13 junio, 2021

LOS GUSTOS CAMBIAN…

Hace algunos años, un buen amigo que actualmente vive en Los Cabos y que le gusta torear, nos encargó a un grupo de personas que le reseñáramos un becerro para lidiarlo en una fiesta privada que se llevaría acabo en el Cortijo “Juan Cañedo”, ubicado dentro de las instalaciones del Hipódromo de Tijuana, propiedad del Ingeniero Jorge Hank.

Hace algunos años, un buen amigo que actualmente vive en Los Cabos y que le gusta torear, nos encargó a un grupo de personas que le reseñáramos un becerro para lidiarlo en una fiesta privada que se llevaría acabo en el Cortijo “Juan Cañedo”, ubicado dentro de las instalaciones del Hipódromo de Tijuana, propiedad del Ingeniero Jorge Hank. Para tales efectos, nos trasladamos a la ganadería de Hernando Limón, a una hora y fracción del centro de la ciudad de Tijuana. Dentro de uno de los proteros, casi escondido en una esquina, estaba un becerro qué según nuestros cálculos y visto a la distancia, llegaba a los doscientos kilos, bajito de manos, fino de pezuña y descolgado. En fin, era un dije el animal. Al verlo más detenidamente, nos dimos cuenta que el “animalito”, más bien estaba más cerca de los doscientos cincuenta kilos. En ese instante consultamos con nuestro “poderdante” en cual nos indicó: “Si les gustó, adelante. Pero recuerden que yo toreo más por el gusto que por otra cosa. Me quiero divertir, no sufrir”.
Dimos nuestra aprobación y llegada la fecha, el animal fue embarcado a cumplir con su destino. Cuando el becerro saltó al ruedo del Cortijo, los “veedores” nos volteamos a ver casi al mismo tiempo: ESE NO ERA EL BECERRO QUE HABIAMOS RESEÑADO. Pero para nuestra sorpresa, a la primera vuelta que dio frente a nosotros vimos claramente que estaba herrado con el número nueve en el costillar. O sea qué, si era el que habíamos escogido. Pero a nuestros ojos, aquellos doscientos cincuenta kilos se habían convertido a poco menos de doscientos. Nuestro amigo estuvo muy bien con el noble animal que afirmó lo que sus hechuras presagiaban: Muy buen estilo. Confirmé por experiencia propia que los toros se ven de una manera en el campo y de otra forma en ruedo de una plaza. Pero todo esto viene a mi memoria por un nuevo clamor en los tendidos de las plazas de mi país y en las voces de quien con su presencia los llenan; de que las figuras del torero españolas, vienen a México matar corridos sin trapío. Claro, buscando una justificación, se culpa al veedor de la figura por escoger encierros con cierto fenotipo; pero no nos hagamos, el veedor sigue indicaciones y anda buscando lo más cómodo para su torero, con la bravura limitada para que embista sin mayor consecuencia. Aparte del apoderado, veedor, empresario y autoridades de plaza, hay otro cómplice en todo esto: La mayoría de la prensa especializada de nuestro país, que durante muchos años, se han mantenido al margen de la presencia de los toros que matan las figuras del toreo. Que quede muy claro, no se trata de matar catedrales o inválidos de seiscientos kilos de cornamentas desproporcionadas; se trata de lidar ni más ni menos, que un toro de lidia con edad y presencia, punto.
Hoy en día, escuchando el clamor de los tendidos, aquel aleado fiel y mudo que había sido la prensa y que había evitado hablar del tema, ahora lo plantea culpando a todos menos a quien debe: La figura del toreo. La figura que vive (y bastante bien) de la fiesta que debe respetar por dignidad a sí mismo. La figura que llega imponiendo condiciones a un país deseoso de verlo torear y triunfar a falta de toreros nacionales que llenen sus expectativas. La figura que debe ser ejemplo para las generaciones que vienen llegando al mundillo de los toros y que ven en ellos a maestros, a íconos. Pero los tendidos están cambiando de gustos y ahora claro, quieren verlos triunfar pero no con cualquier toro. ¿Lo verán mis ojos?.

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