25 septiembre, 2021

OREJA PARA “EL FANDI” Y MANZANARES.

Castellón de la Plana, séptimo festejo de la feria de La Magdalena tarde despejada y menos fría que las precedentes entrada casi lleno. Se corrieron toros del hierro de Luís Algarra

Castellón de la Plana, séptimo festejo de la feria de La Magdalena tarde despejada y menos fría que las precedentes entrada casi lleno. Se corrieron toros del hierro de Luís Algarra, el quinto devuelto saliendo el sobrero, desiguales de presencia, mansos, flojos y nobles; dieron muy poco juego; tan solo los dos primeros se dejaron.
DAVID FANDILA “EL FANDI”, estocada desprendida, una oreja y bajonazo, gran ovación con fuerte petición y pitos al palco dentro de la división de opiniones.
JOSÉ MARÍA MANZANARES, estocada caída con derrame, una oreja y estocada, ovación.
CAYETANO RIVERA ORDÓÑEZ, media tendida con descabello, silencio y dos pinchazos con estocada, ovación.
Se dieron cita en el ruedo tres estilos diferentes, “El Fandi” y su heterodoxia; Manzanares y Cayetano más clásicos pero con conceptos diferentes.
David Fandila a lo suyo se prodigó con capote y banderillas, sus fuertes; muy flojo el primero con una gran nobleza, había que mimarlo a media alturita para evitar perdiera las manos, precisamente el granadino no es virtuoso con la muleta y le propinó más de un trallazo, pero con sus florituras llegó a los tendidos y con su efectividad con la espada consiguió la oreja. En el cuarto se pudo apreciar que tenía muchos adictos en los tendidos debido a la petición de la oreja cuando no había habido ni un pase decente y la estocada un infame bajonazo. Con muy buen criterio la Presidencia se mostró impasible.
Manzanares con su primero, segundo de la tarde, un ejemplar noble y muy justo de fuerzas lo toreo con mucho empaque, hondura, suavidad, lentitud y estética y el toro terminó por ir y venir al ritmo y temple que le marcaba el diestro, circulares lentísimos, interminables; lección de torería; que bien anda el alicantino, todo basado en una excelente técnica y conocimiento de los terrenos; estuvo tan bien que aunque cayó mal la espada se le concedió la oreja merecidísima. Con el quinto, flojísimo, rodaba una y otra vez por la arena y algo parado, se mostró breve.
Cayetano, pechó con el peor lote, tuvo que resignarse a ser testigo de la contienda; manso el tercero, yéndose a terrenos de nadie, nada pudo hacer. Con el sexto lo laceo con prestancia, mostrando detalles de clase, valentía y entrega con la muleta; una tanda de naturales de especial calibre, asentado y acompasado lo más destacable; el falló con los aceros le privó de tocar pelo.

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