16 septiembre, 2021

UNA EXPERIENCIA TAURINA MEDIO SIGLO DESPUES DE MI ALTERNATIVA.

El 31 de mayo del 2005 por la tarde, me encontraba abordo de un Boeing B-737, sentado tranquilamente al lado del autor, periodista y amigo Jim Myers. Volaba de McAllen, Texas, a Baltimore, Maryland, volviendo a casa después de haber participado en unas actividades de sabor taurino en el norte de México y en el sur de Texas.

El 31 de mayo del 2005 por la tarde, me encontraba abordo de un Boeing B-737, sentado tranquilamente al lado del autor, periodista y amigo Jim Myers. Volaba de McAllen, Texas, a Baltimore, Maryland, volviendo a casa después de haber participado en unas actividades de sabor taurino en el norte de México y en el sur de Texas.
Medio siglo antes, el 31 de mayo del 1955, también por la tarde, estaba en la puerta de cuadrillas de la Plaza de Toros de Cáceres, nerviosamente esperando hacer el paseíllo entre las grandes figuras del toreo Emilio Ortuño, “Jumillano”, y Pedro Martínez, “Pedrés”, quienes en unos momentos serían, respectivamente, el padrino y el testigo de mi alternativa.
Antes de referirme al motivo por el que me encontraba abordo del Boeing, indagaré en mis memorias para actualizar lo que me sucedía medio siglo antes. Recuerdo que en mis juegos de chiquillo en la segunda mitad de la década de los cuarenta, cuando apenas tenía unos doce años, ya pensaba en tomar la alternativa. Vivía en Sevilla en el castizo barrio de La Macarena y para distraerme jugaba con mi pandilla de amigos a docenas de juegos, unos conocidos y otros que nos inventábamos nosotros. Entonces, teníamos que usar la imaginación para rellenar el tiempo de ocio que ahora los niños lo emplean mirando la televisión, pulsando botones en los juegos electrónicos o incluyéndose en actividades planeadas por los mayores.
Yo participaba con entusiasmo en cualquier juego como uno más del grupo. Ahora bien, cuando jugamos al ‘toreo’, me convertía en líder y en el más apasionado participante en lo que subconscientemente ya para mí era más que un juego. Cada niño representaba a un torero. José Luís, cuyo padre era madrileño siempre era Luís Miguel “Dominguín”, a un amigo muy alto, flaco y serio, quisiera él o no yo, yo le asignaba el papel de “Manolete”, y naturalmente yo me declaraba orgullosamente ser mi primo Pepin Martín Vázquez, uno de las grandes figuras de entonces y por consiguiente un personaje popular en el barrio.
Durante el tiempo que duraban esas corridas de chiquillos, en las que toros y toreros eran niños, mis amiguitos se doblegaban a mis dictatoriales decisiones, pues para ellos yo compartía con mi primo, en cuya compañía me veían a menudo, todo el conocimiento del toreo.
El problema surgió una tarde, cuando decidí que íbamos a jugar ‘a las alternativas’. En esa ocasión, yo insistí en que mi amigo José Luís dejara de ser “Dominguín” para convertirse en Pepin, pues yo demandaba que fuera mi primo quien me diera la alternativa. Ya entonces empezaba a soñar que Pepin fuera el padrino real de mi doctorado. Todos se negaron a cambiar de papel, pues estaban contentos con ser los toreros que hasta entonces habían representado. Así, que con esa obstinación peculiar de la edad inmadura, al no salirme con la mía, suspendí la corrida y yo tuve que postergar mi doctorado en tauromaquia y ellos no lo recibieron nunca, pues sus vidas tomaron rumbos diferentes al toreo.
Un par de años después para mí se acabaron los juegos al toro y el pretender ser Pepin, pues empecé a entrenar seriamente con los aficionados locales que, como yo, aspiraban a ser toreros. Al mismo tiempo los Martín Vázquez comprendieron que mi afición era real y comenzaron poco a poco a guiarme y ayudarme cuando comprobaron que tenía la pasión y las cualidades necesarias para ser un buen torero.
A los dieciséis años ya comencé a torear novilladas sin caballos por los pueblos. A los diecinueve años debuté en una novillada con caballos en Tanger, Marruecos, y después de algo más de dos años actuando con éxito como novillero puntero, toreé mi última novillada ante mis paisanos en la Maestranza sevillana el 22 de mayo de 1955, nueve días antes de mi alternativa.
Esos nueve días se me hicieron siglos, pues de mi mente no se podía borrar que el sueño de mi vida de ser matador de toros en unos días se iba a realizar. La realidad no sería una completa imagen del sueño, pues mi maestro Pepin, quien yo deseaba hubiera sido mi padrino, dos años antes silenciosamente, sin retirarse oficialmente, había colgado para siempre los trastos de torear. Sin embargo, me consolaba el saber que el cartel para mi alternativa, a falta de Pepin, no pudiera haber sido mejor, pues Emilio Ortuño “Jumillano” era una gran figura del toreo y Pedro Martínez “Pedrés” era el diestro más taquillero del momento. El encierro era de la prestigiosa ganadería salmantina de “Terrones”. Además encabezaba el cartel el gran rejoneador Bernardino Landete, lo que significaba que yo tendría tiempo para calmar los nervios después de hacer el paseíllo, mientras que el caballero actuaba. También la ciudad de Cáceres, donde la ceremonia de mi doctorado iba a tomar lugar, tenía un significado sentimental para mí pues allí, durante los inviernos, yo había residido con mi familia durante unos tres años y contaba con muchos amigos y partidarios.
Es curioso que de la actuación recordaba y recuerdo poco, pues en el ruedo me hallaba como flotando en una nube. Lo que sí me acuerdo es que antes de salir a la plaza estaba dispuesto a triunfar a toda costa y a no dejarme intimidar por los grandes maestros con quienes compartía el cartel, y que en el ruedo los oles me habían acompañado durante toda la tarde, tanto en los quites a los toros de los otros espadas como en mis dos actuaciones en mis toros. Por consiguiente, no se me olvidaba que había cortado dos orejas y rabo ni que di dos vueltas al ruedo en el toro de la alternativa, y menos que rematé la tarde obteniendo una oreja del peligroso toro que cerró plaza. Y recordaba con placer que al salir en hombros por la Puerta Grande pensé por un instante en lo orgulloso que se sentiría mi padre de su hijo. Este pensamiento fue inducido al ver enmarcado enfrente de la Puerta Grande del coso cacereño el cuartel de infantería en donde mi padre había estado destinado como teniente coronel y en donde residimos por una temporada.
Supe de los detalles de mi actuación más por lo que leí en las crónicas de la prensa nacional que por mis propios recuerdos. Como el festejo formaba parte del abono de la feria cacereña varios de los principales diarios de Madrid y otras ciudades reportaron lo acontecido. La corrida fue entretenida pues, aparte de los trofeos conseguidos por mí, Landete obtuvo un trofeo y a “Jumillano” le concedieron un apéndice de cada toro, mientras que “Pedrés” se fue de vacío. Aquí cito parte de lo que Manuel Alarcón escribió en el diario EL ALCAZAR de Madrid en la crónica que tituló “Mario Carrión se hace matador de toros con un triunfo memorable”:
La familia torera macarena tiene desde el 31 de mayo de 1955, una gran figura, cuajada en matador de toros. En el equipo torero de la casa de Martín Vázquez ha ingresado un traje simbólico: el traje verde mayo, que estrenaba Mario Carrión para la ceremonia de su alternativa. El color sevillanísimo de verde mayo acompañó a los toreros de la dinastía Manolo y Pepin Martín Vázquez en las tardes de gloria torera, y hoy este vástago, que acaba de hacerse matador de toros, con un éxito verdaderamente insuperable, llega al armario de los trajes toreros de los Martín Vázquez con la taleguilla destrozada por el toro de su alternativa.
“Perlito”, número 26, un Terrones con casta y temperamento, contribuyó con su aviesa intención, a que el traje de Mario regresase a la Resolana con el marchamo de los valientes. Bien es verdad que también “Perlito” se fue sin orejas ni rabo al desolladero, y su cabeza, ordenada a disecar, presidirá el salón de los más bellos recuerdos de este Mario Carrión, que acaba de pisar firme en el escalafón de los matadores de toros…
Sin permitir que se diera un solo capotazo al toro de su alternativa, lo saludó con finísimas verónicas, que hicieron estallar la primera ovación de la tarde para el macareno. “Jumillano” le cedió los trastos, y, tras el brindis al público, construyó Carrión una faena de extraordinario mérito, sobre los redondos, por alto, ayudados majestuosos, naturales, de pecho y apretadas giraldillas. Faena perfecta, limpia , clásica y pura, y con los pases justos. Faena de alternativado con mando y clase. Entró a matar por derecho como una vela y a volapié dejó el estoque en las agujas. La música, que estaba amenizando la faena, fue acallada por los clamores del gentío, y Mario tuvo que dar dos vueltas al ruedo, salir a los medios y devolver prendas y flores, tras haber cortado a “Perlito” las dos orejas y el rabo…
Salió en sexto lugar un “pegaso”, colorao, ojo perdiz y con cerca de trescientos kilos en los lomos (en canal no en bruto). Para colmo en los capotes se vencía por ambos lados, corneaba a diestro y siniestro y hacía imposible ponerse delante de él. Y a este toro le puso Mario Carrión el pecherín en sus pitones, desengañándolo de que cuando un torero en venas de valor y además es un artista genial, encuentra lidia ante el mismo toro “barrabás”. Y a este toro lo mató de un volapié inmenso, y el público desbordó todo el entusiasmo, aclamando al nuevo matador de toros, que se comportaba como un lidiador de muchas horas de vuelo. La oreja y la salida a hombros…
El traje verde de mayo de Mario Carrión había encontrado el estoque del señor Curro Vázquez, y juntos habían labrado la fecha memorable para Mario del 31 de mayo.
No se cumplieron los pronósticos del cronista de que sería figura del toreo, sin embargo tuve una estimable carrera en los ruedos que se extendió desde diciembre de 1949 hasta diciembre de 1959, cuando inesperadamente tomé la decisión de dejar de torear profesionalmente y emigré a los Estados Unidos con mi esposa y mi hijo para comenzar una nueva vida en el campo de la pedagogía. Aunque la fecha del 31 de mayo de 1955 tiene para mí un lógico significado especial, nunca había estado contando el tiempo transcurrido desde que tomé la alternativa, pues soy algo negligente con respecto a cualquier clase de aniversario. Por lo tanto, no me había dado cuenta de que este año se iba a cumplir medio siglo de ese hito de mi vida, hasta que en abril, al volver a casa de Sevilla, me encontré unas cartas de unas peñas taurinas norteamericanas y unos e-mails de aficionados y amigos dándome la enhorabuena por ese aniversario. Probablemente, esas misivas de felicitación fueron motivadas por el mensaje enviado por Jim Myers al foro MUNDO TAURINO del Internet, en el que él hacía referencia a que este año se cumplía medio centenar de años de mi doctorado.
Ahora bien, esas felicitaciones no explican el porqué medio siglo después de esa efemérides yo estaba otro 31 de mayo abordo de un avión regresando a casa después de haberme envuelto en una aventura taurina relacionada con mi alternativa. Sin embargo, este mensaje del aficionado práctico Jim Verner, que también apareció en el mismo foro cibernético, lo aclara:
FESTIVAL EN HOMENAJE A MARIO CARRIÓN.
Como todos los socios de MundoTaurino sabrán, este año el matador de toros, Mario Carrión, cumple 50 años de alternativa. Mario tuvo una carrera digna de un verdadero profesional del toreo, y coronó sus éxitos en los ruedos de España y Sudamérica con una carrera de profesor en una universidad en los Estados Unidos y luego hizo un magnífico sitio-web con páginas en español y en inglés sobre todos los conceptos y acontecimientos importantes en el mundo de los toros. Yo tuve el gusto de conocer personalmente a Mario cuando el asistió a un festival que hicimos en Castillo de las Guardas hace unos cuatro años, y volvimos a vernos en un tentadero cerca de Sevilla el año pasado, donde Mario demostró que su técnica y arte siguen vivos como en su época de matador de toros. En esa ocasión, Longinos Mendoza, Bruce Hutton, y yo concordábamos en que la fiesta brava necesita más gente de “casta” como Mario. Por lo tanto, cuando supimos que este año se cumplía 50 años de alternativa, decidimos brindarle un festival, y con estos antecedentes, les invito a todos ustedes a que se unan a nosotros para este homenaje.
Longinos ha arreglado que el festival se hará en la plaza Monumental de Reynosa y, para asegurar el éxito artístico, consiguió novillos (de 250 a 270 kg) del Ing. Gerardo Martínez, ganadero que ha enviado novillos de muy buena clase a varios festivales en los últimos meses.
La fecha será el domingo 29 de mayo, y el ganadero ha ofrecido a los participantes una tienta de vaquillas el sábado 28 de mayo en su rancho no muy lejos de Reynosa…
Así que, acompañado por Jim Myers, el viernes 27 de mayo salí del Aeropuerto Baltimore-Washington Internacional rumbo a McAllen, Texas, en donde nos reunimos con el matador Longinos Martínez y los aficionados prácticos Jim Verner y Bruce Hutton, quienes organizaban el festival. Desde allí en coche nos dirigimos a Reynosa, México, en donde pasamos la noche.
Al día siguiente, invitados por el ganadero Gerardo Martínez, criador de los novillos que se lidiarían en el festival, los participantes en el festejo, unos amigos del ganadero y yo pasamos un encantador día de campo en el rancho en donde tiene la ganadería. Antes de la faena de tienta, primero nos deleitamos con una exquisita comida típica ranchera, y luego visitamos las dependencias del rancho y los potreros en donde pastaba el ganado.
En la bella placita de tienta, se tentaron, sin torearlos a pie, dos novillos, cuya bravura para el caballo fue excepcional y ambos fueron aprobados. A continuación se tentaron tres eralas, dos de las cuales mostraron excepcional bravura y nobleza, embistiendo con ese son pastueños y entrega que caracteriza a la cabaña brava mexicana. Los animales no se cansaban de embestir, permitiendo que se lucieran tanto los prácticos que actuarían al día siguiente en el festival, Víctor Campos, Jim Verner y Bruce Hutton como el matador de toros tejano David Renk, quien daba los primeros pases después del grave percance que sufrió toreando un novillo en Texas, y varios aficionados. Incluso yo, a pesar de mis años, me lancé al ruedo y, recordando tiempos ya demasiado lejanos, toreé a gusto a las dos mejores becerras. Dirigió la faena de tienta el novel matador de toros de Monterrey Gerardo, “El Giro”, Rodríguez, quien toreando mostró tener conocimientos y buenas condiciones toreras para destacar en la profesión.
La gentileza y amabilidad del ganadero y de su hijo, Gerardo también de nombre, se hicieron manifiestas durante toda la jornada, pues nos hicieron sentir como en casa. Pasamos un día inolvidable en el que se gozó de buena compañía e interesante charla. Y sobretodo, tuvimos la ocasión de apreciar como los genes bravos del toro asaltillado mexicano están presentes en el ganado que lleva el hierro de los Martínez.
Por fin, el domingo 29 se celebró en la bonita Plaza Monumental de Reynosa el festival que conmemoraba el medio siglo de mi alternativa. A las cinco y media hicieron el paseíllo Alfredo Martínez, novillero local residente en Dallas, los aficionados prácticos estadounidenses Jim Verner y Bruce Hutton y el práctico mexicano Víctor Campos. Iban acompañados por sus cuadrillas y por el matador “El Geno”, quien actuaba de director de lidia, en substitución de Longinos Mendoza, quien había sufrido la fractura de la muñeca izquierda en su actuación en San Antonio, Texas, el mes anterior. El festival estuvo presidido por Fernando Garza y Jim Myers.
Se lidiaron los cinco novillos que habíamos visto el sábado en el rancho de Gerardo Martínez. Dieron buen juego y como sus hermanas en la tienta fueron bravos y manejables. Sobresalió por su nobleza el cuarto.
Actuó primero el maduro novillero Alfredo Martínez. Estuvo valiente y decidido con capote y muleta. La faena estuvo basada en el toreo derechista a un novillo repetidor que quizás hubiera necesitado un puyazo más. Al matar de una estocada caída se llevó la primera oreja de la tarde.
De los tres prácticos, el más veterano Jim Verner fue el triunfador. Se le ve andar con facilidad por el ruedo, probablemente una consecuencia de actuar a menudo. Toreó dos novillos, y en ambos sobresalió con el capote, tanto en las verónicas como en quites variados. La faena de muleta mejor lograda fue la que le ejecutó en su primer novillo, en la que aderezó el toreo esencial de naturales y derechazos con pases de adornos. La labor en el último novillo de la tarde bajó algo de tono en la segunda parte de su faena, pero aun así en ella hubo pasajes estimables. A ambos los mató de una estocada recibiendo. Jim muestra tener facilidad para ejecutar esa difícil suerte. La faena a su primero novillo, la que me había brindado, fue premiada con una oreja, y su hacer con su segundo fue apreciado con aplausos por los asistentes.
Víctor Campos y Bruce Hutton estuvieron voluntariosos y fueron aplaudidos en algunos momentos de sus intervenciones, pero ninguno de los dos pudieron alcanzar el triunfo que buscaban. Ambos tuvieron sus mejores momentos en el toreo de capote y los menos brillantes al manejar las espadas.
Bruce recibió a su buen novillo con unas enjutas verónicas, y luego intervinieron en lucidos quites “El Giro” y Verner. Después de brindarme su actuación, Bruce inició la faena de muleta con unos apretados pases por alto y prosiguió con derechazos. Sin embargo, abrumado por el calor, se sintió mal y tuvo que cortar la faena, retirándose a entrebarrera para recuperarse. Galantemente permitió que “El Giro” prosiguiera la faena que él comenzó. Al igual que la tarde anterior en el tentadero, aprovechando las buenas condiciones del noble animal, dio una lección de buen torear. El diestro mexicano se retiró al callejón bajo una lluvia de aplausos, mientras que Bruce, ya recuperado, volvió a la brecha para rematar al novillo.
En total un festejo entretenido, el que hay que agradecerle a los dedicados a los cuatro aficionados prácticos que sufragaron los

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