31 julio, 2021

EDITORIAL DE ANTONIO GIROL… EL INTONSO MOSTERÍN Y SU VACUNA.

Resulta curioso que de un tiempo a esta parte cuando en una reunión de amigos, o conocidos, sale el tema de los toros y expresas tu amor hacia él, a parte de que algunos te miren como si fueses un taimado trasgresor,

Resulta curioso que de un tiempo a esta parte cuando en una reunión de amigos, o conocidos, sale el tema de los toros y expresas tu amor hacia él, a parte de que algunos te miren como si fueses un taimado trasgresor, cuesta cada vez más que te entiendan, obligándote a desbrozar una abigarrada maleza de tópicos manidos. La mayoría de las veces, por no decir todas, asentados sobre las bases de la ignorancia más atrevida.
He tenido, imagino que a ustedes les habrá ocurrido igual, en bastantes ocasiones que bregar contra ideas tan absurdas como que el toro sale a la plaza drogado, o con cortes en los músculos del cuello, con los ojos cegados con arena, o incluso que en cada corrida mueren un buen número de caballos de picar por los destrozos que les ocasina el toro, de ahí que lleven el peto para que no sean perceptibles sus heridas… Sí, todas estas soplapolleces, y muchas más, las han tenido que oír mis oídos. ¡Y luego hablan de tortura! Tortura es tener que escuchar esta sarta de sandeces y, encima, tener la paciencia del Santo Job para aguantarlas.
A esta gama de idioteces ayudan sandios, porque no tiene otro nombre, como el tal Jesús Mosterín, de estudios: filósofo. Me niego a creer que se gane la vida reflexionando después de escucharle en el Parlamento de Cataluña decir que las corridas de toros eran “un síntoma de escaso desarrollo intelectual” Y se quedase tan ancho.
Es de suponer que prosistas y poetas de la talla de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Ramón María del Valle-Inclán, José Bergamín, Ramón Pérez de Ayala, Ernest Hemingway, Camilo José Cela, Gabriel Celaya, Pedro Laín Entralgo, Agustín de Foxa, Doménico Cieri Estrada, Felipe Sassone, Rafael García Serrano; el filósofo don José Ortega y Gasset (ante el que el tal Mosterín se tendría que poner de pie); el compositor Antonio Peña y Goñi; el dramaturgo Ricardo de la Vega, el ensayista y académico francés Henry de Montherland o su paisano el escritor y polemista Jean Cau; por citarles algunos, son para este sujeto claros ejemplos de escasez de desarrollo intelectual. Ya lo dice el refranero popular, siempre tan socorrido y oportuno, cree el ladrón que todos son de su misma condición.
Tras su disparatado discurso, este orate seguro que piensa, y hasta reflexiona, que por ejemplo Lorca, por un poner, aplaudiría la ablación de las féminas, acto con el cual comparó la fiesta de toros, y aquel poema que dice:
En la mitad del barranco las navajas de Albacete, bellas de sangre contraria, relucen como los peces…
Fue escrito como canto al acto de extirpar un clítoris. No les extrañe si llega a la conclusión de que fuese el de Soledad Montoya, y por eso decía aquello de:
¡Ay mis muslos de amapola!.
Pero dejemos a un lado a este botarate con ínfulas de notoriedad aun a expensas de incurrir en el mayor de los ridículos; y centrémonos en esos escritores, pensadores, dramaturgos, ensayistas, musicólogos… que más arriba les señalo, de una grandeza intelectual y moral que sólo sus nombres provocan respeto, agradecimiento y homenaje por el legado que nos han ido dejando a lo largo de los siglos. Legado que ha incluido su admiración por los festejos taurinos, como se puede observar en las frases que, con la solera de los años, se han hecho célebres y que cuyos apotegmas nos valen para nuestra defensa a ultranza de los toros.
Por tanto, ante aquéllos que con moralina nos ataquen, hagamos como en su día hiciese el Nóbel Ernest Hemingway, argumentarles que “es moral lo que hace que uno se sienta bien, inmoral lo que hace que uno se sienta mal. Juzgadas según estos criterios morales que no trato de defender, las corridas de toros son muy morales para mí”.
Porque amigos (y amigas, que diría Bibiana) no olviden que “el toreo es la riqueza poética y vital mayor de España”, y esto no lo digo yo, eso lo dijo nada más y nada menos que Federico García Lorca.
Defendamos a ultranza, sin complejos, esta fiesta, tan nuestra como universal, que nos provoca que sintamos, al igual que Jean Cau, que “amar los toros es, cada tarde, a eso de las cinco, creer en los reyes magos e ir a su encuentro”.
Ya lo dijo el dramaturgo, y padre del género chico musical, don Ricardo de la Vega, que haciendo uso del género lírico dejó escrito.
“Es una fiesta española… que viene de prole en prole… y ni el gobierno… la abole… ni habrá nadie que la abola”.
Ahí les duele…

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