1 agosto, 2021

¡VIVA AGUASCALIENTES, QUE SU FERIA “TAURINA” ES UN PRIMOR!.

ARRASTRE LENTO… Don Manuel Ramírez de la Torre. Juez de plaza
Fino amigo:
Pueden estar tranquilos los aficionados puristas. Después de darse por enterados que la intensión de las autoridades, la empresa, y la tuya propia, como Juez de plaza, es subordinarse con estricto rigor al reglamento vigente, los exigentes podrán estar tranquilos en los tendidos de la plaza.

ARRASTRE LENTO… Don Manuel Ramírez de la Torre. Juez de plaza
Fino amigo:
Pueden estar tranquilos los aficionados puristas. Después de darse por enterados que la intensión de las autoridades, la empresa, y la tuya propia, como Juez de plaza, es subordinarse con estricto rigor al reglamento vigente, los exigentes podrán estar tranquilos en los tendidos de la plaza.
Y la verdad es que da gusto saber que ya se entiende que si hay sectores sociales que minimizan al toreo actual, lo hacen porque sospechan que calladamente, y muy en la intimidad, hay intereses que pudieran esquivar su realidad íntima: el toro.
Me queda claro que en el toro bravo y su salvaje y noble conducta están todas las alternativas emocionales del espectáculo, y que sobre él giran las cualidades éticas y espirituales de los toreros. ¿Por qué y para qué entonces adulterarlo si se entiende que sin toro –madurado por la edad- en libertad de usar sus reacciones instintivas de auto conservación no hay diversión, ni espectáculo, ni negocio?.
Así las cosas, supongo que el aficionado irá con gusto a la serie de corridas que hoy comienzan. Sobre todo el taurófilo que cree necesario hacer hincapié en que los valores tradicionales del espectáculo, rito y magia, liturgia y dogma, marcan una tendencia a evaporase, realidad que puede consumarse si no hay una reacción en sentido contrario.
Lo cierto es que los “sagrados” valores de la tauromaquia seguirán diluyéndose y mal formándose si se esquiva, eludiéndolo, al verdadero toro, a ese bello, mítico y ancestral animal que adquiere su imperial presencia sólo hasta que madura biológica y morfológicamente.
Y es en ese aspecto donde adquiere sobrada relevancia la participación ética tuya Manolo -del Juez de plaza-. Vivimos en una sociedad en la que funciona un sistema de prohibiciones y autorizaciones; lo mismo ocurre en la sociedad taurina. Ésta se rige- y rige el espectáculo- por un Reglamento que señala lo que se puede y no se puede hacer. Y hasta donde tengo conocimiento en ningún Reglamento, de los que tienen operatividad en las plazas de primera categoría, se autoriza a lidiar, en corridas de toros, un astado que no haya cumplido los cuatro años de edad. De tal suerte que es al Juez al que corresponde eliminar toda sospecha que se perfile en sentido opuesto.
Chile sin picante, sal sin sabor: el toro sin edad escamotea los valores genuinos de la tauromaquia universal. Y es el taurino auténtico el que sabe – de ahí que sea insoportable la complicidad de ciertas autoridades en algunas cuestiones dudosas- que únicamente ante el toro con edad se harán presentes, en corridas formales, la cruda emoción del peligro y la emoción plástica. Queda entendido por tanto que el doctor en tauromaquia adquiere sus títulos de grandeza siempre y cuando su virtuosismo lo explaye ante toros hechos y derechos.
Don Manuel Ramírez, apreciado y fino amigo, consciente de tu taurinísimo, no me queda sino desearte la mejor de la suertes –que la buena suerte es adjunta a la recta intensión de los propósitos y capacidades- toda vez que en tus manos está el prestigio de la feria taurina más importante de México. Y lo digo porque, conociéndote, doy por cierto que sabes que las corrientes del arte del toreo se deslizan sobre las mansas aguas del idealismo y la fantasía, y porque sabes soñar, sabrás conducir la nave hasta los límites del ensueño.

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