20 octubre, 2021

REFLEXIONES Y VIVENCIAS EN TORNO AL “CURRISMO”.

3ª Parte… Pero en el “currismo” hay mas cosas, y yo hoy aquí, se las quiero contar a ustedes a ver si logro que me comprendan a fondo. A mí me enamoró la magia del capotillo y la muleta de Curro. Sus verónicas, sus medias verónicas tan lentas, eternas a veces. Sus inesperadas “resurrecciones” cuando nadie daba ya un duro por él.

3ª Parte… Pero en el “currismo” hay mas cosas, y yo hoy aquí, se las quiero contar a ustedes a ver si logro que me comprendan a fondo. A mí me enamoró la magia del capotillo y la muleta de Curro. Sus verónicas, sus medias verónicas tan lentas, eternas a veces. Sus inesperadas “resurrecciones” cuando nadie daba ya un duro por él. Sus trincherillas electrizantes, su toreo al natural con la izquierda. Sus andares en la plaza, su concepto del vestir en el torero. Su ser dentro de la plaza y fuera de ella. Su seriedad vital. El mismo Curro le confesaba al periodista Antonio Burgos cual era su verdadera concepción del toreo: “El toreo – le decía Curro — es sentimiento. Es acariciar. Convertir algo violento en algo bello y todo de modo muy natural. Hay que hacer las cosas como le salen a uno de lo más profundo”. Y ese saber hacer las cosas, convirtió el toreo de Curro Romero en un arte mágico y prodigioso, surgido en esos instantes de sublime inspiración del artista, en que lograba sin proponérselo parar los relojes del tiempo.
En muchas ocasiones los detractores de Curro Romero, han venido ha decir, como un insulto, que Curro era un torero muy irregular pues de veinte corridas toreadas, estaba bien en una o dos solamente. Y yo con tristeza pensaba que al arte no se le puede aplicar las estadísticas. El arte surge cuando tiene que surgir. Cuando se dan las condiciones precisas, en que coincidan los astros, las buenas actitudes del toro, el estado de ánimo del torero, que esa tarde no haya viento…o que no haya discutido con la suegra y qué sé yo, …una serie de circunstancias que hacen que al torear un torero como Curro surja esa “música callada del toreo” de la que nos habló el poeta José Bergamin: “Música para los ojos del alma y para el oído del corazón”; que es el tercer oído del que nos habló el filósofo alemán Federico Nietzche: “el oído que escucha las armonías superiores”. Bergamín también se hizo eco de un pensamiento clave de las Santas Escrituras: “Oír con los ojos, ver con los oídos”. Para mí esa “música callada del toreo”… es eso, y es otro elemento fundamental e irrepetible del “currismo”.
Yo he aprendido además con Curro, que el torero no puede prestarse a “charangas” ni “panderetas”. El torero tiene que ser serio. Torero dentro y fuera de la plaza, como lo fue el “Guerra”, Manolete, o “Gallito”, o Juan Belmonte, y ahora, Joselito, Ponce, Morante de la Puebla o el maestro Luis Francisco Esplá. Lo que no puede ser es que haya toreros, que sean más conocidos por sus faenas de “bragueta” que por sus faenas de muleta. Los toreros por tanto deben ser personas serias, con sus vidas privadas para ellos, pero con actitudes vitales de seriedad. Porque la Fiesta se merece creo yo, ese protocolo y esa liturgia sagrada de seriedad y máximo respeto. Ese saber estar o comportarse en sociedad, no como alguien cualquiera, sino como un torero, que es señoras y señores, tal vez el oficio más difícil del mundo.
Y además debe de ser fiel a sus propias convicciones por encima de las modas imperantes o los gustos de empresarios y del público en general. Y Curro Romero siempre fue fiel a sí mismo y no a la galería. Actitud que le propinó en muchas ocasiones malos ratos y dolores de cabeza. Todos estos elementos han ido conformando en mi interior, el “canon” de cómo debe ser un torero.
En esos últimos años de la carrera profesional de Curro Romero, yo me convertí también en un peregrino, porque presentía que la retirada del maestro de Camas podía estar cercana, y me propuse beber con deleite esas últimas gotas del “tarro de las esencias”.
Tengo que confesar que en esos últimos años, le seguí a muchas partes y que aprendí muchas cosas útiles para ser más feliz, como es por ejemplo comprender mejor las cosas de la vida. Porque el hombre es más feliz cuanto más sabio es y logra entender mejor las cosas de la vida. Yo creo que a lo largo de nuestras vidas estamos siempre aprendiendo a vivir, y “saber vivir” es un arte que puede aprenderse con el tiempo aunque no todos lo logran. (Continuará mañana).

Deja un comentario

WP2Social Auto Publish Powered By : XYZScripts.com