17 septiembre, 2021

LUPE SINO, EL GRAN AMOR DE “MANOLETE”, REPUDIADA POR EL ENTORNO DEL TORERO.

1ª parte… Los años me dicen que el oficio este de periodista, ejercido con honestidad y objetividad, te da en ocasiones muchas ingratitudes y sin sabores, pero a veces también te reporta grandes satisfacciones que no hay dineros en el mundo para compensarlas.

1ª parte… Los años me dicen que el oficio este de periodista, ejercido con honestidad y objetividad, te da en ocasiones muchas ingratitudes y sin sabores, pero a veces también te reporta grandes satisfacciones que no hay dineros en el mundo para compensarlas. Hace unas pocas semanas la familia de Antoñita Bronchalo se puso en contacto conmigo para agradecerme haber contado por primera vez en este país en un periódico (el Diario CORDOBA), la verdad sobre la historia de amor entre “Manolete” y Lupe Sino. Es bonito ver como aquel milagro del ciclo de la Comunicación, el fenómeno del “boomerang”, la noticia de ida y vuelta que tantas veces nos explicaron en la Facultad de Periodismo, se había completado al cien por cien: el emisor lanza un mensaje al receptor a través de un medio, este lo recibe, lo transforma y lo lanza de nuevo al emisor como respuesta.
Fue una sobrina nieta de Lupe, nieta de su hermana mayor Basilia Bronchalo, Pilar Martín López, la persona que me transmitió este sentimiento familiar que a mí me ha llenado de júbilo y alegría, entre otras cosas porque me compensa con creces los desvelos que este asunto me ha reportado durante tres años, y porque por fin he encontrado una fuente informativa fiable y de primera mano, que me ha ratificado muchas de las informaciones que en este tiempo he ido recabando de multitud de libros, periódicos, opiniones y versiones de todo tipo de muchas personas, sobre aquella apasionada historia de amor que surgió entre el mejor torero de todos los tiempos y una guapísima actriz que luchaba por abrirse camino en el mundo del cine y que luchó hasta el momento de su muerte para ser feliz… sin que finalmente lo consiguiera.
Lupe Sino nació en Sayatón (Guadalajara) en el seno de una familia muy numerosa. Fueron siete hermanas y dos hermanos. Todavía viven Visitación, Luchy, Kika y Pilar (las dos últimas viven en EEUU). Sus hermanas Basilia (la mayor) y Benita, así como sus hermanos Emilio y Felix, murieron hace años. A todos ellos ayudó muchísimo Antoñita Bronchalo para situarlos adecuadamente en Madrid. Un dato este importante, para entender que no podía ser tan mala persona una mujer que actuaba así con los de su propia sangre.
Hasta ahora, sobre Antoñita Bronchalo Lopesino se han contado muchas cosas y casi todas son mentiras y calumnias. He llegado incluso a leer de ella que era la novia roja y republicana de “Manolete”, que estuvo casada sin papeles con un Comisario Político durante la Guerra Civil, que mantuvo relaciones con varios toreros antes de conocer al cordobés… cosas que nunca se han demostrado y que difícilmente se demostrarán nunca, pues entran en la “leyenda negra”. Este encanallamiento informativo se ha incrementado desde que el director de cine danés Menno Meyes anunciara que se iba a rodar en España la película “Manolete” en la que se iba a contar los amores del toreo con la actriz, encarnados por Adrien Brody y Penélope Cruz (por cierto que Penélope Cruz no le llega a Lupe Sino ni al tobillo en belleza). Habrá que ver qué es lo que se cuenta en esta cinta y hasta que punto hay algo de verdad en el guión.
Desde hace cincuenta años, nadie se había acordado apenas de esta mujer, si no era para colgarle apelativos insultantes llenos de crueldad y mala intención. Apelativos como puta, arpía (este se lo debemos al gracioso periodista sevillano Antonio Burgos), buscona, chica Chicote…. cuando en realidad Lupe Sino era una chica normal.
Confieso que a mí me costó la misma vida hace tres años lograr información sobre ella, y que solo la conseguí a fuerza de tenacidad, paciencia y mucha casualidad que el tiempo transcurrido te va ofreciendo con generosidad cuando se investiga algún asunto con interés y de manera reposada pero continua. He dicho en alguna ocasión que los más famosos biógrafos de “Manolete” cometieron el enorme error de bulto de olvidarse por completo de Lupe al hablar de la vida del torero, cuando lo cierto es que la irrupción de esta mujer en escena fue lo más importante y fuerte que le ocurrió en los cuatro últimos años de su vida. Tanto que, su aparición supuso un antes y un después en su carrera profesional y en su existencia como ser humano, pues desde entonces su profesión ocupó ya un lugar secundario en su orden de preferencias. Esta actitud de relajación profesional por parte del torero fue captada desde el primer momento por todo su entorno con preocupación y desde ese instante se fraguó de manera espontánea un frente para cortar la cabeza de Lupe. La bautizaron con “La Víbora” y “La Serpiente”.
Con Lupe en escena era más difícil ya manejar al torero, que ya se resistía a la disciplina espartana que le habían impuesto hasta entonces. En esta frontal oposición a esa relación amorosa jugaron un papel importante, por un lado el integrismo religioso e intransigente de don Álvaro Domecq que la odió incluso hasta después de muerta. Y por otro todo el entorno profesional del cordobés que veían peligrar su particular “gallina de los huevos de oro”, pues “Manolete” en aquellos días era una maquina de hacer dinero. La táctica fue inteligente y pragmática: envenenar sistemáticamente con habladurías y maledicencias a doña Angustias Sánchez y al resto de la familia que también se puso en contra de la muchacha.
Manuel Rodríguez era el “niño” criado entre mujeres, siempre mediatizado por su entorno. Su apoderado ejerció también mucha influencia sobre él. Fue casi como un yugo y su vida siempre fue poco feliz, dejando en manos de otros la administración de todo su patrimonio, mientras que él sólo se dedicaba a torear. Un joven enfermizo y endeble criado con el proteccionismo materno, dedicado en cuerpo y alma al toreo, a sufrir en las plazas con una enorme responsabilidad. Y allí en las plazas de toros es donde él supo sacar su verdadero yo, su temple y su auténtico genio. En las plazas de toros fue “El Monstruo”. La dualidad de personalidades. Doctor Jeckly y mister Hyde. Llevaba una vida casta y recatada casi de monje de clausura y sin embargo en los ruedos era el asombro de toda la afición en el mundo. Una responsabilidad derivada de las exigencias de los públicos, que le ahogaba cada día más y que no le dejaba ya ni respirar, hasta que apareció Antoñita Bronchalo y le descubrió que en esta vida hay que procurar ser lo más feliz posible, y le enseñó a ser feliz y a disfrutar de la vida, con el amor, la diversión y con la compañía de una mujer hermosa que estaba enamorada de él. Nunca lograré comprender la oposición del entorno de “Manolete” a esta relación, pues ambos eran dos personas adultas, libres y sin compromisos, que no hacían mal a nadie al intentar formar una familia, y sin embargo nunca les dejaron en paz y esto, lo sé con toda certeza, causó mucho malestar y desánimo en el torero que veía como toda su gente rechaza a la mujer que amaba. Los únicos cuatro años de su vida en los que el cordobés fue feliz de verdad fueron aquellos que pasó junto a Lupe Sino, eso es algo irrefutable. Da la impresión que todos cuantos rodearon a “Manolete” pensaban que con treinta años cumplidos, era un pobre tonto infeliz que no sabía lo que hacía.
NOTA DE LA REDACCIÓN.
Hemos tenido la suerte de encontrar similitud de carácter, respecto a nuestro pensar, con un sevillano cabal, Rafael González Zubieta, “El Zubi”, escritor recio, honesto, investigador nato, simpático, enamorado de tres cosas primordiales en nuestras vidas, la familia, los toros y la cocina, y al obtener su permiso para compartirnos sus escritos, hoy le damos la bienvenida a este portal con lo que Ustedes acaban de leer.
Gracias Rafael, por tu licencia y cortesía, esta es tu casa, la fiesta no tiene paternidad, es de todos y que bueno que así lo entendamos, nada de envidias, ni celos, buena receta para crecer. Aprovecho para desearte, junto a tu familia, lo mejor hoy y siempre, gracias por brindarnos tu amistad, se que es sincera y desinteresada.
Pedro Julio Jiménez Villaseñor.

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