23 septiembre, 2021

UNA TARDE DE TOROS, DOS PLAZAS DISTINTAS.

Es difícil imaginar que dos festejos de la misma fiesta–de los toros- puedan llegar a ser tan distintos en tonalidades, pero sin temor a equivocarme puedo afirmar que hay dos fiestas: La de aquí y la de allá. La de México y la de Europa.

Es difícil imaginar que dos festejos de la misma fiesta–de los toros- puedan llegar a ser tan distintos en tonalidades, pero sin temor a equivocarme puedo afirmar que hay dos fiestas: La de aquí y la de allá. La de México y la de Europa. No cabe la comparación de cual es mejor, pues es igual de redundante que responder a la pregunta: ¿Cuál es el mejor vino? En ambos la respuesta es EL QUE TE GUSTA. Esto nos lleva al dicho “Donde quiera que fueres, haz lo que vieres”; y si no, basta ver las actitudes de los grandes matadores de toros cuando torean aquí o allá, sea cual sea su nacionalidad, para darnos cuenta que no cesan en su afán de agradar a quien pobla los tendidos de los cosos en que se presentan. Claro, el reciente debate de la presencia de las toros en algunas plazas del país está en boca de muchos aficionados qué, en honor a la verdad, tienen mucha razón en sus comentarios.
Hay abusos, y quien paga su boleto y mantiene la fiesta ya no está dispuesta a que se le de “gato por liebre”. No podemos olvidar que por genotipo, el encaste más prolífero en México, el de Saltillo, no tiene la caja para cargar muchos kilos y sin llegar a ser pobres de cabeza, tampoco son delanteros y astifinos es su mayoría. Es un toro bajo de manos, fino de pezuña, de rabo frondoso y bien cortado; y con la virtud de embestir con mucha clase y en múltiples ocasiones. En nuestros cosos, los toros van una vez al caballo en la mayoría de los casos pero reciben más castigo por la dimensión la puya mexicana y el mal instituido “multipuyazo”, que los toros lidiados en España, donde la puya reglamentaria es de dimensiones inferiores a la nuestra. Allá los toros embisten de largo y tienen mucha velocidad en su son, y el torero se tiene que quedar muy quieto para realizar las suertes del toreo. Aquí es más común ver que el toro embiste a distancias cortas y a paso lento, provocando que el torero trague por más tiempo para poder consumar el lance o el pase. En Europa el anunciar un cartel de Miuras o Victorinos hace que las personas asistan a las corridas. En México nos motiva la posibilidad de ver la gran faena del buen torero. En España las agrupaciones taurinas apoyan sobre todo a los chavales que se inician cómo toreros con avíos, erales, vacas y hasta veces con billetes constantes y sonantes. En México muy pocas lo hacen. En Europa, se habla de la industria del toro. Se diseñan estrategias de mercadeo cruzadas entre distintas empresas para darle toros a quien demuestra cualidades para ser torero, pues están concientes que todas ellas saldrán beneficiadas de sus triunfos. En México eso no existe; la empresa que representa el máximo coso de nuestro país se la pasa buscándole pleitos a la que da más corridas en México, y cada quien defiende su “casa” a capa y espada. Y quizás esta atenuante es la que más distingue a nuestra fiesta de la Europea. Esa falta de unión, esa falta de comunicación y de estrategia mancomunada. Esa falta del más elemental plan para lograr que la fiesta en nuestro país prolifere. En lo que si coinciden ambas fiestas, es en su enorme hermosura y derroche de arte. Y eso amigos, es lo que provoca que las pasiones se desborden y que con articular tres letras, todos los países en donde hay toros se vuelvan un solo: OLE!!!.

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