20 octubre, 2021

JULI Y MACÍAS DESOREJAN AL SEGUNDO Y AL TERCERO DE LA TARDE.

Décimo tercera corrida de la temporada de la Plaza de toros México. Domingo 31 de enero del 2010. Toros: Seis de Bernaldo de Quirós, mansos, feos y débiles. Desde el segundo hasta el sexto fueron fuertemente protestados y pitados en el arrastre.

Décimo tercera corrida de la temporada de la Plaza de toros México. Domingo 31 de enero del 2010. Toros: Seis de Bernaldo de Quirós, mansos, feos y débiles. Desde el segundo hasta el sexto fueron fuertemente protestados y pitados en el arrastre.
Toreros: Julián López “El Juli¨, le cortó dos orejas a su primero después de la mejor estocada de la temporada. En el cuarto mató de otro estoconazo y salió al tercio.
Arturo Macías, mató al tercero de una gran estocada y le cortó las dos orejas. Al quinto lo despachó de un pinchazo y estocada caída: silencio.
Mario Aguilar confirmó la alternativa. Al que abrió plaza lo mató de un bajonazo trasero: ovación en el tercio. Al que hizo sexto lo pasaportó de entera baja. Merecía salir al tercio por lo menos, pero entre la confusión y la desbandada, su labor pasó inadvertida.
Fue una tarde de interminables vendavales y de mucho público, quizá unos veintiocho o treinta mil espectadores se dieron cita en la monumental para ver un cartel a todas luces atractivo. Esta tarde de toros tiene varias lecturas posibles. Si usted ve la ficha, se trató de un corridón memorable, pero en realidad la lluvia de apéndices fue exagerada si tomamos en cuenta lo patético del ganado.
Uno se pregunta a quién se le ocurre lidiar “toros” del matador Javier Bernaldo. Bueno, andamos igual que en España, donde las figuras exigen bichos de Juan Pedro Domecq o del Puerto de San Lorenzo. Los espadas famosos se la juegan a que en una de esas salga el toro de caramelo y embista como carretilla hasta doscientas veces.
Si esto no ocurre y los toros empiezan a morir desde antes de la suerte de varas, un coleta con oficio se pega el arrimón, se queda más quieto que la Giralda y convence al público por su temple y arrojo. Si además la suerte suprema se ejecuta con verdad, las orejas caen como la nieve en Noruega. Pero, esto tiene poco que ver con la emoción, la bravura y el torear en serio.
En el toro de la confirmación, Mario Aguilar estuvo elegante con el capotillo. Lo intentó todo con la muleta, echándole clase excelsa, algo que siempre le ha caracterizado. En toriles pudo enjaretarle al morito una gran tanda de derechazos. Luego vinieron adornos como un pase de trinchera, un par de cambiados por la espalda y un desdén increíbles. Sin embargo, el animal ni humillaba ni nada. No sé, quizá si la espada hubiera caído en lo alto, la gente hubiera exigido un apéndice, pero el torero de Aguascalientes mató fatal.
En el que cerró plaza, Mario pegó los mejores muletazos de la tarde, aguantando y dándole suavidad y dimensión a cada pase. No obstante, el novillote no quería saber nada del asunto. Mario Aguilar es, hoy por hoy, uno de los toreros más elegantes que existen. Tiene un temple privilegiado y una personalidad enorme. Ojalá podamos verle muchas veces más en la plaza grande.
Hablemos ahora de Juli. El de Velilla de San Antonio está hecho un maestro grande y poderoso. Ante el primero de su lote, un toro feo pero grande, Julián instrumentó un quite por chicuelinas modernas que fue único, por la firmeza, el mando, el ajuste y el arte. Los muletazos que logró sacarle al remedo de toro bravo fueron excelentes. Lo mejor fue la estocada, un monumento, un homenaje a la suerte suprema. Ahora sí no hubo cuarteo ni alivio, Juli mató a ley y el toro cayó patas arriba, sin puntilla. El populacho exigió dos orejas y esas mismas paseó el madrileño en loor de multitudes.
En el segundo de su lote, Juli trató de hacer algo digno, pero el cornúpeta se caía y era más soso que la plática de un contador. Juli estaba visiblemente molesto, pero cabe recordar aquella frase célebre: “Tú lo quisiste fraile Mostén, tú lo quisiste, ¡tú te lo ten!” Sí, si uno elige estas birrias de toros, uno debe asumir las consecuencias.
Arturo Macías está que no cree en nadie. A las dos orejas de Juli replicó con la misma dosis. Al tercero de la tarde le hizo un quite por gaoneras en el cual tragó de verdad. No le importó el aire ni tampoco la incertidumbre del toro. A base de recursos, adornos y temple se inventó una faena de gran mérito en tablas. Quizá toreó un poco más de la cuenta a la gente, pero el estoconazo fue indiscutiblemente grandioso. La gente pidió el par de apéndices y luego le pitó discretamente en la vuelta al ruedo: la esquizofrenia de siempre.
Ya en el quinto, con la tarde cuesta abajo, Macías quitó por saltilleras y remató con una brionesa sensacional. El toro era más bien una vaca lechera y sólo nos quedamos con un muletazo cambiado por la espalda y un portentoso cambio de manos por delante. Volvemos a lo mismo: ¿por qué a este torero tan carismático que ya tiene fecha en Madrid, no le podemos ver medirse ante un toro de verdad?.
Porque aquí el espectáculo taurino está de capa caída. Porque muy pocos toreros quieren vérselas con toros bravos, quizá difíciles, pero emocionantes. Esto es lo que está acabando con la afición, con la Fiesta, aquí y allá.
Señores toreros: hay que dejarle ver a la gente que el que se viste de luces tiene pundonor y es un héroe. Algo que no es posible con encierros como el de Bernaldo de Quirós, Y eso lo sabe todo mundo.

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