21 junio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

De siempre me he declarado machista; hoy en esta hoja lo ratifico, sí, ¡soy machista!, pero no en la insulsa acepción recalcitrante, tradicionalista y cursi con la que los sociólogos han etiquetado al varón mexicano; no, más bien por el contrario, machista exaltado que reconoce a la mujer como un ser diferente a él, especial

De siempre me he declarado machista; hoy en esta hoja lo ratifico, sí, ¡soy machista!, pero no en la insulsa acepción recalcitrante, tradicionalista y cursi con la que los sociólogos han etiquetado al varón mexicano; no, más bien por el contrario, machista exaltado que reconoce a la mujer como un ser diferente a él, especial, en algo divino y muchas veces, las más, superior, que tiene el poder de hacer triunfar o de hacer fracasar a su hombre, que tiene el don sublime de parir, transferir la vida milagrosamente; que es delicada, tersa, sublime; que posee aguda inteligencia, y un cuerpo que es envidia de diosas y maricas.
No hay cosa más patética y extraña que ver a una mujer vestida con el terno de luces, atavío que fuera diseñado desde el inicio de su historia para que lo portaran hombres y en ambiente de hombres; me parece algo hasta grotesco. Quizá no le sea propio a una dama ejercer el bárbaro arte de lidiar reses bravas en el rango profesional, y no porque no tenga la capacidad, si no porque su naturaleza biológica de concebir y dar vida se dibuja como antagónica de tal… Sin embargo nunca he dejado de reconocer la suficiencia de Hilda tenorio desde que era becerrista, luego novillero y hoy… me rindo a sus pies luego de haber visto lo que hizo en su alternativa en el coso más grande del mundo.
¡Que vergüenza! Una damita con carisma, bajita de estatura pero segura de sí misma y con el corazón de recio metal enfrentó al toro, lo que no quisieron hacer ni en sueños los astros europeos que se presentaron esta campaña que llega por la tarde a su postrera función… y atrás de ellos una empresa que siempre se inclina ante sus abusivas y deshonestas pretensiones ¡que vergüenza!.
A Hilda si se le aplicaron sin favores los códigos del reglamento con los toros que enfrentó, mientras que la noche del aniversario del coso más vejado de América, Herrerías y las “autoridades” delegacionales que son en el terreno de lo práctico sus mozos de caprichos, tuvieron de manera camandulera la puntada de aprobar un encierro de reses inflamadas con anabólicos y sin trapío de Los Encinos para que el sínico de Francia y los otros alternantes, jugaran al torito mientras les veían algunos miles, no muchos, de gentes ¡Que vergüenza!.
Hilda asumió una responsabilidad y la digirió con honestidad, mientras que el paisano de la vanidosa Carlota y otros europeos como “El Juli”, que en México toma perfil de “Juliancito”, primero realizan compra-venta de ganado y las “empresas” les hacen caravanas pagándoles en grande por lidiar torillos pequeños ¡Que vergüenza! No siempre se necesitan testículos para ser hombre; no creo que Hilda los tenga biológicamente, pero si que este año los ha tenido más espiritualmente que la mayoría de los peninsulares que han pisado arenas aztecas, y es una damita mexicana ¡Que vergüenza!.
Una flor cultivada en suelos de México tuvo mayor valor que los “dioses barbados” que fueron vomitados por el mar ¡Que vergüenza! Una mujer mexicana, y además jovencita, se asomó al espectáculo legítimo, genuino, auténtico, mientras que los figurones españoles y demás, cuando se presentó el toro… no dieron a ver ni el copete ensortijado ¡Que vergüenza!
Sí ¡Que vergüenza!… cuando se tiene…

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