25 septiembre, 2021

LAS DAMAS EN LOS RUEDOS.

El 26 de mayo del 2002, la matadora española Mari Paz Vega torea una corrida de Pilar Labastida, segunda de la temporada en la ciudad de Tijuana Baja California.

El 26 de mayo del 2002, la matadora española Mari Paz Vega torea una corrida de Pilar Labastida, segunda de la temporada en la ciudad de Tijuana Baja California. Al mes siguiente fue operada en la ciudad de México, en donde le retiraron un par de tornillos y el clavo que le sujetaban el fémur, tras la fractura que sufrió en La México en enero del 2001 al recibir un toro de hinojos. En aquellos días Mari Paz pasaba por uno de sus mejores momentos taurinos y acertadamente la empresa la contrató para el segundo festejo del año taurino. El único problema era conseguir alternantes preparados para torear en un plaza de primera. ¿Motivos?, nadie quería torear con una mujer. Punto. No era la procedencia del ganado. Tampoco era algún diferencial en el honorario. No, era otra cosa, algo qué hoy y siempre han sufrido las damas al vestirse de toreras: La discriminación.
Para dicho cartel levantaron el dedo dos entonces jóvenes matadores de toros sedientos de triunfos: José María Luévano y Paco González. Cómo era la buena costumbre de la empresa en aquellos años, los matadores que toreaban el domingo debían presentarse en las oficinas de la empresa a más tardar el martes o el miércoles anterior a la corrida para hacer el recorrido por los distintos medios de comunicación para promocionar la corrida. La primera entrevista fue en una estación de radio y la primera o segunda pregunta del locutor a mi hoy compadre Paco González fue: “Paco, estás emocionado por torear esta corrida en Tijuana?”, a lo que Paco respondió con toda sinceridad: “Si, tengo muy buenos amigos en Tijuana y la gente es muy amable. Lo que no me gusta es alternar con Mari Paz”. Sobra decir que los próximos 20 minutos de entrevista fue una “guerra de los sexos” entre Mari Paz y Paco; tan fue así que Chema Luévano, siempre recatado en sus comentarios se limitó a decir “Buenas Tardes” y “Gracias por la invitación, no vemos el domingo”, durante sus únicas dos intervenciones en el programa de radio. Y así fue la tónica durante toda la semana, tanto en radio, televisión, presentaciones en lugares de moda de la ciudad cómo en la conferencia de prensa oficial que anunciaba la corrida. La empresa comprendió que la pugna entre ambos toreros de distintos sexos sólo traería beneficios en la taquilla por la polémica despertada y no intervino en los “diálogos” entre ellos.
El argumento de Paco en contra de torear con mujeres era muy sencillo: Siempre llevan la ventaja con el público por su condición de damas. Y después de ver la reacción en los tendidos tras el corte de una oreja de Mari Paz al primero de su lote, entendí mucho mejor lo que Paco mencionaba. Mari Paz se arrimó y con gran valor no cortó, sino le “arrancó” la oreja al tercero de la tarde oficiando una faena riñonuda ante un animal que ofrecía pocas posibilidades. El público reaccionó cómo si fuera sido una faena de rabo y coreó el grito de ¡Torera!, cuando Mari Paz daba la vuelta al ruedo. Acto seguido, Chema sudó el terno y se jugó la vida estando muy bien con el segundo de su lote, cortándole una oreja. Desde mi asiento ví a Paco colocado en el burladero de matadores en espera del segundo de su lote, quinto del festejo. Sonrió cuando José María, que aun se veía pálido tras el esfuerzo, le dijo algo y movió la cabeza cómo diciendo “te lo dije”.
Saltó al ruedo el segundo de su lote y Paco no espero a ver su recorrido; se desprendió del burladero con mucha convicción y procedió a córtale las dos orejas a su colaborador. El toro era veleto y astifino, y Paco se fue por derecho haciendo la suerte suprema de manera sublime. Tras dar la vuelta con los trofeos en la mano, llegó hacia la contrabarrera y me comentó: ¿”Ves lo que te digo Manolo”?. Alternar con mujeres implica un gran esfuerzo”. (Nota: Claro que usó palabras más coloquiales, pero eso quiso dar ha entender). Fue una gran tarde de toros. Fue una tarde de contrastes. Pero sobre todo comprendí que no es que las mujeres toreras sean de mala suerte por estar en el callejón, o que el público todo les perdone. Más bien a los machos vestidos de toreros no les gusta que nadie les pise los terrenos, menos una dama. Por lo tanto el esfuerzo tiene que ser mayor para lograr el triunfo, inclusive auténticamente jugarse la vida. Por fortuna a grandes esfuerzos, grandes recompensas. Esa temporada Paco toreó otras dos tardes en Tijuana logrando triunfos importantes, mismo que lo llevaron a comparecer en la Plaza México. Seguramente el triunfo de Manolo Mejía en esa coso este domingo pasado, tras darle la alternativa a Hilda Tenorio, le traerá grandes recompensas y hasta quizás reviva su carrera. ¿Ven caballeros? Puede ser que la herejía así cómo la suerte, tengan ambas, cara de mujer.

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