18 septiembre, 2021

EDITORIAL DE ANTONIO GIROL… EL OTRO CARNAVAL.

Mientras sobre las tablas del Gran Teatro Falla al ritmo del tangai se sacaba punta a la cruda realidad, en el otro Gran Teatro, el de la torería, no sé si por ironías del destino

Mientras sobre las tablas del Gran Teatro Falla al ritmo del tangai se sacaba punta a la cruda realidad, en el otro Gran Teatro, el de la torería, no sé si por ironías del destino, o tal vez, por mor del azar, pero el caso es que, desprovistos de máscara ni disfraz, veían la luz, ya sin el tamiz de la filtración interesada, los ajustes de un abono sevillano concentrado en diecinueve corridas de toros, ocho novilladas con picadores y los dos tradicionales, nunca mejor dicho, festejos de rejones.
Leyendo, y escuchando, a amigos como Francisco Mateos o Paco Díaz, entre otros, me enteré que la presentación del cartel resultó, sin embargo, y a pesar de la fecha, poco chirigotera. El acto en sí no dio ni para el famoso popurrí fin de fiesta. Sí, ya saben, ese formado por fragmentos de temas bajos los acordes de los más pegadizos sones. Una preguntita con la musiquilla del Soy Rebelde, por aquí; y una respuesta con notas del Tío del Tambor, por allí…
Una lástima, oiga, porque el mundo del toro, en la muy tradicional Sevilla, y no digamos en otros muchos lugares, está repleto de agrupaciones que con mayor o menor ritmo interpretan las carnestolendas cuartetas…Sino fíjense:
No me negarán que en una fiesta donde tan de cerca se baila con la muerte deberían descollar “Los que van por derecho”. En La Tacita así ha sido, y la agrupación del Vera, aplicando un símil taurino, se fue el pasado viernes por la Puerta Grande camino de la Plaza Fragela. Sin embargo, en los toros observas con pesadumbre como aquéllos que más rectitud imprimen a su profesión suelen ser los que encuentran el camino más tuerto. Y no sólo me refiero a esos buenos, y ante todo honrados, espadas que no suelen ir a la pila bautismal de los brazos de un padrino. Ahí está el caso de muchos informadores y periodistas taurinos que encuentran la brusquedad y la salida de tono como respuesta a sus desvelos por perseguir ese ideal utópico de la fiesta virgen de pútridos vicios.
Por desgracia ir de frente es sinónimo inequívoco de tener que lucir, y no sólo en febrero, el disfraz del gran escapulario en forma de poncho con la cruz de San Andrés signada en rojo, lo que viene a ser un sambenito en toda regla.
Bastante culpa de esto que les cuento la tiene “El escuadrón de los jartibles”, tan al uso en el teatro del taurineo. Esa cohorte de cansinos, repetitivos y pesados hasta la extenuación que tenemos que aguantar temporada tras temporada. Tanto vestidos de oro, en ocasiones de hilo negro, como en los distintos burladeros de los callejones. Unos y otros llevan a gala interpretar perfectamente su libreto: ¡dar por culo! Vamos a decirlo con todas las letras, y nunca mejor dicho, por derecho. Ahí están, cegando con sus ampulosos nombres, apellidos y carguillos la esforzada escalada de los que, con su sacrificado afán, pretenden dejar su impronta cabal. Ésa que a buen seguro les acarrearía la pérdida de la componenda en la que viven trampeando. De ahí el tremendo esfuerzo que han de hacer para no dejar traspasar ni una línea de luz mientra continúan parasitando a la espera de cumplir el estribillo que cantaba El Sheriff: “te vamos a picar en cuanto lo ordene el capitán”.
Tan perniciosos como los anteriores son “Los que no se enteran”. O no se quieren enterar. Que todavía es peor. Toda esa caterva de cobardones que habitan acoquinados bajo el faldón de los poderosos, a cambio de recibir el roce creso de la mano que les sirve el pienso, y por la que hacen oídos sordos ante la impronta de injusticias que deja el día a día taurino.
Al hilo de toda esta ralea es normal que afluyan “Los falsos”. ¡De cajón! Quienes encuentran en el ampuloso y zalamero mundo del toro el más que apropiado caldo de cultivo desde el que prosperar medrando tras el frío estilete de una media sonrisa. Son la fauna predilecta en esta selvática fiesta. Rufianes capaces de vender a su propio padre a través de las más adyentas de las falsías. Ladinos de ojos brillosos que igual ponen una vela a Dios que al Diablo. Esos que con el brazo derecho te estrechan con zalema sumisión mientras con el izquierdo te ponen los cuernos.
Para terminar el repaso a este bestiario no podía dejar de traer hasta ustedes a “Los que siempre te dan la espalda”. Suele haberlos de dos tipos, unos que lo hacen por elación y otros por felonía. Los primeros, los ampulosos altivos que desde su natural ignorancia tratan con desdén se les distingue bastante bien las plumas de su culata. Los otros, los desleales, son menos vistosos, aunque sus perfidias son más lacerantes. Tienen cierta semejanza con las ratas, pues llegado el naufragio serán los primeros en abandonar el barco.
Curiosamente todos estos especimenes han sido remedados en el Carnaval gaditano. Por suerte para los carnavaleros estos genotipos mueren con don Carnal. En el otro carnaval, el taurino, perviven mutando los unos en los otros, sin que ni tan siquiera la Cuaresma, con su purificante ceniza, logre terminar con la penitencia que imponen a nuestra más auténtica y genuina fiesta.
Antonio Girol.
Nota.- “Los que van por derecho”, “El escuadrón de los jartibles”, “Los que no se enteran”, “Los falsos” y “Los que siempre te dan la espalda”, son agrupaciones chirigoteras que han desfilado por el Gran Teatro Falla durante las rondas preliminares, cuartos, semifinal y final del Carnaval Gaditano 2010.

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