VALENCIA, ESPAÑA, INMENSO “EL JULI” EN EL MANO A MANO, CUATRO OREJAS.

Monumental de Valencia, 16 de marzo 2010. Corrida de la feria de fallas, tarde apacible, entrada lleno hasta la bandera.
6 Toros del hierro de Zalduendo, desiguales en presentación y en juego, faltos de trapío y de raza, mansearon, algunos anovillados en exceso, quinto y sexto serios y cuajados, el quinto manso y complicado.
ENRIQUE PONCE, ovación, oreja y gran ovación tras aviso.
JULIÁN LÓPEZ, “EL JULI”, dos orejas, saludos y dos orejas.
Despertó un gran interés el mano a mano, entre dos de los grandes, esta temporada se darán bastantes, se puede recordar por la temporada de los mano a mano, amanecerá y veremos. En Valencia se llevó el gato al agua Julián pletórico toda la tarde ante Ponce que estuvo en maestro ante el peligroso quinto, el peor del remendado encierro. Julián se mostró con las ganas de novillero y con esa plenitud del torero maduro y cuajado.
Ponce enorme en dos faenas de distinto corte, con el tercero, un buen toro, en torero; con el quinto, peligroso, en maestro y lidiador, lástima que en esta tarde no estuvo acertado con los aceros con los que perdió trofeos.
Todo ello quedó algo empañado por el trapío, hechuras, edad y defensas de alguno de los ejemplares, si es verdad que al desencajonar se partieron pitones algunos toros y hubo que remendar, pero en plaza de primera y con figuras debe aparecer el toro toro.
“El Juli” se mostró inmenso de principio a fin, tuvo momentos que nos recordó al novillero bullidor con ganas de comerse al toro; hizo gala de su maestría, de su torería, de su madurez, de su conocimiento, de su poder, de sus deseos de triunfo; hubo un momento que quedará en la mente de todos los presentes por mucho tiempo, sino por siempre, fue en el sexto, el toro no estaba fijado, se fue a los medios, lo citó y se abrió por lopecinas, el toro se para y el madrileño se arrodilla para rematar con un farol y una larga cordobesa, los tendidos en pie le tributa una estruendosa ovación. Todo su poder y mando lo puso de manifiesto en la faena al segundo, su primero, lo templó y ligó, bajándole la mano e hilvanando muletazo tras muletazo y muy acertado con el estoque le llevaron a las dos orejas. Con el cuarto se mantuvo en la misma tónica pero al insistir en matar recibiendo se esfumaron los trofeos. Lo más importante de la tarde llegó con el sexto, un toro cuajado y con un terrible pitón derecho, sin duda el mejor de la corrida y al que Julián entendió y con valor, conocimiento, firme en la arena, le corrió la mano, tirando de él, ligando y para culminar un estoconazo y el delirio en el callejón y en los tendidos.
Se conmemoraban los veinte años de alternativa de Ponce y la tarde se truncó para el de Chiva, le embistieron poco y mal; el primero anovillado en exceso terminó por pararse y el valenciano, que había brindado a su abuelo, tuvo que abreviar; el tercero mejor le permitió algo de lucimiento, muy torero y estético, Ponce se encontró a gusto, sobre todo con la derecha, faena limpia, ligada, bien trazada, por momentos brillante; el toro tardó en doblar y todo quedó en una oreja, que bien podían haber sido dos. En el quinto, un toro manso y peligroso, cuajado y con enorme arboladura, Ponce estuvo en maestro, que lección de lidia; con el capote se le venía encima, le dieron durísimo en el caballo y el toro se vino arriba, por el pitón derecho ni un pase, buscaba y buscaba queriendo cornear; Enrique insistió, sacó el mando y el poder, se lo llevó a los medios para exponiendo imponerse a su enemigo y nunca mejor dicho, instrumentándole series al natural de altísimos quilates; enorme el maestro; lástima que no se podía entrar a matar por el terrorífico pitón derecho y ahí quedó el triunfo; la ovación de época. Probablemente será uno de los peores toros que le haya tocado lidiar.

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