16 septiembre, 2021

BONITOS RECUERDOS ENTRE TAURINOS DE AGUASCALIENTES.

HACEN YA varios años de lo que hoy les voy a platicar, fue en Apizaco, Tlaxcala, caminábamos por el centro de esa ciudad un matador de toros de esa tierra y su servidor, de maneras muy sanas me preguntaba como se daba la convivencia de los que a diario asistíamos a la plaza de toros “San Marcos”

HACEN YA varios años de lo que hoy les voy a platicar, fue en Apizaco, Tlaxcala, caminábamos por el centro de esa ciudad un matador de toros de esa tierra y su servidor, de maneras muy sanas me preguntaba como se daba la convivencia de los que a diario asistíamos a la plaza de toros “San Marcos” con los toreros que por esos años estaban en el candelero, curiosidad muy normal, muy saludable, muy recta e íntegra, recuerdo que esta fue mi contestación.
POR ESE tiempo varios amigos matadores de toros se veían programados seguidamente, Fabián Ruiz, Efrén Adame, “El Cordomex”, o “Cordobés Mexicano”, Fermín y Miguel Espinosa, Humberto Moro, hijo, sus primos Ricardo y Luís Fernando Sánchez, Roberto Fernández, “El Quitos”, Héctor de Granada, el cantautor José Maria Napoleón y algún puñado más que venían de fuera por largas o cortas temporadas.
EL TRATO entre nosotros era de amigos, entrenábamos juntos, terminando jugábamos “frontón” entre las paredes y ganchos del destazadero, hacíamos partidos de fútbol en ese sagrado ruedo, en las gradas la baraja y el conquian era muy socorrido, manos a manos o tercias, inclusive había “retadores en lista de espera”, terminábamos y los que ya no toreábamos desde hacia años, como su servidor, hacíamos el corto viaje al vecino bar “El Chubasco” donde desde luego y por supuesto que adorábamos a “Baco”… ¡Y de que maneras!.
PASÁBAMOS LISTA de presentes con un 10 de calificación en lo que se refiere a asistencia y puntualidad varios de los que les decía ya el sabio padre tiempo nos había indicado el tomar otros caminos, otros derroteros, dejar el paso a jóvenes compañeros, reconocer que lo mejor es no estorbar, que son muchos los llamados y pocos los escogidos. A nosotros, “los antigüitos” se nos permitió darnos el lujo de convivir con toreros de otra talla, de la categoría máxima superior, de aquellos por los cuales el de Tlaxcala preguntaba con mas ahínco, como don Fermín Espinosa, “Armillita”, Alfonso Ramírez, “El Calesero”, Rafael Rodríguez, Humberto Moro, padre, Jesús Delgadillo, “El Estudiante”, y repito que de continuo llegaban de otros lados reconocidos espadas.
ANTES DE admiración les teníamos respeto, a don Fermín le saludábamos en la calle y a todos nos trataba por igual, inicialmente era parco al hablar pero amable en su trato, nos llamaba por nuestros nombres, de viva voz llegue a escuche enriquecedoras platicas que ya les compartiré algún día.
QUIEN SIEMPRE que estaba en esta ciudad se hacia presente entre nosotros era don Alfonso, “El Calesero”, era costumbre entrenar con el torso desnudo, solo cubiertos con “traje de baño”, asoleándonos, hacíamos largas faenas de muleta, con el capote e inclusive eran muchos los pares de banderillas que se practicaban en el aparato bajo su supervisión y tarde se nos hacia para sacar “el librito”, como él le llamaba a la baraja, campeón don Alfonso para los conquianes, pocas las cantidades apostadas pero todo un honor ganarle unos pesos, ganarle a quien lo jugaba “por nota”.
UNO MÁS que estaba siempre estaba presente era Alfonso Pedroza, “La Gripa”, el excelente banderillero que siempre aparentaba estar enojado y quien más confianza tenia con los espadas referidos y desde luego que al bromearles, aun pareciéndonos un acto irreverente, nos hacia reír a carcajadas, letras de conocidas canciones a las que “Poncho” les cambiaba la misma y así caricaturizar ciertos pasajes de los matadores que le permitían esas confianzas, desde luego que no publicables.
AL GIRAR la moneda para el clásico volado y comenzar a escoger y formar las sextetas futboleras, quienes fungirían como improvisados “capitanes” de los equipos, muchas de las veces no encontraban la manera de excluir a ciertos matadores ya que ni a balón parado le podían pegar al mismo, jugábamos a tres goles, el primero que lo lograba era el ganador y de ahí algunos a casa, los menos… al “Chubasco” a festejar el triunfo o mitigar la derrota. Por cierto que en aquellos años solo expedían cerveza pero nos permitían ingresar con varias botellas de diferentes “aguas apendejadoras”, barato pues nos salía. Tiempos que no volverán.
ES ESTO más o menos lo que le compartí a mi amigo tlaxcalteca, en Aguascalientes, se diga o que se diga, siempre nos hemos llevado bien, las diferencias nunca existieron, menos las envidias, respetábamos rangos y jerarquías, ellos, los de cierta o mucha fama, así lo veían, de verdad que éramos una familia… Nos Vemos.

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