25 septiembre, 2021

“MANOLETE” Y LUPE SINO: UN AMOR CON FINAL TRAGICO.

2ª parte… Los primeros encuentros furtivos fueron en el hotel del torero, pero más tarde fueron en el piso que Antonia Bronchalo tenía en el barrio de Argüelles, hasta que el torero se instaló allí definitivamente a vivir junto a ella, sin dejar nunca su habitación del hotel, desde donde salía vestido para torear.

2ª parte… Los primeros encuentros furtivos fueron en el hotel del torero, pero más tarde fueron en el piso que Antonia Bronchalo tenía en el barrio de Argüelles, hasta que el torero se instaló allí definitivamente a vivir junto a ella, sin dejar nunca su habitación del hotel, desde donde salía vestido para torear. Lupe Sino cuando conoció a “Manolete” era una actriz con posibles que tenía por delante un futuro prometedor en el cine.
Antoñita Bronchalo era una mujer guapísima que llamaba la atención a primer golpe de vista y Manuel, como es natural, reparó en ella. Morena, con melena ondulada que le caía en cascadas hasta los hombros. De estatura media, ojos verdes y boca sensual, con una bonita cara redondeada y una mirada preciosa. Tenía un cuerpo bien hecho, sin estridencias en las redondeces que resultaba armonioso y bello, y una voz sugerente y agradable, dotada además de una gran simpatía. Era una morena clara y tenía unos andares muy femeninos, los propios de aquellas chicas que en aquellos años apodaban “topolinos”. Lupe Sino en verdad no hizo una gran carrera cinematográfica ya que su noviazgo con el torero eclipsó todas sus aspiraciones.
Antes de conocer al torero hizo varias películas de cierto éxito: interpretó “La Famosa Luz María” dirigida en 1942 por Fernando Mignoni, en la que participaron actores como, Fernando Morán y Joaquín Borgia. Siendo ya novia de “Manolete”, en 1944, hizo el papel de Teresa en “El Testamento del Virrey” un film dirigido por Ladislao Vajda con guión de Tomás Borrás. Actuaron junto a ella Juan Calvo, Raúl Cancio, Milagros Leal, Manuel Luna, Irene Caba, José Isbert, Manolo Morán y Mercedes Vecino. Como verán, Lupe Sino se codeaba con los mejores actores que en aquellos momentos había en España.
En 1948, ya muerto el torero cordobés, fue contratada para hacer “El Marqués de Salamanca” que dirigió Edgar Neville y no volvió a hacer nada más de importancia. Algunas apariciones secundarias en algunas películas y poco más. La realidad nos dice que Lupe Sino no llegó a alcanzar la fama que buscaba en el cine, y la que realmente tuvo, la encontró a la sombra del hombre al que amó: “Manolete”.
Doña Angustias Sánchez estaba muy preocupada por el noviazgo de su hijo. No lo veía con buenos ojos. Una actitud que vista ahora, rozaba con la hipocresía, pues se sabe ya sin ninguna duda, que las dos hermanas mayores de “Manolete”, hijas de “Lagartijo”, hijo, ejercieron la prostitución en Córdoba, y que fue su hermano torero el que las sacó de ese mundo. El rechazo de la cuadrilla del torero a esta relación era comprensible y humano, pues “Manolete” estaba anunciando su pronta retirada para casarse con Lupe y con él desaparecía la “gallina de los huevos de oro”. Más comprensible aún era el rechazo, siempre diplomático y educado, del apoderado del torero, José Flores, “Camará”, que sólo buscaba que su pupilo no encontrara obstáculos ni entretenimientos que distrajesen su carrera, pues sabía mejor que nadie, que el torero al que apadrinaba era un fuera de serie, un hito, “un monstruo”, como lo calificó acertadamente Ricardo García, “K-Hito”. Su obra más importante comenzaba a tambalearse por el amor de una mujer. Además, dicho sea de paso, la relación entre José Flores Camará y “Manolete”, era como la de un padre y un hijo, aunque tras la irrupción en escena de Lupe las cosas cambiaron bastante, pues desde 1943 el torero ya no dormía en la misma habitación de los hoteles con el apoderado, como hasta entonces tenían por costumbre, ya que el torero se hacía acompañar por su novia a todas las ferias a las que acudía.
“Manolete” vivió aquellos años, de 1943 a 1947, con inquietud y amargura, pues observaba con dolor el rechazo de toda su gente a la mujer que amaba, y él se sentía muy enamorado de ella a pesar de todo y de todos. No tenía pensamientos para otra mujer que no fuera ella, tanto que se convirtió en una auténtica obsesión para él. Con Lupe viajó el torero a México, donde a Lupe la trataban como su señora. Con ella pasó durante los dos últimos veranos los momentos más felices de su vida en Fuentelaencina, el pueblo en el que residía la familia Bronchalo durante los veranos. Allí pasó casi todo el año 1946 que se lo tomó de descanso. Sólo participó aquel año en la corrida de la Beneficencia de Madrid.
Como quedó dicho anteriormente, Antoñita Bronchalo Lopesino y sus hermanos, fueron cinco hermanas y dos hermanos, nacieron en Sayatón, un pueblo cercano a Fuentelaencina, también de la provincia de Guadalajara. No era por tanto mexicana como se ha dicho en muchas ocasiones. Antoñita tenía una hermana llamada Luchy, que en aquellos años era novia de Juan Padilla, famoso propietario de una cadena de perfumerías que hubo en Madrid, con el cual se casó y del que en la actualidad es su viuda. En julio de 1947 “Manolete” estuvo dos semanas en el pueblo de su novia, en esos descansos que le permitían sus contratos. En el pueblo, el novio de la niña de Bronchalo, era especialmente querido y apreciado. Jugaba al fútbol con los chiquillos del pueblo, echaba partidas de frontón, y jugaba a las cartas y al dominó en el bar del pueblo con todo el mundo, pues ya le consideraban uno más de Fuentelaencina. Allí iba de cacería o se iban las dos hermanas con sus respectivos novios a bañarse al río en Valdefuentes, donde había una poza de agua clara y un manantial. Manuel guardaba su coche, un Hispano-Suiza impresionante, en el corralón de la casa del farmacéutico del pueblo, don Adrián Ayala Plaza. El cordobés fue inmensamente feliz esos dos veranos en estas tierras, donde encontró amor y paz a raudales que tanta falta le hacía.
Cincuenta años más tarde, en Fuentelaencina se organizó y montó una exposición dedicada al torero de Córdoba, con motivo del cincuenta aniversario de su muerte. Un pueblo que lloró con especial amargura la tragedia de Linares, pues se le consideraba ya como hijo adoptivo.
Doña Angustias Sánchez fue tajante con su hijo en lo referente a la posible boda que ya Manuel anunciaba. Amenazó a su hijo con que no asistiría a ella si se celebraba. “Manolete” estaba viviendo aquel año 1947 la peor de las situaciones anímicas que puede vivir una persona. Una situación por lo demás, nada recomendable para un torero pues se encontraba entre la espada y la pared, sumergido en un mortal triángulo amoroso. La madre del torero, la novia del torero y él torero. Un triángulo que habría sido perfecto, si “Manolete” se hubiera casado por la Iglesia con el beneplácito de todos, naturalmente, y su amor no hubiera sido una larga y apasionada relación prematrimonial con Lupe Sino. “Manolete” tenía ganas de que llegara octubre para casarse inmediatamente y retirarse para siempre, con Lupe Sino a su lado.
Anhelaba dejar de ser “Manolete” para ser Manuel Rodríguez. Había dicho en varias ocasiones a los periodistas, entre ellos a Matías Prats: “he ganado ya más dinero que cinco generaciones de mis antepasados juntas, pero no he podido disfrutar de ese dinero. Quiero retirarme cuando todavía estoy entero…”. Y Antoñita que desde 1943 lo acompañaba ya a todos sitios, que le escuchaba, que le entendía y que sabía… tal vez mas de la cuenta, había dicho como una sentencia: “No le dejarán nunca que se retire hasta que no lo vean muerto…”. “Manolete” pues, esperaba como agua de mayo la llegada de ese mes de octubre de 1947 que no le llegó nunca, para retirarse definitivamente y casarse con Lupe aunque doña Angustias se opusiese. Así al parecer se lo contó el propio “Manolete” a Matías Prats durante la Semana Grande de San Sebastián, en agosto de 1947, días antes de que muriera.
La madre es que no quería ni oír hablar del asunto. El entorno del torero, de manera interesada y miserable, la había envenenado con habladurías y maledicencias. De Lupe se decía que había estado casada durante la guerra civil con un comisario político, capitán del ejército republicano, aunque nunca se ha probado este hecho. Así pues, no era Lupe la mujer pura que deseaban en Córdoba para el torero. Una ironía y una gran hipocresía, pues se sabe que cuando en 1943 toreó en la Feria de Mayo en su ciudad, desde los tendidos insultaron cruelmente a sus hermanas, causándole a “Manolete” un daño anímico inmenso, que le hicieron tomar la decisión de no volver a torear nunca más en Córdoba…

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