18 septiembre, 2021

CARLOS CRIVILL DESDE SEVILLA.

A propósito de la cornada sufrida por José Tomás en Aguascalientes se han producido algunas reacciones que no me han parecido afortunadas. Es una barbaridad que andemos poniendo en cuarentena los medios sanitarios de la enfermería, tanto como que un torero mexicano, Armillita, diga esa barbaridad de que en España se nos murió Paquirri.

A propósito de la cornada sufrida por José Tomás en Aguascalientes se han producido algunas reacciones que no me han parecido afortunadas. Es una barbaridad que andemos poniendo en cuarentena los medios sanitarios de la enfermería, tanto como que un torero mexicano, Armillita, diga esa barbaridad de que en España se nos murió Paquirri. Es una sucesión de estupideces, muy propia por otra parte de dos circunstancias en las que nos hallamos inmersos. De un lado, la propia incultura del mundo de los toros. De otro, la voracidad informativa actual en todos los órdenes que también ha llegado al toreo.
La enfermería de Aguascalientes, según he podido indagar estaba bien dotada, al menos como una enfermería normal de muchas plazas del mundo. No nos engañemos, una enfermería debe estar preparada para asistir heridas por asta de toro normales, pero hay otras, como las que afectan a cabeza, cavidad torácica y las que lesionan los grandes vasos, que sólo pueden tratarse en primera instancia en las enfermerías, para luego evacuar a los heridos a centros hospitalarios bien equipados. Lo hemos comprobado en las mejores enfermerías y con médicos bien formados. En la enfermería, ante heridas de gran calado, hay que estabilizar a los pacientes y llevarlos luego al hospital. Se ha hecho en Madrid, en Sevilla y en todas partes. José Tomás encontró una enfermería normal, un equipo médico formidable que lo estabilizó y tuvo el acierto de trasladarlo a un centro hospitalario. Si hubo nervios, es algo comprensible. El sentido profesional de estos cirujanos ha sido la clave para salvar a José Tomás. No vale hablar de Paquirri, cogido hace más de veinticinco años en un pueblo a muchos kilómetros de Córdoba. Por tanto, una enfermería normal, una cornada tremenda y un equipo médico experto. Hablar de otras cosas son ganas de enredar, de hablar sin saber lo ocurrido y de darle un tinte amarillento al asunto.
Lo del tinte amarillento es lo que viene después. En los momentos inmediatos a la cornada había un nerviosismo lógico en todos los que estaban cerca del torero, incluyendo, cosa lógica, a su padre. Se han dicho cosas que no se han pensado dos veces. Lo que no se debe es anteponer como asunto prioritario las supuestas deficiencias de una enfermería o de un sistema sanitario, precisamente cuando todos sabemos que ese sistema sanitario ha salvado la vida de José Tomás. No quiero ni pensar lo que hubiera ocurrido si la cornada ocurre en alguna plaza de la geografía española, donde sí hay enfermerías del tercer mundo y los cirujanos no tienen experiencia en cornadas por asta de toros. Algunas informaciones que han hecho mucho hincapié, de manera sensacionalista, en las carencias de la enfermería han dado lugar a declaraciones como las de Armillita respecto a Paquirri. Es una sucesión de despropósitos. El mismo equipo de Tomás, con su médico y Boix, han dejado muy claro la competencia de los facultativos, que acertaron al llevárselo al hospital en el momento preciso. Ese detalle es el que hay que contar, pero como vivimos en un momento de competencia irracional entre los medios, como resulta que el toreo está en cuarentena y hay que publicar a toda pastilla todo lo sea llamativo, se habla de lo mal que estaba la enfermería en lugar de publicar la foto de los cirujanos, los verdaderos héroes de esta historia.
Otro tema es cómo gestionan estos asuntos matadores que llevan un equipo enorme de personas y que ganan millonadas y no se preocupan de comprobar cómo están las enfermerías.
Aquí todos se han apuntado a salir a decir algo, lo que sea, porque hay que salir en los medios, aunque haya muchos kilómetros de distancia entre España y Aguascalientes. Es la vanidad que no cesa. ¿Tiempo para torear? Pues ya se verá. Depende de tantos factores que hacer pronósticos son ganas de decir tonterías. Lo que debe congratularnos es que la persona se ha salvado, que el torero puede que toree de nuevo y lo demás son ganas de enredar para poner titulares escandalosos o salir en los medios como autoridad en el tema.

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