo poco bueno con la muleta. No le tomó nunca la distancia, ni para encelarlo en el primero de la serie, ni para retenerlo y hacer que repitiera al engaño. Si se hubiera cruzado un poco más con el toro y le hubiera dejado la muleta en la cara en los primeros pases, se hubiera hecho de su embestida… pero el hubiera, no existe. Toro pastueño, como aquellos de Cabrera que tanto le gustaban a Curro Rivera.
El quinto, Jergoso, negro con bragas, maeano y listón, debió irse por lo menos sin una oreja al destazadero. Era de repetición. Fijo en el engaño, apenas le citaban acudía embrocándose con el torero que se asustó de tanta clase y dejó ir el triunfo. Se eternizó en la faena y sembró, en los tendidos hoy llenos de aficionados, la apatía y el aburrimiento. Obvio: al toro la ovación… al torero, la indiferencia. Muchas corridas habrá de perder al cumplirse aquel adagio gitano: “ojalá te toque un toro bravo”.
Morenito de Aranda mató su primer San Isidro. Le tocó en suerte Falador, el tercero de la tarde, que tuvo clase pero poca fuerza, muy poca, y aunque su matador lo llevaba a media altura, no pudo prolongar la faena. Se desvivió en detalles: remates y filigranas, que agradeció el público. Lo que no le perdonaron fue fallar con la espada… se retiró en silencio. Su segundo, el que cerró plaza, se convirtió en el dueño del tendido. Bizco de encornadura, bravo en el caballo embistió con fiereza y con menos clase que sus hermanos, pero al final de cuentas, embestía. La gente se impactó con el toro, el quinto manejable de los de Domecq, que se fue también inédito al destazadero mientras que su lidiador, de grana y oro, se fue en silencio.
Y mientras tanto, lejos de Madrid, en Jerez de la Frontera trasciende que Manzanares, el primero que indulta en Sevilla, ha cortado un rabo frente a un Morante que ha tenido una tarde enorme… afortunados los que les vieron.

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