12 junio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Ahora, sin sitio a las dudas, el torero más conocido en México es Arturo Macías “El Cejas”; su carisma y sus desordenadas ganas de colocar su nombre en la más alta loma de la torería nacional, han en parte ya conseguido el objetivo.

Ahora, sin sitio a las dudas, el torero más conocido en México es Arturo Macías “El Cejas”; su carisma y sus desordenadas ganas de colocar su nombre en la más alta loma de la torería nacional, han en parte ya conseguido el objetivo. Función tras función en los diversos cosos de la república mexicana, haga el torero de esencia o el de bisutería, no se deja pasar desapercibido; incluso ha habido algunas tardes en las que ha enseñado algo su perfil de coleta artista, como en la pasada truncada feria de San Marcos en Aguascalientes o en la misma México, ambas al lado de José Tomás. Su viaje a la península ibérica, apoyado por uno de los nombres de mayor importancia administrativa en aquellos terrenos como lo es Antonio Corbacho, está a boca de puerta; ya tiene en la carpeta un par de contratos debidamente cotejados y firmados al calce: Valencia y Sevilla, y al amparo de estos está la esperanza casi concreta en realidad de su confirmación de alternativa en la plaza más importante del planeta, Las Ventas de Madrid. Sin embargo no deja de preocupar que aún a estas alturas del mes no se haya ido ya. Realizar una campaña en España no es asunto de “enchílenme la otra gorda”, más bien es cosa de intensa preparación no solo técnica y artística, si no hasta física y psicológica.
Para atrasar más este viaje le llegó al “Cejas” esta cornada en la axila el pasado domingo en Mérida, dada por un torillo, lo que le tiene convaleciente y sin poder hacer válidos los pases de abordaje al enorme pájaro metálico que le trasladará a esta lejana tierra de Iberia, la de nuestros bisabuelos.
Sí, es razonable de pensar que “El Cejas” deberá de limar varios aspectos de su persona torera antes de calzar el traje de luces por vez primera en España, ya como matador, lo que sucederá en Valencia al centro del círculo de su célebre y exigente feria de Fallas; para esto se necesita de la ayuda del señor Cronos. De ello seguramente es conciente Corbacho.
Toda la afición de México manifiesta abierto y franco deseo de que “El Cejas” triunfe en España, en los corrillos taurinos no es otro el tema, y a ello se une la plumilla que firma esta hoja; tal fuerza espiritual aleada con la suya propia, sin duda le ayudará a concretar sus sueños en realidades, no obstante también habrá que ser conscientes de que la empresa que se ha propuesto Arturo es demasiado compleja. Este aspecto tiene veneno, pero también el diestro cuenta con un anticrotálico que le sacará adelante si lo sabe usar. Todo radica en que no se haya mal acostumbrado.
En su conciencia está el saber en donde se encuentra el punto de equilibrio de una fiesta mexicana y una española, aquella venida a mucho menos, y esta crecida, revolucionada y evolucionada en todas sus partes. En donde el toreo es realidad y no mito, fiesta brava y no charlotada.
En España no podrá encontrarse con “Teofilitos”, “Fernanditos de la Mora” ni “Bernalditos de Quiroz”; tampoco con un público feriante que le festeje rodillazos, desplantes descalibrados ni actos teatrales luego de aparatosos revolcones.
Habrá de sacar al Arturo de la confirmación de alternativa en el coso de Insurgentes, antes el más importante de América y hoy el más sobajado, cuando ante toros de Barralva se observó como un torero y como un hombre, para desorejar merecidamente a su segundo, el cierraplaza ahora de feliz registro en su vida llamado “Don Palillo”. Al Arturo que ante José Tomás ha dado la pelea que en esas tarde se exige. Al Arturo consciente de que puede triunfar en una fiesta en la que incursionó como novillero.
Suerte de verdad y que su nombre pueda pronto escribirse con letras a la tinta lujosa, pues sus éxitos serán el barreno que pueda perforar otras oportunidades y espacios para sus compatriotas toreros. La fiesta azteca lo necesita hoy más que nunca.

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