17 septiembre, 2021

MEDITANDO SOBRE LA FERIA DE ABRIL DE SEVILLA DEL 2010.

“EL JULI” Y MANZANARES RELUMBRARON.
Después de los toreros ya haber calentado motores en las tempranas ferias de Vistalaegre de Madrid, Olivenza, Castellón y Arles, Sevilla y Madrid son los lugares ideales durante sus ferias primaverales para ver lo que los diestros vanguardistas y aspirantes a serlo tienen que ofrecer al aficionado en la naciente temporada europea.

“EL JULI” Y MANZANARES RELUMBRARON.
Después de los toreros ya haber calentado motores en las tempranas ferias de Vistalaegre de Madrid, Olivenza, Castellón y Arles, Sevilla y Madrid son los lugares ideales durante sus ferias primaverales para ver lo que los diestros vanguardistas y aspirantes a serlo tienen que ofrecer al aficionado en la naciente temporada europea. En Sevilla en la Maestranza se espera que los toreros se entreguen y den sin remilgos todo lo mejor que tengan en su arsenal torero. Los buenos resultados para los que están en la pura cima se reflejan casi exclusivamente en su ego e historial taurino, para otros significa la reivindicación de su valía, y para los más los triunfos en ese ruedo maestrante son determinantes para la trayectoria que puedan seguir durante el resto de la temporada. Esta es una de las razones por la que anualmente durante la feria ocupo un incomodo asiento en un tendido de la majestuosa Maestranza, y ahora unos días después de esa gran experiencia cómodamente en casa rememoro y transcribo algunos de los recuerdos de esa experiencia taurina.
Los cartele.
La tradicional corrida de toros del Domingo de Resurrección, que abre la temporada taurina en la Plaza de Toros de la Maestranza, no es parte integral del ciclo ferial, pero para los efectos es parte de esa feria y en ella generalmente actúan tres de los diestros triunfadores en las ferias pasadas y que también son bases del programa taurino de la feria.
El ciclo de la Feria de Abril de Sevilla estuvo compuesto por quince corridas de toros, dos de rejones y una novillada que se dieron entre el 9 y 25 de abril. Cinco matadores fueron la fundación de los carteles de la feria, incluyendo el Domingo de Resurrección: “Morante de la Puebla”, Manzanares, Miguel Ángel Perera, “El Cid” y Daniel Luque que actuaron en tres corridas y también “El Juli”, Sebastián Castella, Alejandro Talavante que lidiaron dos corridas y Enrique Ponce que solo hizo el paseíllo una tarde. De interés especial era la presentación en la Maestranza como matador de toros de Cayetano y del diestro mexicano Arturo Macías, y la vuelta de Rubén Pinar después del éxito en la corrida da de del Día de la Raza del pasado año. También, debutaban en la Maestranza como matadores, Diego Urdiales, Iván Fandiño, Miguel Tendero y Miguel Ángel Delgado.
En el capítulo ganadero en las corridas de toros se lidiaron tres encierros de las clásicas ganaderías clasificadas como duras, Miura, Palha y Victorino Martín, más tres de hierros que generalmente las figuras evitan, Conde la Maza, José Luis Pereda y “El Torreón”. En el resto de los festejos se corrieron toros de los hierros comerciales, la mayoría con encastes Domecq.
El principio: la clásica corrida del Domingo de Resurrección en la Maestranza.
El Domingo de Resurrección en la Maestranza se abrió la temporada taurina con una corrida con un cartel de lujo. Compuesto por el artista sevillano “Morante de la Puebla”, el elegante alicantino José María Manzanares y el gran maestro pacense Miguel Ángel Perera, lidiando un endeble encierro de Daniel Ruiz.
Nada más salir el primer ejemplar, Morante le plasmó unas lentas verónicas, las que no pudo rematar debidamente, por el inválido animal derrumbarse a sus pies. La fuerte y merecida protesta obligó al presidente a retirar al enclenque ejemplar. Aunque permanecieron en el ruedo, el primero bis, el segundo y el tercero no superaron mucho en potencia bovina al desechado hermano. Con tal material ninguno de los tres maestros tuvo opciones para hacer labores que en conjunto merezcan reportarse. Solo algunos detalles toreros y la decisión para agradar pueden apuntárseles a los espadas.
El aburrimiento y algo de desilusión comenzaba a sentirse en los tendidos, pero entonces salió el cuarto astado, que aunque no era un dechado de fortaleza, tuvo la suficiente energía para mantenerse en pie y permitir que Morante tuviera la ocasión, no solamente para crear ese arte que siempre lo catalogamos como divino y con otros altisonantes adjetivos que denotan calidad creadora, sino también para mostrar una técnica y una decisión que forman últimamente partes del bagaje taurino de este arista. Era un gusto ver como le daba sitio al animal, para poco a poco, buscándole las cosquillas, meterlo en la muleta, dándole sutiles toques, para luego correrle la mano y llevar al toro más largo que ese vago animal quería. No hay que añadir que el temple, la hondura y la alegría de su hacer estuvieron presentes, pero eso es lo natural en el de la Puebla. Una estocada desprendida le evitó que se le otorgara una segunda oreja que el público pedía, después que se le concediera la primera. Buen preludio de su feria.
Manzanares, el torero que Sevilla ha adoptado, no se quiso quedar atrás, y con el noble quinto, pero también falto de transmisión, hizo que olvidásemos la sosería de animal, al ejecutarle, con empaque y elegancia, dos series de naturales y otras tantas de derechazos, más unos bellos trincherazos. Si hubo un pero es que de tanto ajustarse en los remates, salió acuchado en varías ocasiones. Dando el pecho y suavemente adelantando la pierna y bajando la muleta hizo la suerte del volapié como mandan los cánones. Una oreja fue suya, pero no la segunda que se pedía, pues justamente el presidente consideró que a la faena le faltó rotundez y que la espada cayó algo desprendida. O sea, que con el cuarto y el quinto toro, tanto el de la Puebla como el de Alicante salvaron una tarde que cinco de los toros de Ruiz con su endebles quisieron obscurecer, y que un sexto con su mansedumbre no permitió que Perera se uniera en triunfo a sus compañeros.
De Perera, no obstante, puede decirse que buscó el lucimiento con firmeza y decisión. De su hacer queda recuerdo de un gran quite por gaoneras que motivó una fuerte ovación.
La novillada y las dos corridas de rejones.
Raramente en un festejo hay que resaltar al ganadero más que a los toreros, pero este fue en el caso en la novillada de feria, en la cual el maestro “Espartaco” envió un encierro del cual al menos tres novillos deberían haber sido arrastrados faltándoles alguna oreja. Fue notable la bravura y la nobleza del cuarto utrero que le tocó en suerte a Luís Miguel Casares. El joven torero le pegó docenas de pases sin ton ni son a un noble animal que no se cansaba de embestir como si fuera un carretón hasta segundos antes de ser arrastrado. Tampoco Esaú Fernández aprovechó el buen tercer novillo, aunque mejoró su actuación con el más problemático sexto novillo. En cambio, se libró de la quema Cristian Escribano, dando pruebas de sus buenas formas toreando al segundo novillo. Ejecutó buenas series de pases con ambas manos, toreando con sentimiento, clase y temple, y ya tenía un trofeo en sus manos cuando una estocada baja hizo que el premio se redujera a una vuelta al ruedo tras una petición minoritaria. Con el quinto, un novillo con dificultades, estuvo voluntarioso, y de nuevo dio algunas muestras de su saber hacer, pero otra vez no estuvo fino con la espada, oyendo dos avisos. Fue ovacionado.
En la primera corrida de rejones, con un encierro descastado de Fermín Bohórquez, el triunfador del festejo fue Diego Ventura, al desorejar por partida doble a sus toros y salir a hombros por la Puerta del Príncipe. Su labor más completa la logró con el segundo toro de la tarde, poniendo de su parte la alegría que lel faltaba al cornúpeta. Conjugó el clásico toreo a caballo con los arriesgados adornos que forman parte de su más exhibicionista expresión del arte del rejoneo, como el ‘mordisco’ del caballo al toro y el teléfono. Sus compañeros Pablo Hermoso de Mendoza y Fermín Bohórquez hubieran podido obtener algún trofeo, pero ninguno acertó a la primera con los rejones de muerte.
En la corrida matinal de rejones del domingo 25 hubo un claro triunfador, su nombre es Leonardo Hernández. Desorejó por partida doble a un astado de Murube que terminó por rajarse, y al que el caballero, haciendo gala de la magistral doma de sus caballos, lo exprimió hasta liquidarlo de un rejonazo. También Andy Cartagena obtuvo un trofeo y Joao Moura hijo dio una vuelta al ruedo tras una petición de oreja después de que lograra componer una muy clásica y sólida actuación.
Los tres diestros del cartel del Domingo de Resurrección en las corridas de feria Los tres diestros que inauguraron el abono actuaron en dos corridas más del programa de feria.
José María Manzanares ha sido uno de los dos grandes triunfadores de la feria, el otro fue “El Juli”. Este joven alicantino, después del apéndice obtenido el Domingo de Resurrección, en sus dos actuaciones en las corridas de los días 18 y 20 de abril cortó tres orejas más, que pudieran haber sido cinco, si la espada, de la que es un as, no le hubiera fallado en un momento crucial. Si la actuación de José Mari fue buena en la tarde del Domingo de Resurrección, muy superior fue la que tuvo en su primera corrida de feria, y sensacional la de dos días después cuando con una oreja en la mano dijo “hasta septiembre” a la afición. En la corrida del 18 lidió dos toros de “El Pilar”, manejable el tercero y noble y encastado el sexto. A ambos los lidió con tal brillantez que faltan términos laudatorios taurinos para ensalzar lo que se vio. Conformémonos con usar palabras como torería, empaque, prestancia, elegancia, gusto, ligazón, mando, firmeza, conocimiento, temple, lentitud o ajuste para referirnos a las dos faenas que cuajó el alicantino. Ahora bien, por pinchar antes de cobrar la estocada, perdió un apéndice de su primero, y por pinchar una vez a su segundo, el presidente le negó la segunda oreja después de concederle una. Lástima, la Puerta del Príncipe se le quedó cerrada. En su última tarde, encelando a un flojo y descastado astado de “Torrealta”, consiguió obtener otro trofeo, que fue el premio a una faena que fue de menos a más, pero que esta vez la consumó hundiendo la espada hasta la empuñadura. Pero fue con el peligroso quinto cuando Manzanares mostró a Sevilla una faceta de su toreo, la de ser un valiente e inteligente lidiador, al completar una muy meritoria faena a un animal que estaba más interesado en sus carnes que en los vuelos del capote o la muleta. A pesar de estar con ese toro en plan de guerrillero, tuvo tiempo para, después de meterlo en el canasto, embellecer su lidia con toreo del bueno. A pesar de cobrar una buena estocada el toro tardó en doblar, y ya en suelo hirió en la cara al banderillero Luis Blázquez, al este intentar dar la puntilla. Estas demoras influyeron para que el espada paseara solamente una oreja. Que importa, si ya con esa inteligente faena el elegante artista se ha ganado en Sevilla el título de ‘consumado valiente lidiador’.
Morante pisó de nuevo el ruedo maestrante las tardes del 17 y del 19. La primera tarde se enfrentó con dos problemáticos toros cinqueños del manso y complicado encierro de Gavira. Con su primero no se complicó la vida y sin más abrevio, y con el segundo estuvo algo más voluntarioso, sacándole algunos buenos pases, y al matar a ambos fue silenciado. En su última apariencia en la feria, el diestro de la Puebla no lidió ningún toro de su lote del descastado encierro de “Jandilla”, ya que ambos fueron devueltos al corral. El segundo de la tarde por partirse un pitón, y el quinto por falta de presencia y fuerzas. Los sobreros eran dos regalos, uno tan apagado y soso que hizo el lucimiento una quimera. En cambio, el maestro se lució con unas inspiradas verónicas, y con la muleta le arrancó al rezagado animal algunos pases sueltos con su depurado estilo, pero en conjunto no hubo manera de calentar el ambiente, y su hacer fue silenciado. Se le iba la tarde, cuando el segundo sobrero, con el hierro de Javier Molina, manso y con muchas dificultades, saltó al ruedo, se pensaba que Morante, con plena justificación, le espantaría las moscas y diría “hasta septiembre paisanos”. No fue así, pues el artista mostró su menos evidente faceta de valiente lidiador, y pelándose con el áspero bicho, se las avió para hacerle una faena en la que se mezclaron bellas series de derechazos y naturales con pases forzados, y algún que otro enganchón, cuando el animal le buscaba para herirlo. No faltaron los toques artísticos de unos pases de la firma y otros de adornos. Lástima que un pinchazo hondo del que toro dobló, impidió que el presidente justamente no le concediera la oreja que el público pedía. El torero disgustado no quiso dar una de esas vueltas al ruedo que hubiera tenido tanto valor como un apéndice. La ovación para el espada al retirarse al callejón y al abandonar la plaza fue muy sonora. A pesar que el de la Puebla solamente ha cortado un trofeo en tres corridas, Sevilla sigue enamorada de su torero.
Perera toreó en los festejos de los días 16 y 23 y, al igual que su actuación en la corrida que abrió el abono, tampoco halló el triunfo en esas dos presentaciones. En la tarde del 16, en la que “El Juli” abrió la Puerta del Príncipe, lidió dos toros manejables, pero de poca transmisión, de “El Ventorrillo”, y estuvo fácil con ellos, aunque toreando sin ajustarse en demasía y sin acoplarse a ninguno de los dos. Fue silenciado al rematar a sus toros, Esto desilusionó a los espectadores que esperaban del extremeño una mayor entrega como respuesta al triunfo del madrileño. En su despedida de la feria, en el mano a mano con Luque, el resultado fue aun más negativo, pues no halló respuestas para resolver los problemas que le presentaron sus tres astados del descastado encierro de “Fuente Ymbro”. El público juzgó al extremeño con silencio, ovación y pitos, respectivamente, al retirarse este al burladero después de matar a sus tres toros, y también despidió al maestro con protestas. Es difícil de definir como fue el paso por Sevilla de Perera, pues a esta gran figura, quien se caracteriza por ser un encastado y ambicioso torero, se le ha visto con un conformismo y una falta de recursos que no son comunes en él. Ha dado la impresión de que algunos de sus toros tenían algo bueno dentro, que él no se los sacó antes de terminar con ellos. Esto habrá sido un bache temporal del que Perera pronto saldrá.
“El Cid” y Daniel Luque también estuvieron presentes en tres corridas de feria Los sevillanos “El Cid” y Daniel Luque han sido los únicos espadas que, sin formar parte del cartel estrella del Domingo de Resurrección, han actuado tres tardes en el programa ferial. Ninguno de los dos ha reverdecido sus laureles en esta primera feria sevillana de la década, el de Salteras, por segundo año, no pudo recuperar el privilegio de ser considerado como ‘torero de Sevilla’, y el de Gines sin ser capaz de reafirmar con otros triunfos los que tuvo en la Maestranza la pasada temporada.
“El Cid” actuó en los festejos de los días 15, 18 y 21. En la corrida del 15, otra vez más en Sevilla se enfrentó con los ‘victorinos’. Ahora bien, el encierro tuvo tantas dificultades que ni él, a quien se considera ser especialista de este ganado, ni Antonio Ferrera ni César Jiménez dieron motivos para que se les aplaudiera con mucha fuerza por lo que hacían en el ruedo, excepto por los espectaculares tercios de banderillas que ejecutó Ferrera, especialmente en el cuarto toro. “El Cid”, atípicamente, después de dar unos pases de tanteo, cortó por lo sano y abrevió su hacer, disgustando a la parroquia que le pitó al completar sus intervenciones y al dejar la plaza. En segunda presentación el domingo 18, los resultados no fueron mejores al lidiar un manejable y soso lote del encierro de “El Pilar”. También abandonó la plaza oyendo muestras de descontento de esos espectadores que con tanto calor lo habían despedido en tantas ocasiones. Y llegó la tarde del adiós a la feria, cuando hubo un conato de reconciliación con sus paisanos. En esa corrida se corrieron complicados toros del “Puerto de San Lorenzo” y “Ventana del Puerto” y el de Salteras compartió cartel con Ponce. A “El Cid” se le iba la feria, pues en el segundo toro tampoco estuvo a la altura de las circunstancias, pero entonces salió el quinto, el único toro potable del encierro, y con ese animal se vio un torero con más entusiasmo y recursos dispuesto a recuperar el terreno perdido. Brindó la faena a su padre que se hallaba en el callejón. El toro tenía casta y movilidad y había que poderle, y con ánimo, valentía y dominio el hombre le pudo al animal. La faena se compuso de algunas buenas series con ambas manos, pero no la redondeó, pues hubieron baches durante los cuales el temple estuvo ausente en el hacer. Mató de un estoconazo caído de efecto fulminante, y el público con obvio afecto pidió la oreja que el presidente denegó. En una vuelta al ruedo emotiva el torero sonriente disfrutó con el aplauso cariñoso de un público que en las dos tardes anteriores le había pitado.
Daniel Luque venia a Sevilla en plan de figura, a tres corridas selectas y traía el bagaje de su falta de éxito en su encerrona en las Ventas el Domingo de Resurrección. Actuó en las corridas de los días 17, 20 y 23. El joven diestro de Gerena tuvo pocas opciones en la primera y segunda tarde de recuperar el sitio que había perdido en Madrid pues, ni los dos mansos y sosos toros de Gavira ni su descastado y endeble lote del encierro de “Torrealta” le dieron opciones y él tampoco las buscó con determinación. Su falta de éxito la segunda tarde fue más obvio pues “El Juli” y José María Manzanares bordaron el toreo y cada uno cortó dos apéndices. Le quedaba para desquitarse el brillar en el mano a mano con Perera, pero no sucedió así pues, tanto él como el extremeño decepcionaron esa tarde. No es la falta de obtener trofeos lo que ha sorprendido de Daniel, sino más bien el habérsele visto actuar sin la pasión, la determinación, ni los recursos para buscar el triunfo, cualidades que

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