17 septiembre, 2021

EDITORIAL… EL MILAGRO DE LOS PANES.

“Llegó un hombre de Baal Salisá, trayendo al hombre de Dios pan de los primeros frutos: veinte panes de cebada y grano recién cortado, en una alforja. Eliseo dijo: “Dáselo a la gente para que coman”. Pero su servidor respondió: “¿Cómo voy a servir esto a cien personas?”.

“Llegó un hombre de Baal Salisá, trayendo al hombre de Dios pan de los primeros frutos: veinte panes de cebada y grano recién cortado, en una alforja. Eliseo dijo: “Dáselo a la gente para que coman”. Pero su servidor respondió: “¿Cómo voy a servir esto a cien personas?”. “Dáselo a la gente para que coman, replicó él, porque así habla el Señor: Comerán y sobrará”. El servidor se lo sirvió; todos comieron y sobró, conforme a la palabra del Señor”.
Ahora que parece que vuelve a estar de moda el Antiguo Testamento, ustedes ya me entienden… he creído conveniente recurrir a él para alumbrar la editorial de esta semana, y para ello qué mejor que esta cita del Segundo Libro de los Reyes, concretamente los versículos 42 al 44, del Capítulo 4. El cual, como comprobarán, viene como anillo al dedo para lo que hoy voy a contarles. Porque, si les soy sincero, cada vez estoy más convencido de que algo de ese milagro de los panes hay en Olivenza.
Anteayer, o sea, el pasado viernes día cinco, se hacía públicas las combinaciones de la feria oliventina, de sobra ya conocidas por mor de esos spoilers tan comunes hoy día en la prensa. El lugar elegido, la coqueta Casa de la Cultura de la citada población pacense. A su vez, también se presentaba el libro y el DVD conmemorativos de estos veinte años de festejos. -Los cuales arrancaban un, ya lejano, tres de marzo de mil novecientos noventa y uno, con un cartel integrado por Emilio Muñoz, Litri y Jesulín, que se las verían con los “núñez” de Mary Camacho.
Cuatro lustros de carteles excepcionales con reapariciones sonadas, alternativas exitosas y hasta un indulto, coronados por la presencia, el próximo día 6 de marzo, del mito José Tomás. Hasta aquí todo normal. Cierto. Lo verdaderamente extraordinario, lo que roza casi lo sobrenatural, es conocer los datos, siempre fríos, que acompañan la trastienda de estos ajustes.
Partimos de la base de una población de doce mil habitantes y de una plaza que hace cinco mil seiscientos escaños. Donde el abono más caro, para los cuatro festejos programados, el de barrera de sombra, no se acerca ni a los cuatrocientos euros. A esto hemos de sumar la subvención que otorga el Consistorio oliventino, según palabras textuales de don Manuel Cayado, alcalde de la localidad: ochenta mil euros. De los que la empresa ha de deducir los encierros de agosto y la novillada de septiembre. Definitivamente, un milagro. Titúlenlo ustedes como quieran, que si de los panes o de los peces, pero no deja de parecer un fenómeno asombroso que con esos precios y esa subvención se puedan conseguir esos remates.
El prodigio del comienzo de esta editorial había que atribuírselo, según el relato bíblico, al profeta Eliseo, el cual con veinte panes daba de comer a cien personas. Este que les narro hay que asignárselo en un grupo de aficionados, encabezados por Pepe Cutiño, empresario joven, innovador, trabajador incansable, inteligente en grado sumo, de los que por desgracia no abundan en este mundillo taurino. Junto a él, su socio Joaquín Domínguez y los propietarios del coso, los hermanos Ortiz, Jesús y Jacinto, legatarios de una ilusión, la que les donó su padre, don Marceliano.
¿Cómo lo hacen? Es la pregunta que muchos se formulan. Para mi la respuesta es sencilla. Si el ciclo se ha consolidado, después de estas dos décadas, es precisamente porque está construido sobre una base firme que arranca en el hecho causante de haber creado, en las figuras, la necesidad de estar presentes en esa plaza el primer fin de semana de marzo de cada año.
Olivenza, por tanto, se convierte en la parrilla de salida del primer Gran Premio. El startingate de donde pretenden partir los mejores Pura Sangres Ingleses para la victoria en el derby de Epsom Downs…
Durante esas dos jornadas todos los ojos están fijos en ese evento. No hay más a donde mirar. Y ahí radica el tremendo mérito de sus impulsores. En haber conseguido crear un producto ansiado, tanto para el aficionado como para el profesional. Tan fácil de explicar como difícil de ejecutar.
No cabe duda de que lo han logrado. A las pruebas me remito. Para este año, a parte del ansiado regreso de Tomás, por cierto será digna de ver la migración que provocará el de Galapagar hasta esta tierras fronterizas, hay que sumar la presencia, una vez más, de primeros espadas de la talla de Miguel Ángel Perera, Enrique Ponce, El Juli, El Fundi, Alejandro Talavante, Josemari Manzanares o Cayetano.
Contrasta esta necesidad, que de forma tan eficaz han concebido Cutiño y sus socios, con la incapacidad, a la hora de generarla, de otros empresarios, algunos de plazas archinotables. En cuyo caso no sé si inclinarme que por desconocimiento del producto o por laxitud a la hora de enfocar. Allá ellos. Lo cierto es que de estos últimos sobran bastantes y de los otros, los primeros, por desgracia no abundan, o tal vez no les dejan abundar…
A todos ellos, el ejemplo de Olivenza les ha de servir de acicate para comprobar que la imaginación, el denuedo esfuerzo, las ganas y el empeño siempre acaban encontrando la recompensa que merecen. Y que esos otros, apolillados, transmisores de ristras raídas, empeñados en no dejar pasar ni la luz ni el aire a través de sus opacos cuerpos, les llegará el día en que deban recoger, en sus carcomidos baúles, sus avaras ideas, y emprender en sus goletas rumbo a otros puertos desde donde intentar seguir chalaneando con las joyas de la abuela.
Enhorabuena Olivenza, por estos veinte años de vanguardia.

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