26 octubre, 2021

PRESENCIA DE LA MUJER EN LA FIESTA DE LOS TOROS: DESDE SUS ORIGENES A NUESTROS DIAS. (Capitulo II).

En España, en el siglo XVIII la torera más importante fue Nicolasa Escamilla, “La Pajuelera”, natural de Valdemorillo (en Madrid). Su apodo de “La Pajuelera” se debe al parecer, a que de joven vendía pajuelas de azufre por las calles.

En España, en el siglo XVIII la torera más importante fue Nicolasa Escamilla, “La Pajuelera”, natural de Valdemorillo (en Madrid). Su apodo de “La Pajuelera” se debe al parecer, a que de joven vendía pajuelas de azufre por las calles. El pintor Francisco Goya la vio torear y picar un toro en Zaragoza y le dedicó la lamina 22 de su serie de grabados de “La Tauromaquia” con la leyenda: “Valor varonil de la célebre Pajuelera en la Plaza de Zaragoza”. Hay que decir que fue muy criticada por la sociedad de su época. Por esas fechas en Motril (Granada) se hablaba de Francisca García, una rejoneadora que ejerce como profesional desde 1769 obteniendo éxitos en numerosas plazas de España. Solía torear con capa, rejones y banderillas desde el caballo.
Llegados al siglo XIX fue el Rey José Bonaparte, apodado por el pueblo “Pepe Botella” (por su afición a los licores espirituosos), quién levantó la mano para que las mujeres pudieran torear, sin duda en su afán de ganarse al populacho, y así comenzaron a prodigarse entre 1836 a 1840 los espectáculos taurinos llamados “Las Mojigangas”, en los que participaban sobre todo las mujeres. En realidad los primeros pasos de las mujeres en el mundo del toro tuvieron mucho que ver con “Las Mojigangas”: eran pequeñas farsas puestas en escena en el mismo ruedo con interludio taurino. Hasta Frascuelo y Chiclanero tuvieron sus comienzos en las mojigangas. Estos espectáculos se daban fuera de temporada y los toreros y toreras utilizaban en ellos disfraces e indumentarias raras, y se hacían números casi circenses: 2 picadores montados en un mismo caballo o banderillear desde un cesto. Destacó en este tipo de espectáculos una tal “Martina Gracia”, que fue una especie de Pedro Romero pero en femenino. Toreó esta mujer su última corrida con 66 años. Al parecer era muy habilidosa en el ruedo. Toreó como matadora desde 1838, y llevaba su propia cuadrilla. Cobraba 14 duros por torear y era intrépida y serena ante los toros.
En la segunda mitad del siglo XIX hay varias figuras toreras interesantes como el caso de Dolores Sánchez “La Fragosa”, sevillana de Guillena. Comenzó a torear en serio en 1866, desde el principio dejó la falda y utilizaba la taleguilla. Llevaba una cuadrilla formada por hombres. Actuó en las plazas más importantes de Andalucía. En Madrid toreo en 1886 un 21 de junio, junto a “La Espartera” y al parecer ambas terminaron lesionadas. La crítica de su época era de un machismo recalcitrante. Lo cierto es que “La Fragosa” ganó toreando en los ruedos el suficiente dinero para vivir tranquilamente el resto de su vida después de retirarse.
Por esos años actuaba en los ruedos la también famosa Carmen Lucena “La Garbancera” con fama de muy valiente y rival encarnizada de una torera natural de Bélgica llamada Eugenia Baltés “La Belgicana”. Gustavo Doré inmortalizó con un retrato a la torera andaluza Teresa Bolsi, que llevaba una cuadrilla formada por mujeres. Fue contemporánea de “La Mazzantini” y de “La Frascuela” (su nombre era Laura López Cívico).
A finales de siglo, año 1894, aparecen unas toreras que tuvieron un gran impacto: “Las Noyas” o sea “Las señoritas toreras Catalanas” que tuvieron un rotundo éxito en su carrera basado en dos pilares fundamentales: su buen hacer torero y el acertado lanzamiento que les hizo su apoderado, el periodista y empresario catalán Mariano Armengol, apodado “El Verduguillo”. El mismo era quien entrenaba a las muchachas que no sobrepasaban los 14 años, y logró formarlas bien, con técnica y profesionalidad, para que no hicieran nunca el ridículo. Debutaron en Barcelona en 1895 un 10 de marzo, en una plaza llena a rebosar, y lograron un extraordinario éxito. Ese año torearon al menos en 15 plazas de capitales importantes de España y lograron una gran fama. Las matadoras o figuras del grupo eran: Dolores Pretel “Lolita” y Angela Pagés “Angelita”. Las banderilleras eran: Encarnación Simó, Julia Carrasco, Isabel Jerro, María Pagés y María Mambea. Toreaban erales y utreros. Lolita y Angelita fueron dos toreras inteligentes, con técnica y valor que dominaban todas las suertes. Torearon 45 corridas en 1895 y 50 en 1896 en plazas completamente llenas siempre. En 1895 debutaron en Sevilla, un 9 de septiembre. Tenían 68 corridas firmadas en 1897 e hicieron campaña en América y Filipinas. Estuvieron toreando hasta 1902 que se separaron en dos grupos: Lolita con Herrerita y Angelita con Pepita, organizadas con sus respectivas cuadrillas. Incluso Lolita se pasó al rejoneo y se casó con el torero valenciano Eduardo Serrano “Gordat”. La prohibición del ministro de la Gobernación, Juan de La Cierva en 1908, durante el mandato de Antonio Maura, retiró a Las Noyas de la circulación. Tras el éxito de Las Noyas surgieron algunas de segunda fila como Herrerita, Rosita Salesas “La Sorianita” y Pepita Mola.
De esta época es la famosa María Salomé, “La Reverte”, a la que también quitó de la circulación la misma prohibición gubernamental. La historia de esta torera está envuelta en la leyenda y la controversia. Su nombre de pila era al parecer María Salomé Tripiona, nacida en el pueblo almeriense de Senés, aunque desde muy pequeña se traslado con su familia a una cortijada en Las Navas de Tolosa, (Jaén). Aun siendo mujer, desde muy joven tuvo maneras varoniles que le valieron el apodo de “la marimacho”. Se sintió atraída por el oficio de torera y comenzó a torear con éxito. Alternó con toreras como “La Guerrita”, “La Malagueña” y triunfó en Madrid el 11 de noviembre de 1900 donde mató un utrero. Siempre vestía traje de luces con taleguilla como los hombres, incluso vestía como un hombre fuera de la plaza.
Tuvo mucho cartel como novillera en los primeros años del siglo XX y llegó a alternar en los carteles con novilleros como “Lagartijo” y “Machaquito”, pero su carrera como las de las demás mujeres toreras, se truncó el 2 de julio de 1908 con la prohibición del ministro de La Cierva. Tras 35 años de inactividad y con la llegada de la República reaparece en Madrid con sesenta años de edad y fuera de forma, reaparición que trajo una gran expectación y que fue un auténtico fracaso. Se retiró de los ruedos y acabó sus días como guarda de un coto minero en Vílchez, (Jaén), donde al perecer respondía al nombre de Agustín Rodríguez. “La Reverte” ocupa un lugar en la Tauromaquia a pesar de su mediocridad como torera, más por haber jugado bien ese papel de “ambigüedad sexual” que por su arte y profesionalidad.

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