15 junio, 2021

VEINTE AÑOS DE AÑORARLE.

Luís Carlos Fernández y López Valdemoro. Con toda seguridad, este nombre para el grueso de la gente y de la mayoría de los aficionados taurinos de hoy, suene completamente desconocido. José Alameda, puede que quizá, les sea un poco más sonado. Pero Pepe Alameda, es sin lugar a dudas un nombre que jamás se olvidará en la historia del toreo

Luís Carlos Fernández y López Valdemoro. Con toda seguridad, este nombre para el grueso de la gente y de la mayoría de los aficionados taurinos de hoy, suene completamente desconocido. José Alameda, puede que quizá, les sea un poco más sonado. Pero Pepe Alameda, es sin lugar a dudas un nombre que jamás se olvidará en la historia del toreo.
Don Pepe, ¡Así, con respeto y admiración! y no solamente Pepe como muchos “entendidos” por ahí le llaman “familiarmente” dándose coba de una amistad que en vida jamás tuvieron con él. Personas que a mi modo de ver le faltan al respeto a una personalidad de tal magnitud para la fiesta brava.
Madrileño por nacimiento, sevillano dentro de su almario, mexicano por convicción -y por joder a Franco, así mismo lo decía- poeta, escritor, abogado de profesión y por casualidad periodista y cronista taurino, Don Pepe es para el mundo de la prensa taurina mexicana simple y sencillamente sinónimo de grandeza. Una grandeza que su propia tierra tardaría en aceptar pero que no pudo contra ella y terminó galardonándolo en más de una ocasión. Don Pepe Alameda es una de esas casualidades de la vida que sólo ocurren una vez y que es poco probable que se repitan ya que es verdaderamente difícil encontrar una persona en el mundo que reúna en si mismo todas las cualidades, las características y la personalidad que hacían de él un ser diferente, místico, casi irreal de la crónica, la literatura y la crítica taurina.
El sólo escucharlo por la “W” –bendita casualidad-, era exquisito. Narraba a detalle los acontecimientos de una corrida de toros con una sensibilidad tal que pereciera que estuviese declamando un gran poema; su tono era cautivante y el sentimiento del artista en el ruedo era transmitido íntegramente a través de la garganta de Don Pepe, quien usando su micrófono cual capote, enviaba como largas cordobesas asombrosamente a los millones de ondas radiofónicas su voz que llegaba a tu diminuto transmisor de radio y hacía que vivieras intensamente del otro lado de las pequeñas bocinas extasiado la faena del diestro actuante. Te transportaba con su voz al mismo coso, como si estuvieses disfrutando a su lado esa gran obra de arte.
Con la pluma, ¡Hombre que puedo decir con la pluma! Maravilloso, asombroso, delirante. Don Pepe tenía el gran don de convertir las crónicas taurinas en literatura pura y de las palabras plasmadas en papel sentimientos fascinantes. Un hombre con una cultura inenarrable, refinada y elegante misma que impregnaba en sus crónicas, haciéndolas formativas con un análisis profundo de cada una de ellas. Un hombre con “duende” para escribir, ese duende al que Lorca se refería de esta manera “la llegada del duende presupone siempre un cambio radical en todas las formas sobre planos viejos, da sensaciones de frescura totalmente inéditas, con una calidad de rosa recién creada, de milagro, que llega a producir un entusiasmo casi religioso. Para buscar al duende, no hay mapa ni ejercicio. Solo se sabe que quema la sangre como un tópico de vidrios, que agota, que rechaza toda la dulce geometría aprendida, que rompe los estilos” y Don Pepe vaya que lo tenía, lo traía siempre como compañero, como un fantasma que le acompañaba siempre en sus crónicas, en sus libros, en su poesía, Don Pepe cambiaba lo radical de las formas, sus crónicas estaban llenas de frescura y rompía estilos con su forma literaria.
Su legado ha quedado escrito en un sinnúmero de páginas que dan esplendor a esta hermosa fiesta de drama, pasión y muerte, una fiesta llena de duende de ese duende que “ama el borde, la herida, y se acerca a los sitios donde las formas se funden en un anhelo superior a sus expresiones visibles”. Y que “en los toros adquiere sus acentos más impresionantes”. El Toreo Arte Católico, La Evolución e Historia del Toreo, La Pantorrilla de Florinda y el Origen Bélico del Toreo, Los Heterodoxos del Toreo, El Hilo del Toreo, Retrato Inconcluso, Seis Poemas al Valle de México, etc son sólo algunos títulos en donde podemos absorber su grandeza literaria.
A dos décadas de su partida, seguimos extrañando a este gran hombre de la literatura taurina, pero sobre todo a un gran y entrañable amigo. ¡Maestro no le olvidamos y le recordamos siempre con cariño!.
Porra México AC.
Vicente Rodríguez H. Presidente Vitalicio Honorario.

Deja un comentario