17 septiembre, 2021

DE LOS ANTITAURINOS…

Los antitaurinos se pueden dividir en, al menos, dos bandos. Por un lado están aquellos que no van a las plazas pero que cuando les preguntas si les gustan los toros responden amablemente que “no, pobres animalitos” y están los otros que se montan en un burraco blanco dizque quijotesco.

Los antitaurinos se pueden dividir en, al menos, dos bandos. Por un lado están aquellos que no van a las plazas pero que cuando les preguntas si les gustan los toros responden amablemente que “no, pobres animalitos” y están los otros que se montan en un burraco blanco dizque quijotesco. Estos últimos los podemos encontrar de muchos sabores: un tanto es de los que usan insignias que aluden a su no-participación en la Fiesta (playeras, pinnes, mochilas y toda clase de imágenes que desaprueban a la tauromaquia), otro tanto se apunta en greenpace, unos más te “regañan” por ser un “bárbaro-asesino” y tratan -con vacuos argumentos- de hacerte dejar la Fiesta, y los peligrosos son los radicales que al no tener nada mejor que hacer (como convivir con su familia, cuidar a su abuelo, ver por sus hermanos o amigos, o cambiarle el agua a la pecera en su cuarto) pues se deja ver de cuando en cuando en una manifestación antitaurina, o llega a la plaza a arrojar sobre los autos de los aficionados pintura roja (en general de esos maleantes que dizque tienen vida pero no) y por último los ARRIBISTAS que ni saben qué demonios es la Fiesta, nunca han visto un toro o un traje de luces, no saben, vaya, ni cómo, ni cuándo, ni de dónde vienen los toros, es decir no saben de su crianza, no entienden porque no preguntan qué es este ritual de sangre, el por qué a cautivado a tantos, por qué acuden a él no sólo las masas -que ellos si tachan de- “ignorantes” sino también los grandes pensadores, no saben y jamás reconocerán que la plaza en plena corrida es el lugar más democrático, ahí no pasa nada sin el consenso de todos, o por qué un hombre sin ser suicida se arroja al ruedo a desafiar a la muerte, no entienden cómo un capote detiene el tiempo tan sólo con balancearse, no saben por qué ahí el “ooole” es un clamor que no busca la sangre. No saben, no saben.
De esos antitaurinos, de los arribistas que sin consciencia del mundo taurino lanzan improperios, amenazas, falsos escupitajos, marejadas de información malinterpretada, incompleta, hay que cuidarse. Porque sus intenciones son otras, buscan sacar ventaja con este alboroto usando a la tauromaquia como chivo expiatorio para fines baratos como lo es la política, para cosas que sólo les traerán unos pocos dineros a sus cuentas. Porque si tratarán de salvar una especie estarían a bordo de un barco greenpace, hubieran estudiado biología o veterinaria, o estarían buscando fondos para salvar una hectárea de tierra para “las últimas arañas” que han seguido desde su adolescencia. Yo creo que esos hombres que se asumen como verdaderos ecologistas o conservacionistas, no pretenden los micrófonos, ni los puestos gubernamentales para fines personales, ni son iletrados, al contrario son gente que se prepara, investiga y se mueve por la vía decente y legal.
Lo que sucede en Cataluña es una pena, los argumentos son pobres contra de la tauromaquia, y sus voceros unos arribistas que no saben y no les importa saber de la Fiesta.
Cuidado con esos porque son los que sin la menor pizca de lo humano pretenden joder a los que sí gustamos de la Fiesta, y podrían afectar severamente la vida de algún taurino. Hoy más que nunca debemos estar unidos como la Familia Taurina que somos. Denunciemos a aquellos que se atreven a cruzar la línea de la privacidad y el respeto al otro, denunciemos a los que hacen pintas en las plazas y dañan el patrimonio taurino que también es patrimonio de la humanidad. Denunciemos a esos patanes que nos insultan. Porque nosotros no obligamos a nadie a ir a una corrida de toros, no se obliga a nadie a ser torero, nosotros no obligamos, ni siquiera buscamos adeptos.
En lugar de estar agrediendo a los taurinos, por qué no se dedican a salvar a los niños que viven en situación de calle, o adoptan a un drogadicto o bueno tan sólo a un perrito callejero…
Que hagan algo “verdadero” que no rompa con la seguridad, privacidad y libertad a la que TODOS tenemos derecho. Mientras, sigamos unidos, llenemos las plazas, contemos historias de toros y toreros heroicos a nuestros hijos, sobrinos y nietos, cantemos pasodobles, busquemos las noticias taurinas, opinemos, y lo más importante sigamos creyendo en el TORO BRAVO.

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