MADRID DECIMA DE LA FERIA DE SAN ISIDRO JULI Y CASTELLA EN GRANDE.

El día central de la feria, San Isidro Labrador, y corrida de máximo interés. Dos figuras, duelo de triunfadores, y un encierro que se vino a menos.
MONUMENTAL DE LAS VENTAS DECIMA DE LA FERIA DE SAN ISIDRO. MADRID 15 DE MAYO, DIA CENTRAL, SAN ISIDRO PATRONO DE MADRID, TARDE APACIBLE, ENTRADA LLENO, CARTEL DE “NO HAY BILLETES”.
6 toros de la ganadería de Domingo Hernández y Garcigrande, bien presentados, de desigual juego, descastados, terminaron por apagarse, fueron de más a menos, el de mejor son el primero.
JULIÁN LÓPEZ, “EL JULI”, de burdeos y oro, saludos desde el tercio tras aviso y silencio.- SEBASTIÁN CASTELLA de fucsia y oro, saludos desde el tercio tras aviso y silencio.
DANIEL LUQUE de verde mar y oro, silencio y silencio.
“EL JULI” que llega a Madrid en un excelente momento y con el sonoro triunfo de Sevilla, deja patente en el albero de Las Ventas su mando, poder y técnica. Comenzó con la presión de un reducido sector que se manifestó en su contra, el madrileño con madurez y sapiencia se superó y acalló a los agoreros; cuidó mucho a su oponente, lo llevó templado y largo, dándole sosiego y el morlaco rompió , ganando la partida y demostrando que en el ruedo hay un torero poderoso e inteligente para sacar y dejar ver las mejores condiciones del toro; series de derecha templadísimas dejando la muleta para hilvanar, bajándole la mano con una firmeza propias de maestro; por el izquierdo no fue posible, el de Garcigrande no tenía un pase y se defendía; Julián iba por los trofeos, se adornó con remates de lujo, pero todo se fue al limbo al no estar certero con la espada. Con el cuarto, de muy diferente condición – no rompió a pesar de mimarlo -, se paró, siempre con la cara arriba, distraído y suelto; el de Velilla lo intentó, pero el toro no permitía ni lucimiento.
CASTELLA con su primero, un ejemplar que de salida mostró mansedumbre, se defendía y se lo puso difícil al francés; Sebastián mostró su entrega y valentía para, metiéndose en los pitones, con firmeza y sin dudarle, sacarle muletazos sueltos arriesgando lo indecible; de no fallar con los aceros habría tocado pelo. Con el quinto, un mulo, parado y defendiéndose, el diestro insistió en muletazos sueltos, alargando una faena imposible.
LUQUE, prometía mucho, pero se quedó en eso, que temporada lleva para desastrosa y por momentos sin sitio y con excesivas preocupaciones; su primero les fue a zaga a sus hermanos de camada y se defendió. El sexto, un manso de solemnidad, que no fue al caballo, terminó por ir en el último tercio y Luque cómo si no fuera con él, se diluyó en una faena sosona, sin contenido y deslucida.

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