17 septiembre, 2021

CASTELLÓN, ESPAÑA. CASTELLA DOS OREJAS EN UNA ENORME FAENA.

Castellón de la Plana, sexto festejo de la Feria De La Magdalena tarde entoldada y mucho frío entrada prácticamente lleno. Se corrieron toros del hierro de Vegahermosa, justos de presentación, muy flojos y descastados

Castellón de la Plana, sexto festejo de la Feria De La Magdalena tarde entoldada y mucho frío entrada prácticamente lleno. Se corrieron toros del hierro de Vegahermosa, justos de presentación, muy flojos y descastados, de poco juego; notable el segundo, el mejor del encierro con diferencia.
JOSÉ ANTONIO “MORANTE DE LA PUEBLA”, pinchazo y estocada, ovación y pinchazo y estocada, silencio.
SEBASTIÁN CASTELLA, estocada caída, dos orejas y tres pinchazos con casi una entera, ovación.
MIGUEL ÁNGEL PERERA, tres pinchazos con estocada, ovación tras aviso y estocada, oreja.
El subalterno Curro Molina saludó desde el tercio por dos soberbios pares al quinto.
Castella continúa imparable en un momento impresionante, triunfo rotundo, con salida por la puerta grande, en una tarde en que el ganado no dio opciones; en su primero, segundo de la tarde, un toro terciado de presencia, noble y que embistió en todos los terrenos y distancias; el francés firme con el capote en lances a la verónica finos y templados; desorden en varas y banderillas, el de Vegahermosa no perdió ni una sola de sus cualidades para el último tercio; cinco estatuarios, cinco, sin enmendarse; con la derecha hilvanó una tanda larga, acompasada y limpia; al natural lo aguantó; dos invertidos sin rectificar y algo de para allá y para acá pasándose al toro en un espacio mínimo, algo sensacional; con cuatro manoletinas de empaque dieron paso a la estocada, algo caída y el delirio de los tendidos. Con el quinto, en la línea del conjunto, poco o nada se podía hacer salvo estar airoso y valiente encunado en los pitones; de haber acertado con el estoque hubiera tocado pelo.
Perera con su primero, un ejemplar sin clase, anduvo quieto y fácil, nada más se podía hacer. En el sexto, el susto monumental de la voltereta y verlo en la arena a merced del astado que lo buscaba encelado, por fortuna sin calarle, resultó determinante para meterse al público en el bolsillo; maltrecho el diestro, las expresiones de arrojo y valor, calaron en los tendidos; al matar de una estocada el público le premio con una oreja. Morante con indolencia y falta de oponentes se le fue la tarde, ni un lance lucido, ni una tanda ligada; al cuarto no lo quiso ni ver.

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